Capítulo 13
El gato y el ratón
Konstantin y Anton se pierden en la oscuridad de los alrededores y soy sacada por Bear a rastras de la camioneta hasta que llegamos al vestíbulo del castillo. Me tropiezo y caigo al suelo.
—¿Qué te dije, Rose?
Rose. Sigue enfadado. Por supuesto, intenté escapar cuando me lo advirtió y terminó matando a alguien a sangre fría. Por mi culpa.
—Bear, por favor.
—¿Por favor?—se burla, poniéndose de cuclillas y haciendo tronar su cuello en un movimiento.
Creo que nunca lo había visto tan enfadado y algo me dice que es su faceta normal día a día.
Él mismo lo dijo, yo ya no era su juguete al cual asustar, ahora era su presa.
No hagas enfadar a un Bear cuando estés en el papel de cautiva, hago una nota mental.
—¿Qué fue lo que te dije? Y no hagas que te lo repita. Ya lo hice tres veces, no habrá una cuarta, cariño.
Trago, tomando en serio su amenaza esta vez. Casi puedo ver que sale baba de su boca y humo de su nariz porque la bestia será liberada pronto.
—Que no intentará huir.
—Así es y ¿Qué has hecho?
—Huir.
—Y no solo eso. Te pusiste en peligro sin ninguna razón y he tenido que matar a alguien por tu culpa.
Eso último lo dice con asco. Con repudio de que ese hombre me hubiese hecho daño en realidad. Se preocupa, pero no lo dirá. Yo tampoco lo diría. Yo tampoco admitiría que por un segundo estuve asustada. No por lo que haya hecho o querido hacer sino porque pensé que lo había matado.
—Corre.
—¿Qué?
—Te daré la oportunidad de que huyas de mí. Corre, escóndete si quieres, el castillo es suficientemente grande para que lo hagas.
Me apresuro a correr sin que me lo repita o cambie de opinión.
Mis pies no se detienen y puedo sentir la adrenalina salir a brotes cuando correr es lo único que hago. Jadeo y puedo escuchar los pasos detrás de mí, no es rápido, pero es grande así que cada paso de él es como cinco míos.
Él me atrapará.
Puedo sentir la bilis en mi garganta y me estremezco.
—Pequeña florecilla, tienes diez segundos para esconderte mejor—su voz amenazante me hace estremecer, y algo más que no estoy dispuesta a admitir en voz alta ni en mi mente—pero si te encuentro, te follaré, te castigaré. Y volveré a follarte hasta que entiendas que no puedes huir de mí.
Mi boca deja salir un gemido ante su cruel amenaza. Sé que no está jugando. No lo ha hecho en todo este tiempo que se ha convertido en mi sombra. Este hombre quiere devorarme completa y no sé por qué, pero estoy comenzando a creer cada una de sus amenazas.
Entro a lo que parece ser un armario en una de las habitaciones al azar y tengo que tapar mi boca con ambas manos para callar mi respiración.
Mis manos temblorosas hacen crujir mis huesos y estoy segura que es mi fin.
Intento calmar mi respiración para agudizar mi oído.
Nada. El maldito lugar está en silencio y es demasiado grande, él debe saberlo de memoria y esto es una trampa.
Lo sé. Aun así, quiero intentar salvar mi maldito trasero por mi cuenta.
No escucho nada, pero cuando pienso que estoy fuera del peligro que me acecha escucho el chirrido de una puerta y mi corazón estalla.
Miró a través de la hendidura que separa ambas puertas y no veo nada. Se ha ido, me ha dejado.
Al dejar salir un suspiro, las puertas del armario se abren de golpe y soy sacada a rastras hacia afuera. Siento sus manos en mi nuca y mis rodillas golpean la alfombra debajo de mí.
—Te encontré.
Su voz es casi un susurro como una bestia que gruñe sutilmente y aun así asusta a la presa y la deja inmóvil.
Estamos en el suelo, él sobre mí. Tenemos una guerra de miradas e intento salir de su agarre, pero es imposible, todo su cuerpo está sobre mí mientras se restriega en mí buscando mi cuello y lo muerde.
Grito.
