Capítulo 12
Un pétalo yace abandonado y desgarrado en el suelo.
Otro pétalo.
¿Ha comenzado a ser de nuevo mi acosador? Me incorporo en la cama y veo que hay una bandeja de comida a mi lado. Todo se ve delicioso, el corte de carne es perfecto y la ensalada griega también.
—Come—esa voz. Me giro y veo a Bear, está usando un traje de tres piezas y mi mandíbula cae al suelo.
Mierda.
Este hombre puede hacer lo que quieras con solo abrir la boca. Se me hace agua la boca al verlo perfectamente peinado. Su cabello en una coleta, su barba recién cortada y sus manos tatuadas que las decoran la manga de su traje.
—¿Te gusta algo de lo que ves? —veo diversión en su rostro. Mierda. Veo hacia el plato de comida y le hinco el diente antes de que me castigue por no obedecer a sus órdenes.
No sé lo que pasó hace rato, pero no me siento la misma persona. Siento que algo pasó en ese despacho, los recuerdos son vagos, pero recuerdo la sensación de sentirme enferma. Ahora Bear me ve con curiosidad mientras se acerca a mí y me agarra de la barbilla para que lo mire.
—Te he hecho una pregunta, cariño.
Trago.
—¿Qué?
—¿Qué si ves algo que te gusta?
—Sí…—me tiembla la voz— la comida.
No puedo explicar lo que siento cuando escucho a Bear romper en una gran carcajada. Fuerte y ruda. Me suelta el rostro y se separa de mí para conseguir algo, lo sostiene a mi lado y me quedo sorprendida.
—Póntelo.
Es un vestido elegante y además sexy. De mi estilo y también de mi talla.
—¿Adónde vamos?
—Es jueves, Florecilla. Tienes un concierto.
—¿Qué? —no lo puedo creer. Y no sé por qué sueno tan decepcionada hasta que Bear se sorprende de mi pregunta.
—¿Acaso mi florecilla está decepcionada porque no es una cautiva encadenada? Puedo ponerte una cadena ataba a mi pie si es lo que quieres. Pero esta noche, necesito que des un espectáculo y que la gente nos vea juntos.
—¿Juntos? —arrastro las palabras—No puedes…
—¿No puedo? —vuelve a tomarme esta vez del cabello y me quejo del dolor—Puedo tomar cada puta gota de ti, me perteneces.
Vas a malditamente presentarme como tu novio si eso hace falta para que nadie se atreva a invitarte a una ridícula cita, porque no quiero que nadie sospeche que estás bajo mi hechizo ¿Si entiendes muy bien lo que digo?
La verdad no, no lo entiendo. Pero no soy estúpida. No quiere levantar sospechas de que estoy desaparecida, y tampoco de que de pronto aparezco con un hombre malditamente sospechoso a mi lado luciendo como un maldito vikingo.
Claro que lo entiendo.
Casi puede verse mi culo con este vestido.
Hice lo que pude con mi cabello y también me sorprendí que Bear se preocupara tanto por verme hermosa que tenía alisadoras y grandes cantidades de maquillaje.
Por un momento me sentí ofendida, pero lo dejé pasar porque los hombres no saben nada sobre cómo una mujer debe lucir o verse.
Bear me espera del otro lado de la habitación y cuando no puede disimular al verme. Veo como traga y carraspea su garganta cuando dice:
—Vamos.
Me acerco a él y toma mi brazo de forma posesiva cuando me insta a ser la primera en salir por la puerta.
El pasillo es largo, lo que me da tiempo para verle, se ve exquisito con ese traje de tres piezas y no parece la bestia que me tiene aquí encerrada en este maldito castillo de piedra.
Yo aún no puedo creérmelo. Cuando estamos cerca de bajar por las escaleras me toma de la cintura y de la nuca y me estrella contra la pared.
Restregando su ya erección dura en mi vientre me amenaza.
—Si intentas huir de mí, florecilla vas a lamentarlo. Voy a castigarte tan duro que no te quedará la menor duda de que me perteneces ahora. Y si intentas hacerte la lista, voy a marcar ese lindo culo que tienes con mis dientes. ¿Has entendido?
Trago y mis fosas nasales se hinchan de excitación y de enfado. Es un maldito hijo de puta.
—Dime si lo has entendido—aprieta más su agarre y me quejo del dolor. Lo golpeo por acto reflejo en el rostro y sé que es el primer error de la noche. Estoy cansada de que me trate como una mierda insignificante.
Mierda.
Se lame la sangre de su labio y sonríe, el dolor le provoca excitación. Pero también mi enfado. Ya me lo había dicho antes. Verme echa una fiera es lo que le da luz verde para volverme loca y jugar conmigo.
Golpea la pared con su puño y con la otra mano me toma ahora del cuello. Apretándolo.
Lo que provoca en mí es todo lo opuesto a tenerle miedo.
Me encanta despertar a la bestia que tengo frente a mí y él se da cuenta.
Con su mano libre, la que antes golpeó la pared sobre mi cabeza, comienza lentamente a meterla en el centro de mis muslos, hasta llegar a mi ropa interior y romperla de un solo tirón.
Gimo e intento moverme, pero es como si intentara mover una montaña.
Sus dedos gruesos y largos juegan en mi sexo y se detiene cuando se da cuenta de mi humedad.
—Vas a jodidamente lamentarlo, cariño—sisea cerca de mis labios.
Pasando su lengua sobre mi mejilla. Provocándome, y deslizando su pulgar en mi clítoris.
