La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

Hay algo en las sombras que me gusta.

Después de ese día, todo volvió a la normalidad, quiero decir, no seguí atada a las cadenas y a la cama. He comido en la mesa con todos, menos con Bear y me he reído de los chistes de Anton sobre sus conquistas.

Konstantin parece ser un hombre de una sola chica, por la forma en cómo se quedaba sumido en sus pensamientos me di cuenta de que había alguien en su vida, pero no somos amigos, así que no pregunté una mierda de todas maneras.

—¿Puedes enseñarme a pelear? —le pregunto a Anton una vez nos hemos quedado solos en la cocina.

—¿Para qué quieres pelear, vampira?

—Estoy aburrida, no creo que vuelva a tocar un maldito piano en mi vida. Y quiero defenderme, ya sabes.

—¿De mi hermano?

—De todo el que quiera hacerme daño.

Se lo piensa mejor.

—¿Si te enseño a dar buenos golpes, me prometes que le darás unos cuantos a Bear?

No sé a qué responder a eso, pero veo la travesura en su mirada.

—Diablos, sí.

—De acuerdo, media hora en el gimnasio.

Salgo corriendo a buscar ropa deportiva a mi habitación y encuentro unos leggins y un top a juego, me los pongo y también unas zapatillas deportivas. Media hora después estoy en el gimnasio con Anton quien está con una camisa sin mangas, rebelando todo tipo de tatuajes vulgares en sus brazos.

Dios, parece adicto al sexo o una mierda así. ¿Es de familia?

Estamos en un gimnasio bien equipado, lleno de sacos de entrenamiento y equipo de ejercicio. Anton, con una mirada decidida, se para frente a mí. Me pongo nerviosa, pero emocionado por aprender cuando empieza a hablar con seguridad.

—Bien, vampira, empecemos desde cero. Primero, posición base. Párate con los pies separados al ancho de los hombros, rodillas ligeramente dobladas. Así es como mantienes el equilibrio.

Sigo sus instrucciones y copio su posición. Intento mantenerme firme.

—¡Buen comienzo! Ahora, el jab. Extiende el brazo que tienes adelante recto, como si saludaras, pero con el puño cerrado. Luego, vuelve a la posición inicial rápidamente.

Realizo el movimiento, sintiendo la tensión en mi brazo.

—Eso es. Ahora el gancho. Dobla el codo y gira la cadera al mismo tiempo. Es un movimiento lateral. Así es como generas potencia. ¡Inténtalo!

Intento el gancho, ajustando mi posición. Siento cómo mis músculos se tensan mientras intento el movimiento.

—Demonios, esto se siente bien.

—¡Mierda! Ahora, esquiva. Mueve tu cuerpo hacia un lado rápidamente, manteniendo las manos arriba para protegerte. Y recuerda, siempre mantén la guardia alta.

Empiezo a sentirme más cómoda a medida que seguimos practicando. Me muevo lateralmente, tratando de esquivar como me dijo.

—¡Perfecto! Ahora, el uppercut. Dobla un poco las rodillas, luego impulsa tu puño hacia arriba en un arco. Imagina que estás golpeando la barbilla de Bear.

Intento el uppercut, sintiendo cómo mi cuerpo se mueve con el movimiento.

—Ahora, vamos a combinar. Jab, gancho y uppercut en rápida sucesión. Recuerda mantener el equilibrio y la fluidez.

Comenzamos a trabajar en la combinación. Siento la adrenalina mientras ejecuto los movimientos en orden.

—Joder, estás mejorando rápido. Ahora, un último movimiento por hoy: el bloqueo. Cruza tus antebrazos frente a tu rostro, protegiéndote la cabeza y el torso. Esto es clave para defenderte.

Sigo sus indicaciones y levanto mis antebrazos para bloquear. Se coloca ahora frente a mí y hago la combinación, lenta pero precisa y esquiva cada uno de mis movimientos.

Al momento el que doy un golpe en la palma de sus manos, me detengo cuando siento el pequeño mareo y algo caliente saliendo de mi nariz.

—Cielos—Anton se detiene y la punta de mis dedos van a dar al puente de mi nariz. El sangrado debe ser normal, pero el mareo es el que me asusta.

—Anton.

—Mierda, mierda, mierda—llega rápido a mí y me levanta en abrazos. —¿Qué te está haciendo mi padre?

¿Qué tiene que ver Ripley con que me sangre la nariz?

—Nada—digo.

—Te llevaré con él.

Una hora después estoy en mi habitación, ha oscurecido y me he perdido la cena. Después de nuestra primera sesión Ripley colocó hielo en mi frente y me dio a tomar un poco de hierro en capsulas. Dice que tengo anemia y que eso había causado mi sangrado. Genial, simplemente genial.

Me aferro a las sábanas debajo de mí cuando la puerta se abre lentamente y me tenso.

El colchón a mi lado se hunde y puedo escucharlo gruñir cuando coloca su mano en mi cabeza y lo acaricia.

¿A qué viene eso?

Me giro para verlo y veo la preocupación en sus ojos. Tuvo que haber sido un día duro de jefe de la mafia porque se ve como la mierda.

—Estoy bien—es lo único que logro decir. Antes de ver cómo se quita la ropa y se mete a la cama conmigo. Desnudo.

Mierda.

Lo siento detrás de mí, su polla ya dura golpeando mis nalgas.

El calor en medio de mis piernas hace que me remueva y sus manos llegan a uno de mis pechos.

Besando mi cuello, eso que hace tan…diferente, tan perfecto.

¿De dónde ha salido esta forma de venerarme?

