La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Quiero cortar algunas cabezas.
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Quiero cortar algunas cabezas.

Bear

El Pakhan de hace diez años. Volkov. Debe ser él. Cuando tomó el lugar de Sergei cuando enfermó, él tomó las riendas por poco tiempo. Suficiente como para hacer toda una rebelión. Apuesto a que Sergei no lo sabe. No sabe lo que hizo Volkov hace diez años. ¿Quién más está involucrado?

Así que él estuvo involucrado en el secuestro de Rose. Es lo que parece, es lo que dijo Rose mientras estaba Ripley haciendo su mierda en ella.

Y el mismo Volkov me pidió vigilarla en nombre del Pakhan.

¿Qué mierda no me está diciendo?

La sangre hierve en mis venas, y quiero, solo quiero cortar algunas cabezas. ¿Violarla? Mientras era una niña, y lo peor es que ahora lo sabe. Ella no lo sabía.

—Ella no lo sabía—la veo dormir en mi cama. Y me siento como un hijo de puta ahora, pero ese es el precio que sabía que ella debía pagar.

—Te dije que estaba muy débil, lo que sea que hayan hecho con ella, puede regresar. Sabes que es así como funciona, ella puede que lo haya enterrado, sus recuerdos, pero si continuamos puede morir. Su mente la hará trizas, esa chica vio cosas que no tenía que ver y ahora. ¿Volkov?

—Voy a reunirme con él para enfrentarlo, hay algo que no nos ha dicho.

—Casi sufre un infarto, Bear.

Cierro la puerta y regreso al despacho de Ripley donde me dejo caer en el mismo sofá donde hace rato estaba Rose.

La forma en cómo se miraba, tan calmada y luego se convirtió un infierno a mi alrededor.

Podía sentir cómo las llamas me quemaban al escucharla hablar en ruso como una experta.

Ella no es rusa, maldita sea, pero estuvo secuestrada el tiempo necesario para escucharlos hablar.

Ahora lo sabemos. Fueron rusos, de los nuestros y los malditos delincuentes de Rusia del barrio pobre, los gopnik. Solo es el comienzo. Me aseguraré de llegar a ellos y matarlos. Tienen que estar vivos, y todos pagaran por ello. Voy a derramar sangre en el nombre de mi florecilla.

¿Pétalo? Me estremezco y me lleno de rabia, quiero arrancar todas las malditas cabezas que se me pongan delante, comenzando con la de Ripley por hacerla sufrir de esa manera.

Qué mierda, eras tú el que quería que sufriera. ¿Ahora sientes lástima por ella? Digo en mi mente.

—Ella no tiene que sufrir las consecuencias de su padre, es una víctima más. —Ripley es un maldito genio, pero es blando. Ella es culpable tanto como su padre, por olvidar. Ella no tenía que olvidar, y yo estoy haciéndole el favor al hacerla recordar.

—Te apuesto a que Sergei no lo sabe, Bear. Tú serás el siguiente Pakhan cuando él se retire o muera. Lo que sea que esos doctores hicieron con esta chica y la droga de su padre, Pakhan y Volkov lo quieren. No nos ordenaron para secuestrarla.

—Ella es mía. Me importa una mierda que Volkov se entere, soy mi maldito jefe. —me rio—Ella tiene que recordar, tiene que saber lo que le hicieron en ese lugar, ella es el eslabón débil de su padre. Solo así lo haremos pagar y que nos entregue el proyecto pétalo.

Ahora es Ripley el que se ríe.

—¿Crees que no me doy cuenta de lo que haces, Bear?

—No sé de qué mierda estás hablando.

—Tú trabajo era vigilarla. Volkov trabajó con su padre, antes de tomar temporalmente su lugar como Pakhan en ese tiempo, le prometió el proyecto pétalo y lo escondió.

Rose tiene que saber dónde, pero no creo que todas las sesiones que hagamos ayuden a recordar, aunque sea la única persona que sobrevivió a ese secuestro de hace años, todavía no podemos confiar en que lo que diga sea cierto.

Te odia. Nos odia por lo que le estamos haciendo.

¿Crees que ella sea diferente a su padre?

—La he vigilado, ella no se dedica a las mierdas que hace su padre.

—Exacto, ¿Entonces por qué la has traído en contra de su voluntad?

Sé la respuesta a eso, pero no se lo diré.

No es mi maldito padre. Soy quien manda en esta misión y en este castillo.

Desmantelamos todo lo que supone una amenaza al mundo y el padre de Rose y sus investigaciones lo son.

Rose solamente es el maldito premio por ese trabajo.

No entregaré el proyecto pétalo si es que existe esa mierda.

Voy a destruir esa mierda por la que tanta gente murió.

Y comenzaré cortando unas cabezas, comenzando con su padre y eventualmente también la de Volkov.

Dudo mucho que el Pakhan tenga algo que ver con esto.