Ahora no lo golpeó, sino que mis caderas se aprietan más hacia él y lo atraigo más hacia mí.
Buscando sus labios, los cuales me niega. —Te has mojado sin mi permiso.
¿Qué?
Pensé que estaba molesto porque lo he golpeado. Pero en cambio, está molesto por lo que su cercanía provoca en mí. Y cuando estoy comenzando a sentir mi excitación aún más fuerte. Saca su dedo en mi interior y se aleja. Tomando mi mano y llevándome escalera abajo.
Nos detenemos al pie de la escalera cuando vemos a Ripley y a los dos otros hombres misteriosos detrás de él.
Los tres hombres se quedan en blanco y veo cómo aclaran su garganta cuando Bear comienza a gruñir.
—Voy a sacar sus bonitos ojos de sus caras sino dejan de verla—la amenaza de Bear hace que ellos dejen de verme y rápidamente Ripley es el primero en irse.
El chico que no parece odiarme se queda en la puerta y el otro chico se dirige al auto.
Ambos están vistiendo traje, pero no usan corbata.
¿Irán también con nosotros? De cualquier forma, ya estoy dentro de la camioneta todoterreno.
Y quien va conduciendo es el chico divertido y el otro que claramente me odia va de copiloto.
Mis manos tiemblan y todavía no sé qué estoy haciendo o qué está haciendo él. He estado desaparecida más de veinticuatro horas si es que no más. Y mis manos no dejan de temblar.
Bear me da un bote con agua y lo veo sospechosamente.
—Bebe.
Tomo la botella y la llevo a mis labios. Me termino todo su contenido sintiéndome agradecida sin saber que lo necesitaba. Bear no dice nada ni sus amigos tampoco.
—¿Quiénes son ellos?
—Vamos a dejar algo claro, cariño—hace que lo mire por su tono de voz—aquí no tienes derecho a hacer preguntas, cuestionarme o desobedecer. ¿Entiendes?
—No, no lo entiendo. —escucho una risa de nuestro conductor y Bear no se inmuta. Está enfadado por mi desafío.
—Me has secuestrado, me has humillado y ahora quieres que me quede simplemente de brazos cruzados. He obedecido tus órdenes en las últimas veinticuatro horas. Solo te pido que me digas quienes son ellos y porque tengo que dar un concierto esta noche.
No responde. Sé que no lo hará y es una pérdida de tiempo discutir con él delante de sus amigos o perros guardianes, ni lo sé. Al menos Ripley me muestra un poco de piedad, pero no es tan inocente. Todos están juntos en esto.
—Soy Anton—dice una voz y me doy cuenta que es quien conduce. El que me llamó perra. —Y este es Konstantin, no habla mucho y sí, es el que más te odia de los tres, pero descuida. No te haremos nada al menos que Bear lo quiera.
Tiene acento ahora que ha dicho más de una palabra. La primera vez estaba tan asustada en el laboratorio que no lo noté. Pero todos tienen acento.
—Cierra la boca. —Bear lo aniquila con la mirada—No quiero que nadie hable hasta que lleguemos.
—Sí, señor—Anton se burla y yo me entierro en mi asiento. Los hombres que me odian tienen un nombre y son tan aterradores como su físico. Comenzando con la bestia que tengo a mi lado.
Lilith corre hacia mí y me abraza.
—¿Estás bien? No has respondido a mis llamadas. Después del apagón no te volví a ver y tampoco estabas en tu apartamento.
—Dime por favor que has alimentado a mi gato.
Lilith ve detrás de mí y por su reacción sé que está tan sorprendida como yo en estar en mi camerino.
—Él es Bear—por mi tono de voz Lilith parece entender de quien se trata porque abre los ojos como platos.
—¿Bear?
—Lilith Lesnik —Bear se presenta y le tiende la mano—Rose me ha hablado mucho de ti… y tu hermano. ¿Cómo está él por cierto?
Lo detengo cuando se acerca demasiado a mi amiga quien ya está tomando su mano y se sonroja. Bear puede ser intimidante y jodidamente guapo que te puede confundir. Pero lo que he visto en las últimas horas me ha dejado claro que no solo es un hombre hermoso, también es despiadado.
—Él está bien y a juzgar por el tono sé que no le agrada. Que sepa que a mí tampoco y en esto estoy con Rose.
Bear sonríe y asiente. Acercándose más a Lilith y susurrándole de cerca.
—¿De verdad?
—S…Sí—Lilith me ve confundida y yo niego con la cabeza para que le siga el juego.
—Entonces, son amigos. Eres el tipo de los pétalos.
Mierda. Eso no fue una pregunta. Mi amigo capta rápido.
Bear suelta su mano y ahora está mirándome a mí. Le divierte. Y ahora está intrigado de que alguien más sepa su secreto y los pétalos.
—¿Lo soy?
Ahora me acorrala frente a mi amiga y retrocedo, pero es en vano. Caigo en mi silla y Bear coloca sus manos en ambos lados de la silla y deposita un beso en mi coronilla.
—Estaré en primera fila, cariño. —Se abrocha el botón de su traje y camina hacia la puerta—Señoritas.
Me deja a solas con mi amiga. Quien todavía está con la boca abierta. Mirándome perpleja y mi corazón yendo a mil por hora.
—Rose.
—Me secuestró—es lo único que puedo decir.
—¿Qué?
—La noche anterior. Después del concierto y el apagón. Lo hizo él. Me llevó con él.