La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—Quieren matarme.

No literalmente con esas palabras. Pero conozco la amenazada detrás de una orden. Ellos no me quieren viva. Siempre ha sido ese su plan. Cuando me levanto, mi peso cae de nuevo sobre el sofá y escucho el ruido de mi gato gruñendo.

¿Qué me está pasando?

—¿Sigues ahí, florecilla?

Él me hizo algo.

El agua.

Me drogó.

—¿Tú… me drogaste?

—Te dije que no confío en ti. Será mejor que te sientes, como te hagas daño vas a lamentarlo.

Me arrastro fuera del sofá para meterme al baño e intentar vomitar sea lo que me haya dado.

Pero apenas y logro moverme cuando golpeó la mesa y todo el cristal sobre él se hace añicos en el suelo.

Escucho a Bear gruñir, pero yo ya no puedo moverme.

Creo que me quedaré quieta por primera vez en mi vida.

La garganta está matándome, siento como si arena se estuviera deslizando en su interior. Abro los ojos y no puedo moverme. Mis manos están atadas y tiro de ellas cuando escucho la cadena.

No, no, no. Mierda. Me ha atado de nuevo. Espera.

¿Cómo me sacó del sótano?

—Te dije que nada puede separarme de ti.

Bear está sentado frente a la cama. Con un vaso de whisky en su mano, en la oscuridad, puedo ver cómo solamente la luz de la luna lo ilumina lo suficiente para ver sus duros rasgos.

No me importa si está enfadado, porque la respuesta está en mis manos atadas al cabecero de la cama.

¿Va a follarme ahora? Espero que lo haga, es así como funciona.

Me folla y luego es una bestia dominada.

—Suéltame.

—¿Vas a huir de nuevo? —no sé si responder a esa pregunta, pero de todas maneras lo hago.

—Ya no lo haré. —¿Lo estoy convenciendo a él o a mí?

—Eso escuché antes.

Sin más deja la bebida al lado de la mesa. Veo cómo se pone de pie y sin mirarme, sale de la habitación, dejándome sola y confundida, pero no por el hecho de que esté tan calmado, sino porque esperaba ser malditamente castigada.

Varias horas después abro los ojos cuando siento el pinchazo en mi brazo.

—Lamento mucho esta situación, Rose.

Ripley.

—Por favor, desátame.

—Sabes que no puedo hacerlo—pobre hombre. Bear lo tiene dominado.

Veo cómo saca sangre y la coloca en una caja especial, se quita los guantes y continúa revisándome como si fuera una maldita desquiciada.

—¿Para qué la sangre?

—Necesito saber si lo que te ha dado Bear ya salió de tu sistema.

Los rasgos de Ripley son duros, y me doy cuenta que sigue siendo un hombre joven a pesar de tener dos hijos convertidos en hombres adultos, unos malditos matones más bien. Me pregunto dónde está la madre de Bear, si murió o por qué no se ha vuelto a casar. ¿También Bear controlará su vida?

—¿Estás casado? —se detiene con lo que hace y sus ojos verde menta me ven sorprendido, arruga la frente y casi puedo ver que sonríe.

—¿Por qué me haces esa pregunta?

—Porque eres un hombre inteligente, no puedo creer que estés perdiendo el tiempo en mí y con lo que sea que haga Bear para ganarse la vida, en vez de estar con una hermosa mujer lejos de aquí.

Continúa jugando con sus instrumentos de médico y cuando pienso que no responderá a mi pregunta, me doy por vencida y cierro mis ojos.

Estoy demasiado cansada en estos momentos y solo quiero morir. Bear debió poner más de su mierda en el agua y no despertar jamás.

Me sorprende los pensamientos suicidas que flotan en mi cabeza como globos difíciles de romper. Cuando se trata de mi vida nada me asusta, pero lo que más odio, es no poder sacar su voz de mi cabeza. Tampoco la de esos hombres y lo que hicieron conmigo.

—Nadie quiere hacerte daño, Rose. —la forma en cómo lo dice suena desesperada—ojalá algún día lo entiendas. Y dejes de intentar de huir. Hay mucho más allá de lo que ves. Y respondiendo a tu pregunta, sí, estoy felizmente casado.

—Pero Konstantin dijo…

—Mis hijos pueden ser difíciles de leer, y eso incluye también a Bear, lo quiero como a uno y aunque no apruebo lo que hace contigo, entiendo que no hay otra manera. Él nunca te haría daño, no de la forma en que crees. Creo que ya te has dado cuenta de eso.