Puede que le interese el proyecto pétalo, pero no es como Volkov.

Que él haya tomado su lugar cuando enfermó me recuerda el por qué no lo hice.

Me pertenecía por derecho, pero no me lo merecía.

Ahora es diferente, no soy ningún niño y no obedezco las órdenes de nadie.

—Sé cuándo te obsesionas con algo y lo estás de esa chica—Ripley me señala son su dedo de querer saberlo todo.

—Te respeto porque te casaste con mi madre—le recuerdo—pero sigo siendo el jefe aquí, lo que haga no es tu maldito problema. Trabajas para mí y si te digo que la hagas recordar, es lo que harás.

—Hacerla recordar no ayuda en nada. Es a su padre a quien quieres. Entra a su laboratorio y quémalo todo. Esa mierda debe estar por ahí.

He pensado en eso. El padre de Rose ha sido intocable durante muchos años.

Se dedicó a otros proyectos y a salvar vidas, por eso se ganó el respeto de sus enemigos, pero no el mío ni de Pakhan.

No puedo seguir escuchándolo. Me pongo de pie y camino hacia la puerta, pero me detengo cuando me grita las últimas palabras en ruso:

—Vas a matarla si continúas.

Me rio.

—¿Quién te dijo que la quería viva?

Siento nauseas cuando termino de pronunciar esas palabras. Pero las ignoro al mismo tiempo en que cierro la puerta, dando un portazo.

Detengo mi Mustang frente al portón blindado de color negro. Esto es una maldita fortaleza y sé que hay muchas armas apuntándome desde ya dos cuadras antes de entrar a este maldito lugar. Pero, aun así, tengo más armas que ellos, y un dron cubriéndome la maldita espalda todo el tiempo.

—Vengo a ver a Volkov—le digo a uno de sus perros guardines—así que no me hagas esperar, hace frío.

De mala gana abre el portón eléctrico para mí y acelero mi Mustang hacia el interior de la lujosa mansión de Misha Volkov, la mano derecha del Pakhan y el Pakhan que pronto sustituiré.

Entro al interior de la mansión y el olor a tabaco y sexo inundan mis fosas nasales, me recibe una chica un poco drogada, la alejo antes de que me toque y camino hasta la sala principal donde encontraré al hijo de puta.

Tiene esta mansión que al mismo tiempo es un maldito prostíbulo.

Chicas inocentes están en este lugar en contra de su voluntad y me da asco cada vez que pongo un pie aquí.

Lo primero que haré cuando sea el nuevo Pakhan será quemar este maldito lugar con los restos de Misha y liberaré a todas estas chicas.

Encuentro a Volkov arreglando su vieja erección, si es que el viejo tiene todavía una por voluntad propia y no gracias a los medicamentos. La chica rubia con ojos vidriosos se pone de pie y se va de la sala principal en busca de otra polla que poner dentro de su boca.

—¿Has estado vigilando a la chica como te dije? —sabía que sería lo primero que me preguntara. Me siento en otro sofá lejos de los fluidos de sus putas y cruzo mi pierna sobre la otra, haciendo sonar mi bota negra de cuero en el suelo.

—Estoy haciendo algo mejor. La tengo conmigo.

—¿Cómo dices?

Me encojo de hombros sabiendo que esto lo cabreará, pero la última vez que comprobé, me importaba una mierda su opinión sobre como opero mis misiones. No le respondo a él sino a Sergei.

—La he secuestrado.

El viejo parece que tendrá un infarto. No tiene ni una puta idea de cómo liderar, por eso el resto de los líderes votaron para que yo fuera el siguiente Pakhan.

Soy su única maldita opción después de la última revolución y la lluvia de sangre.

Solo hemos quedado los buenos, por así decirlo.

Los que se encargan de hacer el trabajo sin preguntar.

Les he hecho ganar millones a cada uno de ellos y a sus organizaciones, no hay mejor cabeza que la mía para liderar y aunque eso es lo más grande que he hecho en mi vida.

Todavía tengo la intención de destruirlos a cada uno de los malos que están afuera.

Gente inocente murió en esa guerra de hace diez años.

—¿Qué has hecho qué mierda? —se pone de pie y camina hacia su pequeño bar y se sirve un trago doble. Esta noticia no le ha sentado nada bien. Me ofrece un trago, pero después de ver lo que estaba haciendo con esa rubia, no quiero que toque nada que pueda llevar a mi boca.

—Tengo a la chica conmigo—inquiero en la última palabra como una bestia marcando su territorio, joder. Rose es malditamente mía. —y he venido a decírtelo a la cara antes de que las noticias lleguen a ti. Sabes que no quiero esa mierda sobre mí. Puedes decirle a Pakhan o se lo diré yo.

—¿Y por qué has hecho semejante cosa si te pedí que solo la vigilaras?

