Capítulo 20
A veces es mejor estar en la sombra. Donde todo lo malo se esconde porque cuando sale a la luz, el monstruo es real.
Hay un piano.
Nunca he tocado el piano, siempre me pareció una de las cosas más maravillosas del mundo. El arte que se esconde detrás de una pieza tocada.
Mis dedos tocan la primera tecla.
Una semana después he tocado de memoria Preludio P. 28 de Chopin. Y estoy fascinada. No solo yo. Las personas que me observan detrás del cristal.
He perdido la cuenta de cuantos días he estado aquí.
Todo es tan familiar. No recuerdo nada más que a mis padres, no recuerdo quién era o quién quería ser.
Solo recuerdo que es aquí donde debo estar porque es aquí donde me tienen y protegen.
No sé cómo funciona el mundo ahí afuera, hay uno. Ellos salen, yo no. Lo he olvidado.
Solo me estudian, ni siquiera sé qué significa eso.
Y otra vez olvido. Pero no olvido cómo tocar.
—Toca, Rose —dice el hombre en su bata blanca a mi lado. Son amables, pero cuando no funciona lo que hacen conmigo, me castigan.
Entonces toco.
No dejo de tocar.
…
El disparo suena fuerte.
El piano es entretenido, pero esto es… liberador. Me siento más conectada conmigo misma. Disparar se ha convertido es una tortura también.
Cuando fallo, vuelven a castigarme.
—Ella no está preparada para esto. No estamos creando un soldado, queremos una mártir.
¿Una mártir?
Luego ellos hablan en ruso y otro hombre, el que cuida las puertas me quita el arma.
Me han dado regalos. Dicen que es mi cumpleaños. Les pregunto cuando me iré. Extraño a mis padres. Creo que he visto a mi padre con ellos. Pero no estoy segura. Hasta que una tarde él se escabulle en mi habitación.
—Te sacaré de aquí, Rose.
—¿Ya estoy curada, papá?
Me han dicho que estoy enferma. Que por eso estoy aquí.
Y mi sangre ayuda a otros. Pero eso no tiene sentido.
De hecho, nada tiene sentido de lo que dicen o hacen conmigo.
No soy idiota. Esto no parece un hospital.
Es como los laboratorios de mi padre. Él es un científico muy importante. Pero no entiendo por qué estoy aquí.
—Perdóname, Rose.
Mi padre nunca llora.
—¿Por qué me pides perdón? ¿Qué es este lugar?
—Pronto saldrás de aquí. No vas a recordar nada. Te lo prometo. Haré las cosas bien cuando salgas de acá.
Mi padre pincha mi cuello con una aguja. No siento nada, pero su rostro se desvanece junto con el recuerdo de esa última conversación.
—¡Rose!
Mi nombre no había sonado tan bien antes hasta que él lo pronunció. Porque soy suya. Y eso se siente bien. Pero no estoy lista para abrir los ojos.
—¿Por qué no despierta?
—Está despierta.—sigue un Ripley muy sereno.
Abro los ojos poco a poco. Y todo cae a la realidad. Mi padre. Fue él.
Mi pecho se aprieta y quiero gritar. Así que es lo que hago. Grito para poder llorar, para poder sentir algo más que no sea odio por mi vida, a lo que fui sometida. A lo que vi. Lo que me hicieron ver y hacer.
El piano.
Me obligaron a tocar el piano. Lo que sea que hayan hecho conmigo. Crearon a un bicho raro y el resultado fui yo. Y mi padre estuvo de acuerdo.
—Rose.
Sigo la voz de Bear. Sostiene mis manos porque estoy haciéndome daño. No me culpa, me entiende, pero entonces ¿Qué hago aquí?
—Vas a hacerte daño. Respira.
Y entonces, me quiebro. Las lágrimas cubren mi rostro y no paran.
Mi pecho duele debido a mi llanto y Bear me atrae hacia su pecho y acaricia mi espalda.
Ha escuchado todo. Seguro no lo sabía. El proyecto pétalo.
