Capítulo 12 #2
Lilith llega hasta a mí y toca mi rostro, buscando un rastro de tortura o si estoy herida.
—Tú vestido es nuevo, tu cabello está precioso, hueles bien y estás usando maquillaje. ¿Estás segura de lo que dices?
—Me llevó con él.
—Vamos a calmarnos, de acuerdo. Este… hombre, Bear. ¿Te secuestro? ¿Por qué llegaste a esa conclusión?
Me llevo las manos al rostro. Faltan diez minutos para que salga a tocar y mi cabeza está matándome del dolor. Solo quiero esconderme de él, pero es como mi sombra y donde quiera que vaya, él estará ahí.
—No me dejaba salir.
—¿Te das cuenta dónde estás?
—Sé cómo se ve. Es lo que él quiere que se vea. Que lo vean como mi novio, que la gente no sospeche de mi desaparición porque eso podría alertar a mi padre y quizás sus enemigos.
—A ver—Lilith me toma del rostro y hace que la vea—¿Qué tiene que ver tu padre en esto? ¿Y de qué estás hablando?
Le cuento a Lilith de cómo desperté en ese lugar.
Lo que Bear hizo conmigo y Ripley y ahora sueno como una maldita loca.
Si lo pienso de otra manera, es como si me hubiera escapado con mi amante las últimas horas y ahora haya regresado como si nada malo estuviera pasando.
Eso es lo que él quiere, volverme loca. También le cuento lo poco que sé de mi padre y que esto se trata de alguna venganza.
Mi padre se metió con la gente equivocada, la pregunta es: ¿Cuándo llegarán a mi padre?
—¿Te ha lastimado?
¿Lo ha hecho?
—No lo sé.
—Sí me dices que lastimarte es quitarte la ropa interior entonces tienes un problema sobre la realidad con tu nuevo amante.
Le doy un golpe en el brazo y solo consigo que se ría y por desgracia yo también me rio.
—¿Quien ha dicho que me ha quitado la ropa interior?
—¿Acaso llevas?
Mi silencio habla por sí solo.
—Bien, toma mi teléfono. Escóndelo. No sé dónde. Pero hazlo, llámame y rastrearé la llamada e iré por ti con toda la policía de Chicago. Hay algo oscuro en él, pero no lo vi con ganas de querer matarte, al menos no físicamente y hacerte sangrar sino matarte de otra cosa, el tipo es una bestia.
—Gracias. Por creerme. Más o menos.
—No sé qué se traiga entre manos, pero intenta averiguarlo por tu cuenta. No lo hagas enfadar, haz lo que mejor sabes hacer.
—¿Y eso es?
—Volver loco a los hombres… incluso a las bestias.
Al tocar la última tecla del piano, abro los ojos y la gente comienza a aplaudir. Me pongo de pie y siento que los vellos de mi nuca se erizan. Cuando volteo, mi sombra estaba acechándome tras bambalinas y me insta a caminar hacia él.
—Espectacular como siempre.
La gente a nuestro alrededor lo ven con curiosidad y algunas mujeres no importa la edad se sonrojan cuando él las ve. Pero Bear solamente está vigilando el terreno a mi alrededor.
—¿Puedo ir al tocador?
—Puedes. —doy el primer paso y me detiene—pero yo voy contigo, florecilla. No me fío de ti.
Camina a mi lado y llego a mi camerino, donde entro a mi baño privado.
Bear se queda en la puerta y yo sin tiempo que perder busco el móvil de Lilith y lo meto dentro de mi ropa interior que a último momento me he puesto antes de salir a tocar.
No iba a dejar que cientos de personas me miraran el trasero con el diminuto vestido que estoy usando esta noche.
Lo coloco dentro y abro el grifo para lavarme las manos.
En cuanto salgo, Bear está de brazos cruzados en el marco de la puerta con una mirada ilegible en su rostro.
No sé si esta noche se va a repetir, pero el miedo que me invade de no ver la luz del día me llena de ansiedad y solo quiero huir de él antes de que sea demasiado tarde.
En cuando me ve salir se acerca como una bestia y me mira directo a los ojos.
—Última oportunidad, Rose. No intentes hacer nada estúpido.
¿Cómo lo sabe? ¿Soy tan obvia?
—Solo necesitaba refrescarme un poco. Los dedos, me duelen siempre que termino de tocar.
Me observa una última vez antes de asentir con un movimiento de cabeza. Me agarra del brazo y me insta a salir de mi camerino, pero nos detenemos en la puerta cuando veo a dos caras conocidas.
