Capítulo 18
Más te vale que elijas vivir… o moriré por ti.
Siento que mi vida ha sido una mentira.
No puedo decirle a Bear quienes eran esos doctores. Sé que irán con mi padre en algún momento. Esos hombres, trabajaron para ese tal Pakhan, esos hombres saben del proyecto pétalo al igual que mi padre. Y lo peor de todo, es que me usaron como un maldito conejo de laboratorio.
Es por eso que estoy ahora enferma y puedo oler la muerte en mi piel. Cada día que pasa. Lo sé desde los últimos años, desde que mi padre comenzó a cambiar mi medicina para el asma. ¿Asma? Es todo una maldita pesadilla. Y mi cabello, mi cabello plateado es otro recordatorio.
La parca se debe estar riendo a carcajadas al verme de esta forma. Bueno, entonces elijo morir antes de ser el maldito experimento de alguien.
Hoy soñé que estaba peleando por mi vida. Literalmente lo estaba haciendo y lo que no puedo olvidar son los movimientos que mi cuerpo hacía involuntariamente cuando sostenía un arma.
Me gustaban las armas.
Siempre he tenido estos pensamientos sobre las películas de acción, a veces llegué a pensar que, hubiese sido más fácil ser una actriz de acción como Mila o Angelina. Pero no encontré satisfacción en ese pensamiento.
Creo que quise ser policía, antes de ser encerrada en ese lugar y tocar el piano por horas.
Ahora amo tocar el piano, pero al mismo tiempo siento que estoy en modo trance cuando lo hago, como si estuviera programada para hacerlo.
Esa sensación es la que odio. Aunque todo vale la pena cuando escucho los aplausos de la gente.
Nunca quise ser vista de esa forma. Nunca quise ser una especie de celebridad.
Siempre quise estar detrás de todo. Ser una salvadora.
Un soldado tal vez. No lo sé. Ni siquiera he sostenido un arma antes o sé pelear.
Debería de haber tomado clases de karate o una mierda así para poder defenderme de hombres como Bear o aquel drogadicto y hasta el propio Alex.
—¿Por qué no bajas? —no me di cuenta cuando la señora que vi el primer día que desperté aquí entra a la habitación y trae consigo ropa nueva. Creo que es una excusa, ya que la última vez que comprobé el armario estaba lleno de ropa de mi talla.
—¿Puedo bajar?
—Desde luego. Me llamo Stella y soy la encargada de este castillo.
No he visto a Bear en los últimos dos días, Stella me ha traído la comida a la habitación.
Y es la primera vez que me habla y me dice su nombre.
Seguramente siente lastima por mí. Tampoco he ido a otra sesión con Ripley.
Solamente he estado soñando con lo que me hicieron esos hombres mientras estaba inconsciente en esa camioneta.
He sentido sus manos y el ardor en el interior de mis piernas al recordarlo.
Recordar años después de que fuiste violada no por uno, sino por cuatro hombres no es algo que se toma a la ligera, mi cerebro apenas está lidiando con ello y es por eso que no he querido salir de esta habitación.
Pero también, vi la forma en cómo me miró Bear antes de salir ese día.
No quiero que me vea como alguien dañado.
Quiero que me siga mirando como su más preciada flor.
Solo he tenido este deseo por querer morir. Y no logro sacarlo de mi cabeza, es como si algo me dijera que buscara el peligro para acabar con mi agonía de ser una esclava y la mascota de Bear por otro lado.
—No sé si sea buena idea bajar—digo con un hilo de voz.
—Tonterías, necesitas hacer ejercicio en esas piernas, sal a tomar un poco de sol, hoy hace un buen día. Puedes tomar un libro de la biblioteca si quieres y sentarte en el césped o el área de la piscina.
—No creo que tenga el permiso para hacer eso, Stella.
—Tonterías, Bear me ha pedido que te lo dijera. No estaría acá si no fuera por órdenes directas de él.
¿Qué?
¿Él está preocupado por mí? De ninguna manera. Es por culpa de él que estoy aquí y también de que quiera morirme después de saber lo que me hicieron. Nunca se lo perdonaré.
—Dejaré esta ropa aquí, creo que es de tu talla. No sé si tienes más ropa aquí, pero me tomé el atrevimiento de traerte esto por si tienes frío.
—Gracias—es lo único que digo cuando ya se ha marchado.
Decido bajar, no escucho nada. Stella dijo algo sobre una biblioteca así que decido buscarla y encerrarme ahí lo más que pueda y esconderme de Bear.
Este lugar es bastante grande y puedo casi perderme en cada una de sus pasillos.
No escucho nada, el aire aquí es frío debido a que este maldito lugar está hecho de piedra, pero lo que más me intriga es su decoración, todo es nuevo, y contemporáneo.
A la moda a pesar de que por fuera este lugar se ve tenebroso.
Me detengo frente a dos puertas grandes, esta debe de ser la biblioteca. Abro con toda confianza y me encuentro con un par de ojos grises que me fulminan con la mirada por haber entrado sin tocar.
Mierda.
Este es el despacho de Bear. Está sentado frente a su escritorio y está usando ropa formal, pero sin corbata, tiene las mangas recogidas hasta los codos y luce cansado.