Fui parte, y quien sabe cuántas personas más.
Fueron creadas como yo. Dañadas, desechadas.
¿Quién soy? ¿En verdad me gusta tocar el piano? Ahora que lo pienso, no quiero ver uno nunca más.
—Mi padre. Él… él estuvo de acuerdo. Pensé que, me había salvado. Pensé que estaba enferma, pero no. ¡Él me quiso ahí! ¿Por qué?
Bear limpia las lágrimas de mi rostro y hace que lo vea, tiene los ojos inyectados de odio y la mandíbula bastante apretada.
Mis recuerdos ahora están claros gracias a Ripley.
Yo fui llevada a ese lugar, que pensé era solo un sueño.
Ver a mi padre ahí no era mi imaginación cuando se lo dije a Bear y él me aseguró que no estuvo ahí.
Que estaba estudiando mis síntomas. Pensé que estaba loco, mi padre nunca me haría daño.
Pero lo hizo. No recordé las violaciones, ni los castigos hasta ahora. Y él pidiéndome perdón.
Fue mi propio padre quien me encerró por mucho tiempo.
—Tú padre usó el proyecto pétalo contigo.
—¿Qué es el proyecto pétalo, Bear?
Bear ve a Ripley por un segundo y luego me ve a mí. Aún sostiene mis manos y soy la única que aprieta demasiado fuerte su agarre.
—El proyecto pétalo es una creación de tu padre para manipular el cerebro de las personas y hacerlas ser lo que quieren que seas. ¿Recuerdas qué querías ser cuando eras una adolescente?
Niego.
—No tengo recuerdos. Pero sé que volverán. Ripley puede ayudarme.
—No funciona así, Rose.—es Ripley quien habla ahora—Lo que te he ayudado a recordar es solamente una pequeña parte. Las más traumáticas que tu subconsciente escondió. Pero recuerdos normales como tu niñez y adolescencia solo depende ti recordarlos.
—¿Me estás diciendo que soy un cascarón vacío lleno de mierda que ellos pusieron en mí?
—¿Ellos?—veo a Bear y asiento.
—Eran dos. Dos hombres. —recuerdo lo que mencionaron y lo repito en voz alta:—Koslov y Orlov. Nadie puede saber que tocaron a pétalo.
—Cielos.
Veo a Ripley que palidece. Y un Bear que está listo para matar.
—Lo siento por no habértelo dicho.
—¿Lo sabías?—hay furia en su pregunta. Me suelta de las manos y se aparta. Haciéndome sentir como una traidora.
—Sí, desde antes de la sesión. Esos nombres estaban en mi cabeza. Pensé que eran amigos de mi padre. ¿Qué significa?
Ripley se ha quedado sin palabras y se ha dejado caer en su silla. Pero lo que veo en Bear es solo furiosa y sed por derramar sangre. Sea quienes sean esos hombres, ya están muertos por lo que puedo ver.
—Significa, cariño que tendré que añadir a mi lista de deseos dos cabezas más que debo arrancar.
—¿Por qué? ¿Vas a matar a mi padre también?
—¿Quieres que lo haga?
—Es mi padre, Bear.
—A él no le importo una mierda que tú fueras su hija. No me insultes defendiéndolo frente a mí, porque solo harás que me enfade, Rose.
Ahora no entiendo nada.
Bear estaba furioso conmigo. Sabía que le había ocultado el nombre de esos otros hombres.
Sea quien sea su jefe quiere el proyecto pétalo, pero algo me dice que eso no es todo.
Bear quiere acabar con todas las personas involucradas, incluso con mi padre, aunque no me lo diga en voz alta, lo puedo ver en sus ojos.
No lo culpo.
Yo también estoy enfadada con él, pero tampoco lo quiero muerto.
Todavía hay cosas que Bear no me está diciendo, pero las averiguaré de todas maneras. Y mientras veo los rosales que amenazan con mi estadía en este lugar al lado de Bear, la puerta se abre.