—¿Qué es lo que quieren de mí? ¿Por qué simplemente no me dejan ir? Ya les dije todo lo que sabía, has jodido con mi mente lo suficiente.

—Y lo lamento. Nunca me perdonaré lo que te hice recordar. Pero eso te hará más fuerte de lo que ya eres. No puedo decirte todo, no me corresponde a mí.

—¿A Bear sí?

—Será el líder de la Bratva, Rose. Lo será muy pronto. Creo que solo quiere protegerte para algo más grande. Pero tú sigues queriendo huir, poniéndote en peligro.

—¿Pakhan? ¿La mafia?

—Créeme, hay cosas peores en el mundo que pertenecer a la mafia. —parece orgulloso. Si Bear es el jefe, entonces dónde lo deja a él. ¿Su mano derecha?

—¿Ser un asesino no es peor?

—Desátala—la voz de Bear entrando a la habitación me pone los pelos de punta.

Está vistiendo como siempre, elegante y huele delicioso, por Dios este hombre tiene problemas con la limpieza en sí mismo.

Veo hacia otro lugar porque comienza a formarse baba dentro de mi boca al verlo mirándome como si quisiera devorarme.

Tendría que odiarlo. Pero mi comportamiento tampoco es de aplaudir, aunque lo odio por cómo quiere controlarme.

Tengo que saber de qué está supuestamente protegiéndome.

Ripley me desata de las cadenas y acaricio mis muñecas.

—Si ya terminaste, retírate—le dice de forma tajante.

Ripley me sonríe y me hace un guiño cuando se retira.

—No tienes que ser grosero con él, es un buen hombre. —Bear se coloca frente a mí y se cruza de brazos, haciendo que sus músculos se marquen sobre su camisa blanca y me obligo a apretar mis piernas.

—¿Acaso intentas ponerme celoso, Rose? —la forma en cómo pronuncia mi nombre me dice que lo está. ¿Así que por qué no echarle más leña al fuego como la idiota que soy?

Como no le respondo, me toma de la cintura y hace que me ponga de pie, me tropiezo y mis piernas ceden ante su toque eléctrico y me toma ahora de la cintura y me pega a su cuerpo.

—Respóndeme. ¿Acaso te gustan todos los hombres de esta casa?

Me rio en su cara. Es imposible que no sea tan adorablemente peligroso cuando se muestra celoso.

—Ellos me tratan mejor que tú, al menos Konstantin me ignora lo suficiente ahora.

—¿Cuándo te estaba estrangulando estaba siendo mejor que yo?

¿Lo sabe? Pensé que no me había creído la primera vez, Anton tuvo que habérselo dicho.

Sus manos llegan a mi cuello y aprieta, un gemido sale de mi boca por lo que su tacto me provoca.

¿Cómo puede ser tan animal y gustarme al mismo tiempo? Su rostro duro y marcado, sus ojos hermosos mirándome y su boca gruesa y jugosa tentándome.

Dios. Estoy jodida.

—¿Por qué no me lo dijiste? —aprieta más.

—Te lo dije, no… quisiste escucharme.

Aprieta su mandíbula, tanto que escucho como rechinan sus dientes, la idea de que alguien intente hacerme daño lo mata, aunque eso incluya su hermano.

—¿Quieres que lo mate, cariño?

Abro los ojos como platos.

—¿Qué? Por supuesto que no. Es tu hermano.

Ladea la cabeza, incrédulo por mi rápida respuesta.

—¿Por qué lo defiendes?

—¡Porque es tu hermano! —apenas y logro levantar mi voz con su mano en mi garganta, su otra mano en mi culo y mis manos a los lados de mi cuerpo. Quiero tocarlo, pero eso solo hará que se aparte y no quiero eso. No lo quiero, maldita sea, quiero que apriete más su agarre y acabe con esta agonía.

Acerca su boca cerca de la mía y tiemblo cuando dice:

—Dime, cariño. ¿Qué quieres que te haga?

—Bésame—no puedo creer que eso saliera de mi boca tan rápido.

Como tampoco como sus labios se estrellan a los míos de forma desesperada.

Me besa con mucha hambre, acariciando su lengua con la mía mientras gruñe en mi boca.

Mis manos viajan a su culo y sonríe en mi boca, al menos su culo no es intocable.

Pero si alguien más lo hace, voy a arrancar sus manos.

Me levanta del suelo y me lleva hasta el baño, donde arranca mi ropa en cuestión de segundos y rompe nuestro beso cuando dice:

—Tengo que irme.

Y sin más, me deja por primera vez así, deseándolo, sola y confundida. ¿Qué mierda fue eso?