Capítulo 21
Nunca me sentí tan vacía y a la vez, llena que podría explotar.
Las cadenas se han ido.
Debo de estar muy cansada para no sentir a este hombre cuando me toca. O lo hace malditamente bien. No hay nadie en la habitación. Pero sé que durmió conmigo porque la cama aún sigue caliente de su lado y escucho la ducha correr.
¿Por qué me siento nerviosa?
Cuando pienso salir de la cama para buscar mi ropa, la puerta del baño se abre y veo a Bear solamente con una toalla alrededor de su cintura, su cabello mojado hasta los hombros y humo saliendo de sus hombros anchos y brillantes.
De pronto tengo calor. Pero sigo enojada con él. Así que tomo la sábana y me envuelvo en ella para correr hacia el baño, pero fallo en el intento porque él se coloca frente a mí y me corta el paso.
—Por favor, no me toques. —digo con un hilo de voz.
—¿Hemos retrocedido, florecilla?
Ignoro su comentario. ¿Retroceder? Cuando no sabía que era una bestia. Cuando era solamente un ladrón que me acechaba en la oscuridad. Al menos no era cruel y yo no sabía lo que mi mente escondía.
—Me gustabas más—lo reto con la mirada. —No eras un idiota entonces.
—¿Entonces te gusto?—su brazo llega a mi cintura y me levanta del suelo. Me coloca en el granito frío del baño y me arranca la sábana del cuerpo.
—Bear, por favor.
—¿Te he dado permiso de suplicar?
Se quita la toalla de la cintura y se me hace agua la boca al verlo completamente desnudo, tan cerca a plena luz del día.
Sus cicatrices no me importan, es lo que lo hace hermoso y peligroso.
Mis manos están en mi regazo porque no tengo permitido tocarlo, aunque si lo hiciera es como salir de aquí y ser libre.
Algo imposible.
—Bésame—me pide y aprieto mis muslos a su alrededor. Bear se acerca lentamente hasta que su polla está rodando mi entrada y lloro en mi interior por el fuego que aviva rápidamente.
—¿Por qué? —solo lo estoy provocando. Sé que me desea, tanto o más que yo, maldita sea. Pero quiero que lo diga de nuevo. Quiero que me diga que está enamorado de mí. Este hombre no es romántico; solo va y ataca, tomando lo que desea.
—¿Tiene que haber una razón para que me beses? —se acerca más a mí rostro y lame mi mejilla—¿Acaso no es suficiente que tú también lo quieras?
—No quiero.
—¿Ah, no?
—No.
Lamo mis labios y trago una bola de aire. Mis pulmones de están quedando sin aire y no creo que sea por el asma.
—¿Y si te toco y estás mojada qué crees que te haré?
—¿Por qué crees que estaría mojada por ti? —sé que puede matarme por jugar con fuego —puede ser que imagine a Anton en ti. Tiene tus mismos ojos. Y me trata mejor que tú.
Aprieta su mandíbula y una de sus manos va a mi cuello. La otra como lo avisó va a mi sexo y nota lo empapada que estoy.
Por él. Pero yo quiero castigarlo. Quiero lastimarlo también y destruirlo como lo ha hecho conmigo hasta ahora.
—Repítelo—reta en mi cara mientras me aprieta su agarre del cuello y mis manos van a dar a su agarre, pero es inútil, eso solo hace que apriete más.
Entonces las llevo a mis pechos y aprieto el pezón de cada uno de ellos mientras él mira.
No sé cómo lo hago, pero me las arreglo para musitar:
—Es a Anton a quien deseo.—las estrujó con ambas manos y las levantó más hacia arriba mientras veo cómo se le descojonan el rostro lleno de lujuria.—Quiero su polla dentro de mí.
Me sonríe y muerde su labio inferior tan fuerte que sangrará. Su agarre se afloja y cuando pienso que he ganado lo siento dentro de mí de un solo empellón y grito.
—¡Bear! ¡Oh, Dios!
Entra y sale con tanta furia que tengo que sostenerme de sus hombros. Es la primera vez que lo toco de esta manera y lo mejor es que me está dejando hacerlo.
—Así es, maldita sea. Es mi nombre el que debes gritar cuando te follo.
—¡No!
Estoy viendo negro por el placer que me da. Es la primera vez que follamos odiándonos. Me ha pedido que lo besara y terminé haciéndole daño de la forma en que sabía que lo haría. Y aún no termino.
—¡Anton! ¡Oh, sí!
Se detiene por un segundo y lo odio. Cuando pienso que va a detenerse o golpearme. Me besa. Estrella sus labios en los míos y los reclama como suyos.
—Vas a callarte la puta boca, Rose. O meteré mi polla también en ella.
Me besa con furia y sigue bombeando. Me aferro a su beso y gimo en su boca. Ahora sus embestidas son más lentas, lo que provoca que mi orgasmo se vaya formando en mi vientre y exploto cuando sale y entra una vez más de forma posesiva y busco sus labios para gritar su nombre.
Con un gruñido se corre y me levanta aún con la polla de él dentro de mí y nos encamina hasta la ducha aún está dentro de mí, y no sé quién se aferra más a quien.
Cuando me baja, comienza a lavarme con jabón líquido que huele a rosas.
—Creo que tienes un problema con las rosas.
No responde. En cambio, me baja y me ayuda a mantener el equilibrio. Comienza a lavarme como si no pudiera hacerlo por mi cuenta y lo dejo hacer.
Ahora no me ve a la cara y está callado. No me gusta que se calle porque puede volverse loco con lo que esté pensando.
—No me gusta Anton—confieso.
Levanta la comisura de sus labios y por fin me ve.