Si es que alguna vez lo hizo. Estaba acostumbrándome a su forma ruda de ser, pero esta también me gusta.

Aprieta uno de mis pezones y continúa besando mi cuello cuando baja su mano y mis piernas se abren para darle acceso a mi sexo, listo y húmedo para él. Su aliento caliente en mi oreja me hace darme la vuelta y me encuentro con sus labios y un toque de alcohol en su aliento.

Sé que no está ebrio. Su respiración es calmada y definitivamente sabe lo que hace. En cuestión de segundos lo tengo sobre mí. Esto es nuevo. Mis manos están arriba de mi cabeza y se me queda mirando por un segundo como si no me creyera nada de lo que le dije.

—¿Estás bien? —me preocupa más él ahora por cómo me ve. Derrotado. Cansado.

—Mejor que nunca—gruñe y sus labios llegan a los míos. Me suelta las manos y acaricia uno de mis pechos mientras que con la otra detiene el peso de su cuerpo a mi lado.

Encajamos bien a pesar de que es un hombre grande y yo tan pequeña.

—¿Podemos detenernos ya? —sabe muy bien de lo que hablo—¿Podemos simplemente ser solo tú y yo?

Me ve por un segundo con los labios un poco separados y asiente levemente al mismo momento en que lo siento poco a poco dentro de mí. Arqueo mi espalda y sus movimientos son más duros, más profundos y gemimos al mismo tiempo.

Nunca hemos hecho el amor. Creo que nunca lo he hecho y mi pecho se sacude con solo de pensarlo. Quiero llorar, pero siento las lágrimas ya derramándose. Bear no se detiene, me besa y lame mis lágrimas, reclamándolas como suyas.

—Mía—gruñe y empuja más fuerte, más rápido y mi cuerpo se estremece cuando llega al punto en que no hay retorno. Voy a explotar.

—Bear…

—Eso es, Malysh… eres mía, por favor deja de intentar huir de mí.

Y con la desesperación en su voz dándome placer, me corro.

Me corro tan fuerte, que muerdo sus labios, mis manos cobran vida y lo tomo del rostro y lo acerco más a mí para besarle toda la cara.

Es esquivo, lo entiendo. Pero quiero que entienda que no me importa como luce, para mí es hermoso y diablos, sé cómo lo ven en la calle.

Las mujeres lo desean y esa sola idea me carcome.

Bear empuja más fuerte y lo siento caliente e hinchado dentro de mí cuando sé que me está llenando con su semilla.

Duele y sé que este momento puede que sea el último. Así que lo tomaré.

…

—Quiero que te reúnas con tu padre.

Me tenso bajo su toque. ¿Mi padre?

—¿Vas a hacerle daño?

—Lo estoy pensando. Pero no lo haré. Si se comporta y no intenta hacer una mierda contigo.

—De acuerdo. Quiero que acabemos con esto de una buena vez.

La mejor manera de reunirme con mi padre era responder a sus llamadas y darle una explicación sobre por qué no he vuelto a tocar. Le he pedido a Lilith que cancele todas mis funciones y reembolse a cada uno de ellos mientras hemos regresado a nuestro apartamento. No pienso tocar nunca más.

—¿Está todo bien, Rose?

—Sí, te lo explicaré en cuanto pueda.

Agradecí que Lilith no hiciera más preguntas. Cuelgo la llamada y me dejo caer en el sofá. Bear sigue frente a mí acariciando al señor Poe.

—¿Podemos llevarlo al castillo? —le pido—Se ve que le agradas y no quiero que esté solo aquí.

—Lo pensaré, no quiero que el señor Poe me quite el lado de mi cama.

Me sonrojo. Mierda. ¿Piensa dormir conmigo todos los días de ahora en adelante? Pero no tengo tiempo de responder a su pregunta, porque deja al gato y abre la puerta secreta del librero con su propia maldita huella.

—Eres un maldito grano en el culo, Bear. No puedo creer que violes mi seguridad de esa manera.

—Puedes enfadarte todo lo que quieras, florecilla. Pero tu padre estará aquí pronto y no quiero que me mire… aun. Ya sabes lo que tienes que hacer. Si necesitas ayuda solo mira a la cámara y saldré. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

No tengo otra opción de todas maneras.

Bear entra y en el momento en que la puerta se cierra, escucho que tocan a la puerta. Mi padre ha venido solo, vistiendo en su traje tres piezas y cabello canoso perfectamente peinado y corto. Me da un abrazo y me tenso.

—¿Cómo estás? —pregunta—Lilith me dijo que estabas de vacaciones o algo así. ¿Estás componiendo algo nuevo?

Veo la esquina de mi apartamento y me doy cuenta de que mi piano ya no está.

Bear. Debió deshacerse de él después de que lo pidiera, más o menos.

Sonrío para mis adentros mientras le ofrezco algo de beber a mi padre.

Nos reunimos en la sala principal y me quedo de frente a la cámara y me siento protegida por los ojos del que me está mirando del otro lado y hago la primera pregunta.

—¿Cómo va la investigación? —el vaso de su bebida queda en el aire cuando lanzo la pregunta.

La investigación. Es lo que es, a eso se resume. Y se ha resumido en los últimos años. Que él está investigando quien me secuestró y me dejó ir sin más.

—¿Por qué me preguntas eso?

—Respóndeme—su evasiva solo me enfada.

—No lo sé. Le preguntaré a mi abogado qué ha averiguado.

—Para ser una investigación importante sobre el secuestro de tu hija eres demasiado blando para responder, papá.

—¿Qué sucede, Rose?