La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

Cuando estoy lista para correr; él es el primero en echarse a correr hacia mí con la navaja en su mano. Retrocedo y busco un objeto, una piedra o algo para defenderme. Pero solo hay un contenedor de basura, suciedad y basura acumulada en el callejón.

—¡Por favor!

Me agarra del cabello y me arroja al suelo con fuerza. Se coloca a horcajadas sobre mí y quiere rasgar mi vestido para ver lo que hay debajo. Sus ojos se abren como platos cuando ve un poco de piel y se relame los labios llenos de llagas y dientes podridos.

Su navaja se desliza en medio de mis pechos, haciéndome daño en cada trazo y grito. No por el dolor, sino de la rabia de tener que huir de una bestia para haber encontrado algo peor que él.

Lo golpeo con el puño y la navaja sale disparada de sus manos.

Se tambalea cuando lo golpeó en la cara y se queja del dolor cuando cae.

Lo primero que veo es la navaja y la tomo entre mis manos y me pongo de pie rápidamente cuando se acerca.

Él hombre está demasiado débil ahora para defenderse, no es que mi golpe haya sido duro tampoco, pero en su estado, eso no ayuda.

Tiene la mirada perdida y comienza a reírse, pero está enfadado de no tener el control ahora.

—Un movimiento más y te clavo esta navaja.

Vuelve a reírse y hace caso omiso a mi amenaza cuando se acerca y no lo pienso dos veces.

Sintiendo mi corazón latir a mil, la cólera y la impotencia de que haya personas como estas haciendo daño en la calle; me llena de rabia y clavo la navaja en su pecho como si en el fondo de mi mente eso es lo único que tengo que hacer como una orden de vida o muerte.

Y me veo de nuevo saliendo de mi cuerpo y observando todo el panorama.

Se detiene y yo retrocedo.

¿Qué he hecho?

Corre, florecilla.

Lo escucho en mi cabeza. No. No puedo escucharlo en mi cabeza. Yo no soy como él. Yo estoy segura que muchas vidas han terminado en manos de Bear, pero él. Él no haría algo como lo que yo acabo de hacer. ¿O sí?

El hombre ha dejado de respirar. Su pecho no se mueve. La navaja sigue clavada en el centro de su torso y yo camino hacia atrás lentamente hasta que chocó con algo duro que respira agitado y gruñe al mismo tiempo.

Me giro para encontrarme con unos ojos grises que me fulminan con la mirada. Ve mi vestido rasgado y cada parte de mi cuerpo temblar y puedo escuchar sus dientes rechinar por lo enfadado que está.

Una camioneta derrapa a toda velocidad y se detiene frente a nosotros. Veo bajarse a Konstantin y Anton a toda velocidad acercándose a nosotros, pero Bear no se inmuta.

—¿Qué te dije, Rose?—amenaza arrastrando las palabras. Recordándome lo que me haría si intentaba escapar. El castigo ha sido peor al haberme encontrado con este hombre que yace en el suelo detrás de mí al cual le he arrebatado la vida.

—Yo… yo… él… lo he…yo lo maté.

Konstantin y Anton van hacia el hombre en el suelo y comprueban lo que ya sé.

—Respira—escucho a Konstantin decir y Bear me muestra sus dientes en una sonrisa fría. —El hijo de puta sigue vivo.

—Entra al auto—me ordena.—Entra al maldito auto o no respondo, Rose.

—No.—digo.

Bear asiente y se aleja de mí, no sin antes quitarse la chaqueta y poniéndomela sobre los hombros. Veo cada uno de sus movimientos y parece que quisiera literalmente matar a alguien.

Llega hasta donde está el hombre. Me llevo las manos al pecho sintiendo como mi corazón ahora palpita con más irregularidad y veo a Bear cuando se arrodilla, sacando sin cuidado la navaja del pecho del hombre, el cual despierta gritando del dolor.

—Ven aquí—me doy cuenta que es Anton quien me habla directamente. Claramente preocupado por lo que sea que vaya a ver.

—No tengo miedo. —le hago saber.

Levanta una ceja.

—Deberías, y no por lo que le hará a él. Sino por lo que te hará a ti luego.

Ignoro su comentario y regreso mi mirada a Bear que sostiene la navaja en la mano y chorrea sangre hasta el suelo.

Bear vuelve a verme. De pies a cabeza, y puedo ver cómo se imagina todo tipo de cosas.

Como lo que me hizo o intentó hacerme ese hombre.

Al ver mi vestido rasgado y mis rodillas con suciedad cuando caí al suelo, es entonces cuando lo veo en su mirada.

Una diferente, una llena de caos y venganza.

Y me sonríe antes de clavar la navaja por el cuello del hombre, creando una cascada de sangre alrededor de él.

Gimo en mi interior y no puedo moverme para huir ahora del peligro que me acecha. En cambio, me quedo ahí, viendo la vida escapándose en cada litro de sangre que borbolla en su garganta y ahogándose en la misma hasta que se detiene.

—No has matado a nadie, Florecilla. Lo he hecho yo.

¿Cómo puede estar tan tranquilo? La bilis se me revuelve en mi garganta y hago arcadas llevándome las manos a la boca.

Cuando mis pies vuelven a moverse y quiero correr.

Bear me toma del cabello y me arrastra hasta el auto, haciéndome daño esta vez y lanzándome al interior del mismo.

Konstantin y Anton no dicen nada en todo el trayecto a casa y yo permanezco en silencio, esperando con la frente en alto mi castigo.

Porque sé que llegará. Me lo dice su silencio. Y Bear nunca guarda silencio.