No me inmuto porque pienso que es Bear, pero algo me hace girarme y veo a un Konstantin fulminándome con la mirada, en pocos segundos llega a grandes zancadas hasta donde estoy yo y me estrella contra la ventana mientras su mano está en mi cuello.
Es hermoso como seguramente Bear lo fue hace algunos años, pero hay algo en este chico que me pone inquieta, y es el odio que me tiene a muerte.
—No creo que seas inocente.
—¿De qué …estás hablando? —apenas puedo hablar porque su mano aprieta fuerte mi cuello.
—Eres un monstruo igual que tu padre.
¿Mi padre? Estoy cansada de que todos me odien por lo que sea que haya hecho mi padre, soy una víctima más de sus experimentos de mierda. Pero no me molesto en explicárselo, está seguro con acabar con mi vida ya que Bear aún no lo quiere hacer.
—¡Kostya! —alguien lo aparta de mí y caigo al suelo tosiendo—¿Estás loco?
Veo a Anton que lo tiene del cuello, lejos de mí.
Pero no me importa lo suficiente porque estoy quedándome sin aire.
Busco en la mesita de noche mientras me arrastro y busco mi inhalador.
Me lo llevo a la boca sin importarme que me vean e inhalo la medicina y me desplomo en el suelo mientras mi cabeza da mil vueltas.
—¿Es tu nueva amiga? —ese es Konstantin.
—Lo es, déjala en paz—le responde Anton cuando lo suelta del cuello y lo empuja hacia la puerta.
Antes de que pueda cerrar la puerta detrás de él le dice:
—Tú y Bear están equivocados.
Como puedo me subo a la cama después que la puerta se cierra y me hago un ovillo mientras las lágrimas se deslizan sobre mi mejilla. Ahora es tan fácil llorar que lo odio. Odio estar acá, odio que me odien por culpa de mi padre.
Y sin más. Me quedo dormida sumida en mis pensamientos.
Estoy tumbada sobre mi estómago, desnuda y confundida. Cansada y mojada. Mierda. Debo estar soñando. Pero cuando quiero moverme, no puedo. Estoy inmóvil. Abro los ojos y escucho las cadenas que están sujetas a mis manos.
Otra vez me ha encadenado al cabecero de la cama.
—¿Bear?
Lo siento detrás de mí, y empuja dentro sin previo aviso. Grito cuando sus caderas comienzan a moverse y mi placer aumenta por cómo me está follando sin que lo mire. Lo odio.
—Esto es por retar a mi hermano.
—¿Estás jodiendo conmigo? —me siento ofendida.
—Creo que lo hago, cariño—continúa moviéndose de adelante hacia atrás y me arranca un gemido. Entierro mi cara en la almohada, no le daré la satisfacción de que me vea disfrutar, aunque mi humedad me delata. No me importa, la indiferencia es lo que no soporta de todas maneras.
—Fue él—es todo lo que puedo decirle—Intentó matarme.
—No me importa—su mano llega a mi cabello y lo hace puño cuando levanta mi cabeza hacia atrás y lame mi oreja antes de susurrar: —Eres una pequeña mentirosa. Y ahora llenaré tu coño para que sientas a quien perteneces.
¿Está celoso?
¿Cree que le estoy mintiendo? Siento una punzada desgarradora en el pecho por su falta de empatía y confianza.
No me cree, nada de lo que le digo. Debe proteger demasiado a sus hermanos para llegar a ese nivel de control.
Está tan segado a la lealtad con su pequeño hermano que no le importa si es verdad o no que haya querido matarme.
Ni siquiera me voy a molestar en demostrárselo. Pueden matarme entre todos si quieren, después puedes ir por mi padre.
No me importa.
Yo ya estoy muerta desde que abrieron la caja de pandora en mi cabeza.
Con un gruñido se corre dentro de mí y hago lo mismo, pero no me muevo.
Me quedo ahí, esperando que suelte mis manos.
Pero no lo hace, en cambio, siento como limpia el interior de mis muslos y luego me coloca una sábana y lo siento acostarse al lado mío.
Mis ojos se agotan y termino quedándome dormida también.