La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Ignora mis disculpas y me toma en brazos. Sale corriendo lejos del jardín y yo entierro mi cara en su pecho. Su suéter también está roto y puedo ver irónicamente las espinas de tinta asomarse por los agujeros y sonrío para mis adentros.

—¡Ripley!—escucho que grita. Mi visión se torna borrosa debido al dolor, pero no lloro. Cierro mis ojos y mi cuerpo cede.

Arde.

Dicen que ser pinchado por abejas es como morir lentamente.

Pero se olvidan de las espinas. Es como agujas o cuchillos salpicando tu piel una y otra vez en el mismo lugar.

Tengo la boca seca. Y estoy segura que no estoy sola porque siento los vellos de mi cuerpo erizarse. Cuando me quejo del dolor. Gruñe.

Bear es un gruñón nato.

Abro los ojos lentamente y veo a Bear. Está con el mismo suéter roto y tiene salpicaduras de sangre. Me siento mal por verlo de esa manera y no sé por qué. No tiene que importarme. ¿A quién se le ocurre poner enredaderas de ese tamaño alrededor del castillo?

Solo a una bestia como Bear.

El hombre tiene problemas con las rosas y conmigo.

—Estás herido—le digo y sus ojos siguen clavados en mí.

—¿Estás preocupada por mí, cariño?

No hay ningún tono de burla en lo que dice como suele hacerlo cuando me llama así. Sigue enfadado.

—Lo siento.

—¿Lo sientes?

Me incorporo y la piel arde en cada movimiento.

Estirándose aún con la sangre seca ahora.

No dejo de ver las marcas en sus brazos haciéndole burla a sus tatuajes de espinas.

Mis marcas son pequeñas a comparación con las de él, tuvo que haberse desgarrado la piel para poder sacarme de ahí.

De nuevo he fracasado con mi intento de huir.

Otra vez.

Y otra vez seré castigada.

—Dejaré que me castigues, te has lastimado por mi culpa. No pensé que hablabas en serio.

Ladea la cabeza y puedo ver una pequeña sonrisa asomarse por esa cara esculpida por el mismo diablo.

—¿Quieres que te castigue?

—Es lo que haces, cuando intento escapar. Pero para que sepas solamente intentaba alejarme de ti porque eres un mentiroso.

—¿Yo un mentiroso? —y antes de que proteste, agrega:—Lo creas o no, nunca te he mentido. Has caído a mis redes por cuenta propia. Nunca te he obligado a nada, a excepción de no huir de mí.

Ladea la cabeza y puedo ver una pequeña sonrisa asomarse. A este hombre le excita hacerme daño, todavía no lo ha hecho como lo ha prometido, pero yo también me veo aceptando que lo deseo.

Lo deseo desde que me acechaba en la oscuridad.

Ripley ha curado solo mis heridas, mientras que las de Bear aún tienen sangre seca.

Me levanto lentamente de la cama y camino hasta el baño, mojo una toalla y regreso donde está Bear, aun viéndome a través de la oscuridad y la frialdad de su mirada, no dice nada cuando me acerco a él.

Sin tenerle miedo, aunque por dentro mi corazón taladra mi pecho como una locomotora, me acerco a su brazo y pongo el paño húmedo en la herida para limpiarlo.

Gruñe. Le duele o gruñe porque lo estoy tocando.

No le gusta que lo toquen, pero me doy cuenta que era su cuerpo en cuestión, su pecho, rostro y espalda para ser más preciso. Sus brazos están bien y siento un alivio porque no me aparta como la bestia que es. Yo tampoco entiendo lo que hago, pero no soy una bestia como él.

—¿Qué estás haciendo? —gruñe y puedo sentir su aliento en mi cuello cuando se acerca y me habla en mi oído. Lo ignoro y sigo limpiando las heridas que están a mi vista sin esperar si le gusta o no. Es algo que quiero hacer, aunque no lo apruebe.