—¡Suéltame! —me agarra los brazos con una mano y me los inmoviliza por encima de mi cabeza mientras que con la otra mano hace pedazos mi vestido y sus ojos se quedan inertes ante lo que escondo en mi ropa interior.
Mierda y doble mierda.
—¡No! —grito tratando de huir, pero la verdad es que no quiero que vea que he escondido el teléfono de Lilith.
Bear como la bestia que es rompe mi ropa interior y saca el aparato fácilmente.
Lo que veo en sus ojos no puedo explicarlo, es como si lo haya traicionado más de lo que ya lo hice en toda la noche y sus fosas nasales se abren en un gruñido.
Él va a matarme.
—Dime—gruñe—¿Cómo crees que deba castigarte, Rose?
No respondo y dejo de moverme porque estoy cansada. Estoy cansada de pelear, lo que intentó hacerme ese hombre en la calle por mi culpa. Es como si Bear me advirtiera del peligro y yo corra más hacia él.
¿Cómo lo hace?
No respondo y dejo salir todo el aire que había acumulado en mis pulmones.
—Haz lo que quieras—gruño en respuesta—mátame si quieres o vete a la mierda. Por mi cualquiera de las dos está bien.
Ladea la cabeza y estrella el teléfono a la pared.
—Tú lo pediste, florecilla.
Observa mis pechos desnudos y puedo sentir su erección formándose en mi vientre. ¿Ahora también será mi violador?
Lo odio.
Cuando siento que todo está perdido, se levanta y me deja desnuda en el suelo. Se va hacia uno de los cajones de la habitación donde me escondí y me doy cuenta que es una habitación de huéspedes o algo por el estilo, el polvo acumulado me lo dice. En esta habitación no duerme nadie.
Cuando veo que trae consigo unas cadenas de acero, las arroja a la cama y se quita la chaqueta y la camisa de botones junto con su corbata, los lanza al suelo y se queda con los pantalones de tela.
Se me hace agua la boca al ver su cuerpo perfectamente esculpido y lleno de tinta y ahora su cabello está revuelto alrededor de sus hombros.
Es la primera vez que veo a detalle sus tatuajes, todos son rosas, es como si su cuerpo tuviese una enredadera en cada parte de su piel, espinas, pétalos, rosas.
Dios, ¿Cómo puede ser tan…? ¿Perfectamente cruel?
Giro sobre mi cuerpo, lista para seguir huyendo, no me importa estar desnuda y Bear corre antes de que pueda llegar mi mano al pomo de la puerta. La cierra de golpe y me toma del cabello fuerte para arrastrarme hacia la cama. De nuevo.
Es cruel. Es determinado. Y cada poro de mi piel se excita y me odio por ello.
Me arroja a la cama completamente desnuda y me coloca las cadenas en las muñecas que al final llevan unas esposas. Ni siquiera voy a preguntar cómo tiene estas cosas en esta habitación, pero sé que no soy la primera; eso me queda claro.
—No puedes hacerme esto—protesto cuando lo veo concentrado tumbado a horcajadas sobre mí mientras enjaula mis manos por encima de mi cabeza al cabecero de la cama.
Su aroma, ese perfume a nubes e infierno me revuelve las tripas y no en una forma que no me guste.
El ruido de las cadenas me incomoda, pero la sensación que hace eso en medio de mis piernas me delata sintiéndome caliente por alguna razón.
Siento su aroma sobre mí de nuevo. Y puedo ver su erección tan cerca que me provoca morderlo para que me deje ir.
Una vez estoy inmovilizada, se aparta y me observa, cierro las piernas para ocultar mi sexo y se ríe.
—No es algo que no haya visto antes, cariño. O probado.
Otra ola de calor y aprieto mis labios en protesta. Quiero gritar, pero eso no serviría de nada.
—Vete a la mierda. ¡Hijo de puta, enfermo!
Se ríe de nuevo, pero veo enfado al mismo tiempo.
—¿Así que quieres gritar? Eres tan predecible, Rose. Pero todavía no sé por dónde empezar. Si marcarte como mía para que recuerdes que no puedes huir, o dejarte claro que no vas a querer irte de mi lado, morirías ahí afuera.
