Capítulo 25
Mi futuro no depende de mí.
Dos semanas después.
Sé que me acecha en la oscuridad.
Pude sentirlo en el concierto de anoche. Tuve que sentarme frente a esas personas otra vez. Hice mi mayor esfuerzo, todos aplaudieron al final y de nuevo, sus invitaciones y flores no faltaron. Pero no lo siento como antes. Quise probarme algo y fue el resultado esperado.
Mientras tanto, le cuento todo a Lilith quien ha llorado y se ha reído también al mismo tiempo. Tenía que decírselo a alguien y en la única persona que confío es en ella y el señor Poe, quien está en mi regazo roncando.
—No puedo creerlo, Rose—sorbe por la nariz—Ese hombre te ama.
Pongo los ojos en blanco.
—¿Por qué sabía que dirías eso?
—No apruebo su forma de conquistarte, pero sí la de protegerte. Te dejó libre. Eso prueba lo mucho que quiere que no lo odies.
Aunque me haya dejado libre no puedo odiarlo. Solo estaba luchando conmigo misma cuando estaba con él. Me había enamorado de ese hombre desde que lo vi a lo lejos observándome tocar el piano.
Y luego todo se complicó. No después de saber la verdad. Él está en busca de algo más grande que yo y yo soy la clave a todo. El maldito proyecto pétalo debe de estar en algún lugar y Bear quiere destruirlo. Por primera vez en una cosa estamos de acuerdo.
—Me cae bien. —Lilith suspira y luego sorbe por la nariz. —Es un puto cavernícola, pero me cae bien.
—Bueno, ese cavernícola no ha aparecido en dos semanas.
—¿Crees que te haría sentir mejor salir? Digo, no lo haces en meses desde que te enamoraste de tu acosador.
—No estoy enamorada, Lilith.
No puedo decirlo en voz alta. Aunque mis mejillas ardan, soy orgullosa.
—Sí, miéntete a ti misma.
Pongo los ojos en blanco y mi gato sale disparado de mi regazo a esconderse debajo de la mesa. Fantástico, mi gato sabe cosas.
Pero una hora después estamos conduciendo hacia una discoteca.
Es lo que hacemos cuando tenemos días de mierda, y yo he tenido de esos días últimamente.
Lilith y yo llevamos vestidos realmente reveladores.
Pero no me importa, estoy cansada de usar el maldito rojo.
Así que en su lugar uso un vestido blanco, de cuero y de tirantes en toda la espalda cruzada y zapatos de tacón a juego.
Mi cabello platinado cae como cascada en mi espalda y mi bolso de mano me acompaña junto con mi tarjeta de crédito y mi lápiz labial. Ese sí es rojo.
Reservamos el área VIP solamente para nosotras y nos disponemos a beber champan mientras bailamos en la pequeña tarima viendo hacia el público. La noche es agradable, pero no puedo ignorar la sensación de sentir que Bear está en la sombra vigilándome.
Bien. Puede besar mi trasero.
Dos horas después y dos botellas y estamos agotadas, pero seguimos bailando. Nadie se ha acercado y me temo que es gracias a dos tipos que nos ven desde lo lejos. Los reconozco enseguida y me rio en voz alta cuando los veo caminar a los dos en sus chaquetas ahora de cuero hacia nosotras.
Mierda.
Konstantin y Anton se sientan a nuestro lado mientras Lilith sigue moviendo su trasero.
Konstantin la ve y se sonroja, pero al mismo tiempo se recompone y carraspea la garganta.
Los dos lucen demasiado bien para su propio bien.
Acaparan miradas de otras chicas. Anton y Konstantin son tan guapos y tan peligrosos al mismo tiempo.
Son más jóvenes que Bear pero aun así son jodidamente intimidantes.
—¿Qué se supone que hacen aquí? —les pregunto. Anton toma la copa de mis manos y se la bebe de un tirón.
—Evitando que hagas algo estúpido, vampira.
—¿Dónde está? —sabe a quién me refiero.
—No está aquí, pero me ofende que preguntes por él. ¿Acaso mi compañía no es suficiente?
Me rio. Y sigo bailando.
—Estoy aburrida—Lilith se baja de la pequeña tarima y sus ojos van hacia Konstantin.
Puede ser su hermano menor, por Dios.
—Lilith estos son Anton y Konstantin, hermanos de Bear.
Está bastante borracha, lo que la hace acercarse a él y no a Anton. Extraño. Lo toma de la mano y lo hace que se levante.
—Tú debes ser el que intentó matar a mi amiga—lo acusa con el dedo tembloroso.
Lilith es caliente como el carajo. Me rio y Konstantin pone los ojos en blanco, pero claramente está tan sorprendido como nosotros al ver a mi amiga la tímida; tomarlo de la camisa ahora y llevarlo escalera abajo para que bailen.
Llegan a la pista de baile y Lilith comienza a mover su trasero alrededor de él. Cuando un hombre quiere acercarse, Konstantin lo fulmina con la mirada y lo aparta cuando la toma de la cintura y la acerca más hacia él.
Maldición. Eso sí que no me lo esperaba.
Anton quien está a mi lado se ríe a carcajadas.
—Joder, va a perder su virginidad esta noche.
—¿Es virgen?
—No, pero pensé que se había vuelto gay. No lo he visto tocar una chica en mucho tiempo. Tu amiga debe tener alguna brujería o algo. Nos haría un favor de quitar toda la tensión de él.
—Lilith es genial. —lo veo—¿Y tú? ¿Tienes novia?
—Si te refieres a coños, tengo muchos. Ninguno importante para mí. Las mujeres van y vienen.