—Estaba pensando en cómo matarlo si eso fuera cierto.
—No serías capaz.
—Pruébame, cariño. No sabes de lo que soy capaz por ti.
Mi corazón da un vuelco. Su confesión me toma por sorpresa de alguna manera, pero me lo imaginaba.
Ya ha matado por mí. Si esa no es prueba grande, entonces el tenerme aquí encerrada lo es.
Pero también protegerme. Ha bajado dos rayas a su furia desde que le dije que no podía tratarme de esa forma y sé que lo hizo, pero aun la bestia sigue ahí, como me gusta.
No quiero que sea suave tampoco, no funciona así.
—¿Bear?
—¿Sí, Malysh?
Me sonrojo. Mierda. Tengo que investigar qué significa esa palabra.
—Quisiera ir a mi casa. —me mira preocupado y se detiene—necesito un par de cosas.
—¿Vas a intentar huir?
—¿Puedo hacerlo?
—No te hagas la listilla, cariño. No puedes escapar, aunque quisieras. No es lo que quieres.
—Quiero mi libertad, quiero la verdad y quiero ayudarte.
—No me has dado razones suficientes para confiar en ti.
¿Cómo puede ser delicado un segundo y al otro un completo idiota frío sin corazón?
—¿Podemos ir…Por favor?
Al idiota le gusta que le suplique. Me sonríe y me da un beso casto en los labios antes de ayudarme a salir de la ducha.
—Iremos.
—¿De verdad? —nunca había estado tan emocionada por algo. Por dios. Debo estarme volviendo loca aquí encerrada.
—Sí. Tu gato debe extrañarte.
Estaba famélica.
Así que almorcé esta vez sola en la cocina. Luego de nuestro sexo culposo Bear desapareció de la habitación.
Me puse un vestido de manga larga rojo y su falda por arriba de la rodilla, me puse unas botas negras que hacían juego con mis medias para el frío y me puse mi abrigo.
No estaba. Así que pensé en ir a buscarlo a la biblioteca.
Me detengo cuando escucho voces que vienen de adentro. Es Bear con Konstantin y Anton.
—¿Si ya dejaste de follarla puedo hacer mi maldito trabajo ahora, Bear?
Ese es Konstantin. Siento escalofríos al escuchar la furia que viene bajo esa amenaza.
—Todo a su tiempo—Esa simple frase de Bear me hace retroceder y correr hasta la entrada. Después escucho pasos detrás de mí. Bear y sus hermanos bajan las escaleras. Konstantin me fulmina con la mirada y se va con Anton. Bear se acerca a mí y yo veo hacia otro lugar.
—Ese vestido te queda bien, florecilla.
Apenas y sonrío cuando toma mi mano y me hace caminar hasta el auto. Anton ya está ahí, pero no veo a Konstantin. Menos mal. El auto se pone en marcha y yo solo tengo algo en mi cabeza que prometí no hacer.
Escapar.
Todo está impecable en mi apartamento. Anton se ha quedado en el auto o se fue, no lo sé. Pero Bear está armado y camina conmigo al interior de lo que era mi hogar. Veo el piano en la esquina de mi sala principal y lo odio.
—Quisiera quemarlo. —se me escapa eso en voz alta. Y capto la atención de Bear.
Nos quedamos mirando un segundo y luego algo roza mis pies. Veo al señor Poe en el suelo y lo levanto para darle mimos.
Bear se aleja y comienza a dar vueltas por toda la sala como si buscara algo en especial y mis ojos se van a mi librero que es también la puerta secreta de mi escondite.
Mientras trazó un plan, me voy al primer sofá cerca del librero mientras Bear va a mi cocina y nos trae un vaso con agua a los dos.
Lo coloca frente a mí y le sonrío agradecida. Luego lo bebo todo a fondo porque no puedo dejar de temblar ahora que he salido por fin del castillo embrujado.
—¿Quieres que vaya por tus cosas arriba?
Perfecto.
—Sí, por favor.
En cuanto Bear se da la vuelta y se aleja lo suficiente, me acerco al librero y abro la puerta, solo es cuestión de segundos para que esté adentro, segura y lejos de Bear que baja corriendo las escaleras.
—¡Maldita sea! —escucho que grita cuando la puerta de acero hace clic frente a los dos. Lo puedo ver por la cámara de la puerta. Tiene las manos en la cintura y sigue maldiciendo por lo bajo.
Sí, he ganado maldita sea.
—¿Florecilla? —está muy calmado para verse cabreado.
Desde aquí puedo ver sus venas resaltadas.
Se ha quitado su chaqueta y ahora se enrolla las mangas de la camisa hasta los codos.
¿Cree que puede derribar con los brazos una puerta de acero?
Solamente yo tengo acceso a la clave y es imposible que pueda entrar a la fuerza.
—No podrás entrar.
Escucho y veo que se ríe con sus manos en ambos lados de su cadera.
—¿Quién dice que no?
—Es un cuarto de pánico. Ni siquiera una bestia como tú puede atravesarla.
—Sé lo que es y no me detendrá, Rose.
¿Por qué suena tan calmado?
—Abre la puerta.
El gato salta de mis brazos y se esconde debajo de la cama. Me toma unos segundos recomponerme, cuando el mareo me golpea de pronto.
Esto no debe estar pasando.
—Abre. —me ordena calmado y eso es lo que más temo.
—¡No! Te escuché hablar con tus hermanos.
Silencio. Apenas y logró verlo. Busca la cámara escondida y se para frente a ella. Como si pudiera verme me reta con la comida, entonces se ríe.
Oh, Dios mío.
—¿Y qué escuchaste?