¿Él cree que tengo miedo a morir? No le tengo miedo a la muerte. La he estado esperando sentada y he puesto un letrero de bienvenida. Pero quiero morir dignamente, no en manos de un drogadicto de la calle ni mucho menos en manos de una bestia que se ha empeñado a ser mi maldita sombra.
—¿Qué tengo que hacer para que me mates?
Mi pregunta hace que su sonrisa se borre. Sí, no se lo esperaba. Puedo ser obediente en ciertas cosas, pero me rehúso a ser su mascota. Prefiero la muerte antes de entregarle mi alma a este hombre.
—Hay muchas maneras de morir, Rose. Y una de ellas, la que creo que te gusta es el placer.
No hay mejor castigo que ese. Que alguien como yo te dé placer aun odiándome, puedo ver tus pezones duros y tu coño brilla de excitación.
Déjame adivinar, ¿Es por mí? ¿Te gusta el peligro? ¿O solo lo que yo te hago?
—¡Vete a la mierda!
Las cadenas suenan por encima de mi cabeza y comienzo a sentir el ardor en mis muñecas. Me estoy haciendo daño y no me importa quizás si lo intento más pueda cortar un punto débil de ellas y desangrarme hasta morir.
Sí, puedo hacer eso.
Me muevo como una maldita loca. Haciendo rebotar mis tetas y sintiendo el escozor de las esposas en mi piel, cortando cada vez más. Mis gemidos y gruñidos le provocan algo porque llega hasta a mí de nuevo a horcajadas y me toma del cabello, lo cual arde al instante.
—¡Detente, maldita sea!
Su rostro llega a mi cara y sus labios se estrellan a los míos haciendo callar y hace que deje de moverme. Es como morir. Y mi corazón late tan fuerte que podría salirse de mi pecho. Tiene que ser por el esfuerzo y el dolor en mis muñecas. ¿Verdad?
Mi boca se abre automáticamente y pruebo su lengua, dejando salir un gemido y sintiendo mi humedad arder en medio de mis piernas. Su gran mano cubre uno de mis pechos y lo abofetea. Gimo y enarco mi espalda para que lo haga de nuevo.
Se ríe en mi boca. Y de nuevo abofetea esta vez el otro haciendo que mis pezones se vuelvan unas cerezas rojas y duras.
Su mano recorre mi vientre plano y dejo de moverme cuando se detiene en mi abertura y comprueba lo húmeda que estoy.
—Tu coño llora por mí, florecilla. No puedo decirle que no.
Sin esperarlo hunde un dedo y luego dos y comienza a bombear mi sexo de adentro hacia afuera, balanceándome sobre su mano y sus labios en mi boca. Quiero tocarlo.
Lo odio y lo deseo al mismo tiempo. ¿Por qué me hace esto? ¿Por qué me hago esto?
—¡Dios!—gritó a punto de correrme y se detiene, sacando sus dedos de mi interior y se los lleva a la boca. Los saborea con una sonrisa diabólica y luego golpea mi sexo con la misma mano haciéndome temblar y corriéndome fuerte cuando golpea por segunda vez.
—Tu miedo sabe tan bien, Rose. Eres una buena chica.
Me retuerzo sin tener contacto con él y su mano y me odio por eso.
¿Cómo mierdas hizo que me corriera así?
Mis ojos se llenan de lágrimas sin derramar por la vergüenza. No voy a llorar me repito una y otra vez y Bear me observa en la oscuridad y el silencio.
Solo escucho mi respiración agitada así que decido hablar:
—Por favor, déjame ir.
No responde. Me suelta las muñecas de las esposas y caen ellas solas porque no puedo moverlas.
No puedo moverme en absoluto. Estoy muy cansada y avergonzada.
De nuevo hizo que me corriera. Antes era un juego, uno que me gustaba jugar, pero ahora soy su esclava, su mascota y me odio por darle el mismo gusto de verme débil.
—No puedo. Estás en lo más profundo de mi alma. La única manera de dejarte ir es que me la arranquen.
Me da un beso en mi frente y se va. Dejándome sola sumida en mis pensamientos.
¿Qué mierda significa eso?