Sabía que me haría esa pregunta. Por la forma en cómo reacciona, no le gusta nada de que tenga a su pétalo conmigo. Es así como la llamaron hace años. Y algo me dice que él es el dueño de ese sobrenombre.

—Y lo hice, pero ahora la estoy vigilando más de cerca. ¿Tienes algún problema con eso? Pensé que tu propósito era solo llegar al proyecto pétalo.

Sus ojos se abren como platos. Malditamente lo tengo atrapado.

—Lo que me lleva a lo segundo. —cambio de posición en el asiento y me encojo de hombros, pero por dentro quiero arrancarle la maldita cabeza.

Ahora no me queda la menor duda que él también actuó en ese secuestro, la jodieron él y el padre de Rose.

El doctor Van Raven tiene muchas explicaciones que dar también, pondré esa cita en la larga lista de mierdas que tengo que hacer.

Y también los otros médicos. La pregunta es ¿Quién financió tal proyecto?

—¿Tuviste algo que ver con el secuestro de esa chica hace diez años?

—No. Ese fue Van Raven. Usó a su propia hija como conejo de laboratorio.

Después de negarse a darme el proyecto pétalo, simplemente desapareció y luego apareció como un maldito salvavidas para el mundo de la ciencia.

Escondió el proyecto, quiero que me lo devuelva.

Quiero terminar lo que comenzó hace años.

—¿Con ella? —sabe muy bien a quien me refiero. Y se ve incómodo. Maldita sea, Volkov, quiere a la chica también. ¿Está obsesionado con ella? Tanto como yo, lo dudo. Y primero muerto a dejar que me la arrebate.

—¿La chica? No. No me interesa esa perra, está jodida de la cabeza según sé.

Si te pedí vigilarla es por si mirabas algo extraño en ella.

La chica nunca quiso tocar el piano, tampoco ser médica como su padre.

Ella quería ser una jodida soldado de la marina o una mierda así, la perra tiene cojones.

Es por eso que cuando apareció como una jodida prodigio del piano algo no cuadró.

Me hierve la sangre que la llame de esa forma, pero no me importa en absoluto.

Sí, sí te importa. Es tu perra. Solo tú puedes llamarla así.

Por otro lado. No veo a Rose como un posible soldado.

Es ruda, pero tan débil como un pétalo. Ni su peso ni su masa muscular es la adecuada para ser una máquina de matar.

Sonrío para mis adentros imaginando a mi chica de esa forma que desconocía.

—¿A qué te refieres? —Ese soy yo.

Volkov se ríe y se termina su bebida de un solo trago.

—Si vas a ser el Pakhan será mejor que lo sepas de una maldita jodida vez, Romanov.

Nadie nunca se atreve a llamarme por mi apellido. Lo odio. Y todo lo que he venido arrastrando por él. Pero lo dejo estar, porque necesito que confíe en mí y me diga la mierda en la que me ha metido.

Todo sea para proteger a mi florecilla.

—El Proyecto Pétalo es sobre la manipulación de tu cerebro.

El propio Van Raven quería que su hijita fuera científica como él, no un soldado.

Así que quiso hacerlo, pero se olvidó de algo.

Cometió el error de encerrarla por tanto tiempo con un piano.

En vez de un maldito libro sobre medicina, si me preguntas.

—¿Qué quieres decir?

—Lo que quiero decir, querido amigo. Es que tu pequeña Rose, tiene en su maldita sangre el proyecto pétalo o los daños colaterales que quedaron de él.

Es un desperdicio. Si te pedí que la vigilaras es si su padre estaba todavía jugando con su cabeza.

La chica salió de ese lugar y se convirtió en una pianista espectacular, la he ido a ver un par de veces.

¿Te imaginas lo que haría esa droga si encerráramos a cien hombres con armas en un lugar?

—Una maldita bomba, ellos se convertirían en un arma poderosa. Mercenarios de alto rango.

—Exacto. Es por eso que quiero que encuentres al doctor, por medio de su hija. Examínala. Fóllatela, no me importa si al final la matas, quiero el proyecto pétalo y a Van Raven haciendo la droga para nuestra organización. Quiero que termine lo que me ofreció hace años, ya he esperado suficiente.

No se da cuenta, pero acaba de cometer un error. Esto es obra suya, y no de Sergei. Dijo me ofreció.

Una sonrisa cruza por mi rostro. Una fría y calculadora sonrisa que nadie nunca podrá quitarme.

Y más cuando se trata de mi Malysh[4]. Mi pequeña florecilla.

Ahora que tengo luz verde para matarla, nadie se atreverá a quitármela, ni siquiera Volkov.

Quien ahora mismo me sonríe. Ha cometido un terrible error.

Me ha lanzado a la cara todo lo que quería saber, pero sé que hay más.

Y ahora mismo acaba de firmar su sentencia de muerte.