Siempre luce cansado. Cierra la laptop y cuando quiero salir corriendo me detiene cuando dice:
—No te atrevas.
Me detengo.
—Yo, lo siento, no sabía que este era tu despacho. Estoy buscando la biblioteca.
—No te equivocaste. Estás en la biblioteca. Cierra la puerta y ven aquí.
El tono de su voz está cargado como siempre de odio hacia mí.
Aún recuerdo la forma en cómo me hablaba cuando era solamente mi sombra.
Siempre tan atento y a la vez dulce y controlador.
Ahora parece que estoy caminando en un pasillo de minas.
No sé qué puede pasar. Así que hago lo que me pide, cierro la puerta detrás de mí y me acerco a su escritorio sin verlo a la cara.
Hoy no quiero pelear. De hecho, no he tenido el deseo de hacerlo desde la última sesión y sé que él lo sabe y lo puede ver, es por eso que me ha ignorado los últimos dos días, pero puedo sentir que abre la puerta de mi habitación y me ve dormir. Siempre lo hace.
—Mírame—lo hago y me maldigo por lo bien que se ve. Veo los papeles que tiene en sus manos y uno llama mi atención por las letras.
Ruso. Es ruso.
Y yo hablé en ruso también, pero solamente repetía lo que esos dos hombres decían.
—Te he dado el espacio necesario, pero estoy cansado de dártelo. Acércate.
No lo hago. No quiero que me toque, siento que si me toca explotaré, y no en el buen sentido. Solo puedo sentir las manos de esos hombres tocándome, haciéndome sangrar. Mi pecho se agita ante ese recuerdo.
—No—digo con un hilo de voz.
—¿No? —su voz me hace estremecer. Se levanta de su silla y llega rápido hacia mí, caigo de rodillas y tapo mis oídos con ambas manos al lado de la cabeza. Solamente puedo escuchar las voces en ruso, maldiciendo mientras me tocaban en esa camioneta.
—¡Haz que se callen! —grito sintiendo mi garganta arder—¡Haz que paren! ¡No quiero que me toquen!
Las manos y las risas de esos hombres se convierten en humo cuando las manos de Bear llegan hasta a mí y me carga con sus brazos y hace que me sienta ahorcajadas entre sus piernas mientras escondo mi cara en su pecho e intento al mismo tiempo alejarlo de mí.
—Escúchame—Bear intenta hacer que lo vea, pero siento vergüenza. No quiero sentirme así, no quiero que me toque, pero entre más me alejo de él, es una guerra imposible porque él tiene más fuerza que yo, no tengo escapatoria. —Mírame, maldita sea.
Como puedo lo veo, no tengo lágrimas en mi rostro, por más que quiera llorar no puedo.
Lo que hicieron ahí jodió mi vida, no puedo tener empatía conmigo misma.
No puedo sentir el dolor en mi corazón, solamente siento miedo y unas profundas ganas de morir.
Si tuviera un arma ahora mismo me dispararía directamente en la cabeza.
—Los mataré. Y si ya están muertos, desenterraré sus cadáveres y los volveré a matar, a ellos y a toda su sangre, lo haré por ti, Malysh.
¿Malysh? No sé qué significa, pero se escucha bien saliendo de su boca. Su voz es profunda. Sus labios son, son adictivos y quiero probarlos.
Es lo que hago, cuando estrello su boca a la mía.
No me olvido de no tocarlo. Solo puedo recordar lo mucho que lo he echado de menos estos dos días que no le he reñido.
Me he vuelto una masoquista gracias a él.
Mis manos están unidas a mi pecho y me sostiene con fuerza.
Cuando su lengua hace contacto con la mía gimo en su boca y quiero más.
Quiero que me haga olvidar. Este hombre ha matado por mí y quiere seguir matando a pesar de todo.
Quiero todo lo que pueda darme y yo le entregaré mi vida a cambio, si es que ya no lo he hecho sin darme cuenta.
—Joder—gruñe en mis labios. Me suelta las manos, pero no lo toco, no quiero que este momento se acabe, así que no me muevo solo sigo besándolo mientras él me toca el rostro, mis mejillas y mi cuello para atraerme más a él. —Pídeme que te folle, florecilla. Pídemelo, por favor.
¿Por favor?
—Fóllame—me sorprendo por la fuerza que tiene esa orden. —Fóllame, por favor, haz que se vayan de mi cabeza.
Me levanta sin el mínimo esfuerzo y hace que mis piernas rodeen su cintura, puedo sentir su sexo palpitar sobre mí y gimo haciendo más fricción entre nosotros. Lo odio y lo deseo, lo estoy usando para olvidar y a él no parece importarle.
Me lleva hasta el sofá más cercano y rompe mi ropa como un animal, luego lo observo quitarse la camisa, los botones saltan a mi cuerpo ahora desnudo y regresa a mi boca.
—¿Puedo tocarte? —pregunto. En vez de responder toma mis manos y las lleva hasta su polla mientras estoy acosada en el sofá y él todavía sigue de pie. Tomo su polla y veo como la punta brilla y la perla al final la lamo con un lengüetazo y veo hacia arriba.
Malditamente hermoso.
Me agarra del cabello y mete su gran polla gruesa profundo por mi garganta.
—Chúpala, quiero que la lubriques bien porque voy a follarte y no seré blando contigo.