Capítulo 26
En la oscuridad eres mía.
Bear
Todo parece estar en orden.
El señor Poe sale de su escondite para pasearse por mis pies y lo levanto del suelo para acariciarlo.
—Buen chico. ¿La has cuidado bien?
El gato maúlla y lo dejo en el suelo antes de irse a su escondite de nuevo. Compruebo que Lilith esté dormida y me encamino hasta la habitación de Rose. Escucho sus ronquidos y rio para mis adentros.
Ella ronca como un maldito chico borracho.
Anton y Konstantin hicieron un buen trabajo en dejarlas en casa antes de que las cosas se volvieran locas en mi club.
De ninguna jodida manera volverá a poner los pies en otro club con ese maldito vestido. Lo veo en el suelo y saco mi cuchilla de mi bolsillo trasero para arrancar cada uno de los tirantes. Cojo uno del suelo y me acerco a la cama donde Rose duerme.
Quito la sabana y me deleito mirándola desnuda. Mis ojos van hacia su coño completamente depilado y se me hace agua la boca.
Sin tiempo que perder, le agarro las manos y uso uno de los tirantes del vestido y sujeto ambas muñecas por encima de su cabeza.
Ella se queja, pero no abre los ojos. De ninguna manera se quedará sin su castigo por lo de esta noche, y no me refiero al club, sino de provocarme mientras estoy trabajando.
Ya pronto despertará.
Me coloco sobre ella y le abro las piernas, su coño sigue húmedo, me pregunto si está soñando conmigo.
Mi cabeza se pierde entre sus piernas y ataco con la primera lamida cuando ella se estremece y gime en respuesta.
Continúo lamiendo lo que es mío y no me detengo hasta que ella abre los ojos y comienza a mover sus brazos y alzar sus caderas.
—¿Bear? Oh, dios.
—Ambos, cariño—continúo explorando y meto un dedo, luego dos y ella se revuelve debajo de mí. No me detengo, hago que se corra una y otra vez hasta que pide clemencia.
—¿No querías que me fuera a la mierda, cariño? Prefiero estar acá.
Me rio en su coño y doy una última lamida antes de llegar hasta su rostro, tiene lágrimas en su rostro y el maquillaje corrido. Se ve malditamente hermosa y satisfecha.
—Mía—la beso en la boca y al mismo tiempo me desabrocho los pantalones y libero mi polla para guiarla hasta su entrada. Con un solo movimiento la penetro y ella grita de placer.
Le tapo la boca con la mía y bombeo fuerte y rápido hasta que no le quede una maldita duda de que ella es mía.
Dios, mi polla la echaba de menos, y yo también.
—Eso es, florecilla. Apriétame con ese coño que llora siempre por mí. ¿Me habías extrañado? Porque mi polla lo ha hecho.
—Bear…
—Sí, cariño. Soy yo. Sé que me echabas de menos.
Asiente y me besa al mismo tiempo en que me corro dentro de ella.