—Eso es asqueroso, Anton. ¿Nunca te has enamorado?
—¿Y tú? —ataca divertido—¿Estás enamorada de mi hermano?
—No—desvió la mirada hacia la nada, pensando en esos ojos que me vieron por última vez cuando me dijo que era libre. Lo echo mucho de menos y me odio por ello.
—¿Conseguiste darle esa paliza que me prometiste? —sonrío.
—Ojalá. ¿Dónde está? Puedo dársela ahora mismo.
Ambos nos reímos. Pero mi sonrisa no es genuina. Me pone triste saber que los mandó a que me cuidaran. Como también me llena de rabia que me importe. No me importa un carajo, si en verdad me lo repito puede que me lo empiece a creer.
—Buen intento. Pero está…ocupado.
—¿Está con alguien?
Anton me ve y entrecierra los ojos. Me doy cuenta de mi error.
—Te enamoraste del bastardo. —niega divertido con la cabeza.
—No. No me importa en absoluto. Solo era una pregunta.
—Bueno. Si tú lo dices. Ha estado bastante ocupado desde que se convirtió en Pakhan. Ahora es el maldito jefe. Si antes lo era, esto es bastante grande, incluso para nosotros.
—¿De la mafia?
—Por supuesto—se sirve otra copa de champán, pero rechazo la que me ofrece.
De pronto quiero vomitar. Por eso me alejó realmente, no estaba en sus planes y continuó con su vida como jefe de la mafia rusa.
Eso quiere decir que también debe de estar ocupado con mujeres.
He leído sobre la mierda. Están rodeados de riquezas y de mujeres, también es mal visto que no estén casados o una mierda así.
La verdad no me importó seguir leyendo después de eso.
Lo que sí sé, es que es muy grande y peligroso todo lo que tenga que ver con ser un Pakhan de la Bratva.
—En estos momentos debe de estarse comiendo algún coño importante. Las mujeres le saltan encima ahora que tiene más poder. ¿Te lo puedes creer?
—Me lo imagino.
Me contengo de romperle una copa en la cabeza para que se calle. Pero tiene razón.
—¿Qué hacen aquí de todas maneras? —veo a mi amiga sigue bailando con Konstantin y ahora los veo decirse algo al oído. Me da envidia. Ojalá así hubiera sido mi encuentro con Bear, pero en cambio. Decidió ser original y acosarme primero.
—El club es nuestro.
Lo veo sorprendida.
—¿Qué?
—Sí, es nuestro. Te vimos por las cámaras y decidimos salir a saludar. Además, Bear nos mataría si sabe que estás acá sin supervisión.
—¿Podemos no hablar de él?
Veo el club. Bastante lujoso. Lilith dijo que habían abierto hace seis meses y la lista de espera era larga.
Ella se apuntó desde el día uno y nos dieron acceso VIP.
Algo que Anton tiene que ver si me lo preguntas.
El dinero no es problema para ellos, me pregunto qué clase de negocios se llevan a cabo acá.
Mejor no.
—Tendré que ir a otros clubs entonces. Por favor, hazme una lista de los que no sean los dueños.
—De ninguna jodida manera. ¿Tengo que recordarte que te estamos monitoreando las veinticuatro horas? A excepción de las cámaras de tu apartamento, solo Bear tiene acceso.
—¿Hay cámaras en mi habitación?
Se ríe cuando responde:
—No lo sé. Creo que lo conoces mejor que yo y sabes de lo que es capaz.
Por supuesto que las hay.
De pronto quiero irme a casa. Hablar a la nada y quizás él me escuche. Puedo maldecirlo en voz alta y eso lo haría salir. O no. No me importa. Estoy borracha.
—Esto es para usted, señorita—uno de los camareros trae una botella cara de champán y ve a Anton en busca de su aprobación.
—¿Quién la manda? —le pregunta.
—Uno de los caballeros de allá—Anton y yo miramos hacia donde nos señala. Son dos hombres en traje que dan escalofrío por las pintas que llevan. Anton maldice y le dice al sujeto que aún sostiene la botella:
—Diles a esos hijos de puta que ella no está disponible y recuérdame cancelar su entrada de ahora en adelante.
—Entendido, señor.
El chico apenado se va y veo a los sujetos que hablan entre sí. Anton saca su móvil y envía un rápido mensaje. Algo me dice que quizás ellos no lleguen sanos y salvos a sus casas.
—¿Está todo bien? —pregunto.
—Sí. Te llevaré a casa.
—Puedo conducir—me quejo.
—Han bebido toda la noche, no dejaré que conduzcas. Le pediré a uno de nuestros hombres que lleven tu auto a tu apartamento, se vienen con nosotros.
Anton y Konstantin nos dejaron en mi apartamento. Konstantin se ofreció en llevar a Lilith al suyo, a lo cual mi amiga lo pensó dos veces antes de decir que no. No la culpo. Yo también huiría de ellos, son unos tipos raros, guapos, pero peligrosos.
—Buena chica—dice Konstantin antes de despedirse de ella.
Lilith se quedó dormida en una de las habitaciones de invitados y yo me fui a la mía.
Me quito el vestido y me meto desnuda a la cama, de pronto estoy húmeda por pensar en Bear, así que me quito las sábanas de encima y pienso en él. En la forma en cómo me tocaba, la manera sucia que tenía de hablarme y en su gran polla dentro de mí.
Llevo mis dedos hacia abajo y compruebo mi húmedad antes de meter un dedo, luego dos y me corro en cuestión de segundos gritando en mi almohada. Recuerdo la cámara que puede estar en mi habitación y rio para mis adentros, antes de quedarme completamente dormida.
—Si estás mirando, vete a la mierda, Bear.