—Solo quiero, ayudarte con esto.

—¿Te sientes mal por mí? —me detengo para verlo.

Luce cansado, tiene una sombra debajo de los ojos como si no hubiera dormido en días.

También usa la misma ropa hecha pedazos y llena de mi sangre.

Cada movimiento que hace parece dolerle, sé que se ha hecho daño por mi culpa y no puedo dejar de sentirme mal al respecto.

¿Te ha tratado como la mierda y te preocupas por él?

—¿Y qué si así es? —lo reto viéndolo directamente a los ojos—¿Vas a amarrarme a la cama y follarme hasta el cansancio con tus dedos?

Es lo único que sabes hacer y estoy comenzando a cansarme de eso.

Me deseas más que eso, Bear. Y me odias también.

No entiendo qué hago aquí, y tampoco sé por qué me siento mal que te hayas hecho daño por mi culpa, pero es como soy, lidia con ello.

El paño húmedo ensangrentado sale disparado de mis manos y ahora estoy acostada sobre mi espalda en la cama y Bear sobre mí. Tiene sus manos en mi cuello y poco a poco estoy quedándome sin aire.

Le he provocado y vuelto a responder y no me importa, no me importa nada ya. Sé que nunca saldré de este lugar y tampoco sabré por qué me odia tanto. Pero no me verá rogando para que me deje ir, tampoco le rogaré para que me folle con algo más que no sean sus dedos.

—¿Te atreves a desafiarme, Rose? Pensé que te había dejado claro que tu vida ahora me pertenece, cada parte de ti, comenzando con tu libertad, tu cuerpo, tu mente, tu alma—esto último lo susurra en mi oído y puedo sentir el dolor en medio de mis piernas.

También siento su erección golpeando mi vientre.

Dios, deseo tanto que me tome ahora mismo y me haga callar, si tengo que ser una insolente y no cerrar mi boca para que me folle lo haré a cada segundo que pueda.

—Yo jamás perteneceré a alguien como tú—lo fulmino con la mirada con un hilo de voz—así que mátame porque no me verás rogarte, maldito.

Se ríe. Y yo me derrito al ver su sonrisa tan cerca y su aliento quemándome la cara. Me mojo cada vez más que me quedo sin aliento y él parece darse cuenta.

—Puedes protestar todo lo que quieras, florecilla, pero te apuesto mi vida a que si meto los dedos en tu coño estará llorando por mí—suelto un gemido por la forma tan cruel en cómo me habla—sí, sigue diciéndote eso, sigue malditamente provocándome y solo harás que te odie más y te retenga más tiempo del esperado. Tu coño siempre llorará por mí.

—Vete a la mierda—siseo.

Afloja su agarre en mi cuello solo para que no me desmaye y con la otra mano comienza tocando suavemente mi pierna, mi culo y llega al interior de mis muslos.

Veo hacia otro lugar cuando se detiene en la gran humedad de mi ropa interior.

Me avergüenza que tenga razón, él sabe el efecto que tiene en mí, soy tan bestia como él y ahora me doy cuenta de eso.

Se acerca a mis labios y saca su lengua para lamer mi labio inferior, gimo en respuesta esperando por más y lucho para solamente hacer que su erección se haga más grande y dura sobre mi vientre y haga fricción.

Gruñe.

—Te lo dije, cariño. Tu coño quiere que lo folle con mi polla. Tú quieres que te folle—mete un dedo, luego dos y arqueo mi espalda—y lo haré…hasta que me ruegues.

—Joder—digo sintiendo el abandono de sus dedos en mi interior. Los saca y pinta con mis fluidos mis labios, se detiene a admirarlos y luego hace lo indispensable.

Me da un beso casto.

Bear siempre da, pero no tanto, no como quisiera, no como deseo y estoy segura que eso es lo que quiere, volverme loca tanto como puede que esté él. Pero si sigue escarbando, no creo que le guste lo que encuentre en mi interior.