La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

No le tengo miedo. Aún débil y sucia, ya se ha divertido conmigo. No le tengo miedo.

—Será mejor que me digas qué mierda hago aquí. ¿Habías estado jugando conmigo todo este tiempo?

Me pongo de pie cuando lo miro llegar a largos pasos hacia mí y se detiene cerca sin hacerme retroceder. No le tengo miedo.

—Rose…

Aspira profundo y cierra los ojos. Cuando los abre veo al hombre que se escondía en las sombras y me estremezco. No puedo creer que sea la misma persona. ¿Tiene dos personalidades? No. El simplemente jugó conmigo.

—¿Quieres dinero?

—¿Lo tienes? —se burla. Estoy segura que sabe cada maldito centavo que poseo. —No creo que cinco millones y un fideicomiso de otros tres me sirvan de algo, cariño.

Lo sabe. ¿Qué más sabe?

—Mira a tu alrededor. ¿Crees que necesito dinero?

—¿Entonces qué quieres? ¿El dinero de mi padre?

Veo cómo aprieta su mandíbula cuando menciono a mi padre. O lo ofende demasiado mi pregunta sobre el dinero. No soy idiota, pero quería intentarlo. No necesita dinero. Se ve que está podrido en él, aunque su procedencia sea dudosa.

—Tu padre…

Retrocede y camina por la habitación sin mirarme. No me está diciendo nada. Todo esto es tan confuso que por poco siento que estoy teniendo una de mis peores pesadillas. Solo quiero ir a casa.

—Tu padre es un terrorista.

Esas palabras me hacen caminar hacia él lentamente. Negando con la cabeza. Mi papá no le haría daño a nadie. Es solamente un médico, un científico más en el país en busca de la próxima cura a otra enfermedad. Esto es un error y Bear está equivocado.

—¿Mi padre?

Bear me mira y el pequeño rastro de mi obsesión se esfuma antes de aparecer por completo. Su mirada sigue siendo de odio ahora que ha mencionado a mi padre.

—Es solo un…

—Robert Van Raven, un científico holandés que descubrió cómo detectar a tiempo el Alzheimer y su posible cura.

Casado con Rose Van Raven, ex modelo americana con quien tuvo a su única hija, Rose Van Raven, quien se convirtió en la primera chica joven prodigio del piano en tocar frente a cincuenta mil personas a la corta edad de dieciocho años…

—Basta.

Sabe todo de mí. Lo que yo ya sabía. Pero el tono en cómo lo dice. La forma en cómo ha estudiado nuestras vidas es la que no me gusta. ¿Quién es Bear? El odio con el que escupe toda la verdad simplemente me deja helada.

—No hagas preguntas cuyas respuestas no quieres saber, florecilla.

No soy un hombre que miente o tiene paciencia como lo has visto.

Por si no te queda claro todavía, puedo dejártelo claro de una puta vez—me toma del rostro y me estrella contra la pared sintiendo el dolor punzante en mi espalda y aprieta más su agarre ahora en mi cuello.

—No me provoques. No intentes huir, no intentes manipularme de nuevo haciéndote la moribunda y tampoco me hagas perder mi maldito tiempo.

Mis manos tocan su brazo y lo araño. Dejó marcas rojas en su piel marcada con tinta y suave porcelana. El hombre se cuida demasiado. ¿Usa crema antes de dormir? Él es el que tiene que saber la verdad.

—Lo que sea… que intentes hacer… no lo lograrás. Al menos no conmigo.

Ladea la cabeza y se ríe.

—¿Crees que estoy jugando?

Su agarre se aprieta más y no puedo hablar. Solamente jadeo, pero no muestro piedad ni miedo. En eso no estaba jugando. Puedo verme débil por mi maldita enfermedad, pero no me verá rogar por piedad.

—¿Estás jodiéndome? —no sé a qué viene eso—¿Ni una lágrima? ¿No ruegas?

—P…púdrete. —logró decir antes de comenzar a ver luces y que todo se oscurezca.

—¿Así que esto es lo que eres? Una mujer jodida de la mente que no ruega por piedad ni llora por su libertad. Creo que me voy a divertir contigo, florecilla.

Mis manos caen a los lados de mi cuerpo y soy sostenida únicamente por su mano en mi cuello. Es cuestión de segundos para que pierda el conocimiento.

—Vas a sufrir, cariño. Seré tu maldito Dios.

Seré todo lo que quieras. Vas a llorar, tu coño llorará por mí y también habrá lágrimas de verdad.

Oh, sí maldita sea. Lágrimas reales. Rogándome para que te toque, para que te haga sentir, para que haga que te corras.

¿Te gustó lo que te hice? ¿Estás decepcionada porque he dejado de ser el gato y ahora soy la bestia?

Solamente estoy comenzando contigo. Vas a querer estar muerta cuando sepas todo lo que papi ha estado cocinando en su pequeño laboratorio de mierda.

Caigo al suelo. Consciente de que me he quedado sin aire y mi cerebro sin oxígeno.

No me muevo, pero aún lo escucho. Lo siento cuando me toma entre sus brazos y me mete de nuevo a la cama.

Para odiarme, es bastante delicado en su toque ahora.

No creo nada de lo que me dice, quiere odiarme, pero hay deseo en sus ojos, en la forma en cómo me toca.

No sé por qué es cruel, lo que mi padre le haya hecho no tiene nada que ver conmigo.

Pero, aun así, estoy aquí lista para morir en sus brazos si eso es lo que quiere.

No me resistiré.

Nunca me resisto ante la muerte.

—Ahora duerme, tu tortura comienza mañana.