Diez años atrás
Soy consciente de que ya no tengo catorce años, pero puedo ver a la chica del otro lado de la calle que va caminando sola, viene del colegio. Nunca toma el autobús, le gusta caminar porque eso hace que se mantenga en forma. Caminar es sano, se lo dijo su madre.
Mi madre. Mi cabello no era platinado como ahora, era castaño rubio. Y mis ojos no eran tan claros como lo son ahora. Es increíble lo que un lugar puede hacerte. Cuando te convierten en un pequeño conejo blanco de experimento.
Me paro en seco y sigo a la chica que tengo frente a mí.
—¿Qué ves, Rose? —es la voz de Ripley. ¿Por qué lo escucho y no puedo verlo?
—Estoy…estoy caminando por la calle, tengo catorce años y… me gusta, me gusta caminar.
—Bien, sigue caminando, Rose. Y dime qué es lo que sucede ese día.
Una camioneta negra derrapa…
—Una camioneta… el olor a neumático quemado me da náuseas y me detengo cuando veo a unos hombres con capucha en sus cabezas correr hasta a mí, me cubren la cara con algo y siento muchas ganas de dormir… yo estoy… estoy muy cansada…
—Quédate conmigo, Rose. ¿Adónde te están llevando?
—No lo sé. Uno de ellos dice que soy demasiado hermosa que pueden cambiar los planes y…
—Está bien, no pueden hacerte daño, estás en tu lugar seguro, recuérdalo.
—Estás a salvo, Rose. ¿Dime que hacen cuando despiertas? ¿Cómo es el edificio?
—Es uno blanco… un… laboratorio. Creo que es un laboratorio y los hombres hablan en ruso.
No puedo entenderlos, pero un médico les habla en el idioma que conozco y les dice que habrá consecuencias por lo que me hicieron.
Comienzan a limpiarme, uno de los médicos no tiene que saber lo que ellos me hicieron.
Están… están intentando ocultarlo, uno de los hombres dice que es una paga extra, que yo…
que yo soy una paga extra. Me conectan a unas máquinas, me desnudan y me colocan una bata y yo solo… quiero a mi madre.
—Lo estás haciendo bien, Rose. ¿Dime dónde estás?
—No lo sé. Todo es tan blanco, las máquinas emiten mucho ruido y yo solo tengo mucho dolor por las agujas en mi cabeza y en mi muñeca, están sacando sangre y la cabeza me duele mucho… yo creo que voy a desmayarme.
—No lo harás, Rose.
—Ya no estoy ahí, el laboratorio está desapareciendo yo…
El sonido de las máquinas no son de ahí, son de la realidad. Siento unas manos en mi rostro y mi respiración comienza a ser más rápida.
—¡Mierda! —esa voz… es de Bear, pero no lo veo.
—Rose, vas a despertar, cuando cuente hasta tres. Estás en tu lugar seguro de nuevo, pero necesito que regreses a mí, escucha mi voz ¿De acuerdo?
No lo sé. Se siente tan bien… no sentir nada. Ahora todo es oscuridad. —1…2…3. Despierta, Rose.