—Ahí estás—Jack, mi representante en compañía del señor Walt el dueño del teatro de ochenta años que es tan amable como una pasa.
Ellos ignoran por completo a la bestia que tengo al lado y entran llamando toda mi atención. Me tensó ante el toque posesivo de Bear quien me ve confundido y a ellos con ganas de matarlos ahí mismo.
—Ella ya se iba—Bear habla por mí y ambos hombres se detienen ante la voz posesiva a mi lado.
—¿Y tú eres? —pregunta Jack. Poniéndosele delante.
Bear se ríe y no se inmuta de su tamaño. De hecho, Bear es un animal comparado ante él en estatura.
—Alguien que te cortará la cabeza si no te quitas de enfrente.
Jack traga en seco y me ve confundido.
—Sólo está bromeando—me obligo a decir, poniéndome frente a Bear lo que lo hace gruñir.—Solo tardaré dos minutos, cariño. ¿Puedes esperarme afuera?
Veo a Bear y se lo piensa. Como si estuviera planeando algo, el hombre no es ningún idiota.
Pero no es que vaya a ir a algún lado de todas maneras.
En ese momento alguien le habla por el auricular que no me daba cuenta que traía y se queda perdido en la voz a través de él.
Sale por la puerta por un segundo y me apresuro a llegar donde Jack.
Lo arrastro a mi armario privado, que tiene una salida de emergencia y sin explicarle mucho le digo que me cubra.
—¿Quién es ese tipo?
—Señor Walt es un placer verlo, pero me tengo que ir.
Ignoro a mi representante y el señor Walt me sonríe confundido. Es un señor demasiado mayor para entender lo que está pasando, pero lo respeto por eso.
Muevo el perchero de abrigos y abro la puerta de emergencia de incendios escondida detrás de toda mi ropa. Por suerte está sin cerrojo. Jack me ve confundido y lo señalo cuando le digo.
—Sí preguntan por mí diles que no sabes nada.
—¿Te refieres al mafioso de hace un momento?
No es mafioso. Que yo sepa. Pero se asemeja a un matón de todos modos.
Me pongo el abrigo.
Cierro la puerta detrás de mí y corro hacia el largo pasillo que da directo a la calle del teatro en la parte de atrás.
No recuerdo cuando fue la última vez que tuve que huir de mi representante y el señor Walt por aquí, pero me alegro de estarlo haciendo ahora y ellos no son los culpables esta vez.
Tiemblo y no dejo que mis piernas se detengan.
Mis tacones son incómodos para correr así que me los quito y corro sin ellos, sintiendo la humedad que se pega en mis pies por el asfalto mojado de este túnel.
Cuando llego a la rendija que da a la calle la abro y me agacho, rasgando un poco mi vestido en el intento.
Al momento en que estoy ya en la calle, la fría noche me da una cachetada y me recuerdo que no tengo un lugar adonde ir.
Y tampoco sé si fue buena idea haber huido de Bear y sus secuaces.
Es demasiado tarde para lamentarlo, porque ya estoy caminando en sentido contrario, chocando con algunos hombros de las personas que se me atraviesan en el camino.
El corazón se me saldrá por el pecho, literalmente lo hará si no me relajo y me detengo a respirar.
Un ataque de asma en medio de mi huida es lo que menos necesito en estos momentos.
Estoy entrando en pánico, sintiendo la adrenalina atravesar mis venas entre más me alejo del teatro. Y los pasos a mi alrededor van disminuyendo, quedándome completamente sola en medio de la calle poco transitada en medio de la noche.
Esto se ve mal.
Caminar sola en medio de la noche, descalza y… de pronto me detengo al escuchar pasos detrás de mí. Apenas deslumbró una silueta masculina acercándose.
No es Bear. Lo sé porque de alguna manera Bear no me hace sentir en peligro, con Bear todo es claro. Sé que moriré en sus brazos sin más.
Pero esto es diferente.
Acelero más mi paso y giro a la derecha, llegando torpemente a un callejón sin salida. Retrocedo y el tipo se ríe detrás de mí.
—¿Tienes algo de cambio, preciosa?
Un drogadicto.
Tiene la mirada brillosa y sus ojos se desplazan desde mis pies desnudos hasta mis ojos bien abiertos.
—Lo siento, no traigo nada.
Eso no parece gustarle, porque cuando veo que saca una navaja y la apunta hacia mí, lo único que puedo hacer es buscar mi próxima salida y salir corriendo.
—No te creo.
—Mírame estoy descalza. No traigo siquiera un bolso.