Capítulo 10 #2
Todo se vuelve borroso. Me tiemblan las manos. Intento correr, pero unas manos me lo impiden. Peleo con él, busco cualquier cosa para golpearlo y lo primero que veo es un plato de vidrio y se queda en el aire cuando cae al suelo y se hace pedazos.
Entonces corro de nuevo.
—Mierda, Bear. Tranquiliza a esa perra antes de que te mate—escucho a uno de ellos decir mientras otro se ríe.
Son los dos chicos más jóvenes que Bear y el tercer hombre.
Corro hasta que llego a una puerta de vidrio y salgo a lo que parece ser un jardín y me tropiezo cuando caigo al suelo.
Un césped recién cortado me recibe junto a una gran roca decorativa y escucho el agua al fondo.
¿Una piscina? ¿Una cascada? Veo a mi alrededor y por fin puedo ver parte de lo que le rodea.
Parece un castillo. Uno de verdad, es grande y con gárgolas en las esquinas de los pisos de arriba.
Me llevo las manos al pecho y me pongo de rodillas cuando veo a los hombres y a Bear salir al jardín y mirarme.
—¡No se me acerquen! —les grito.
—La perra tiene carácter. —dice uno de ellos, pero luego escucho cuando Bear gruñe.
—Vuelve a llamarla perra y te haré tragar tus dientes.
Más risas y silencio.
No puedo respirar. Mierda. Estoy débil y me he hecho daño en la cabeza cuando caí en el césped y golpeé la gran roca. ¿Quién mierda tiene una roca en medio de un puto jardín?
—¿Estás seguro que está bien?
El hombre de cabello gris habla.
Me pongo de pie e intento correr, pero vuelvo a caer. Mi cabello se pega a mi cara y el sudor corre por toda mi espalda. Mi vestido está sucio y estoy descalza. Me siento desnuda y patética. Estos hombres van a matarme aquí mismo.
—No… no puedo…
Mi mano en el pecho. Automáticamente golpeó mi pecho esperando que mis pulmones se expandan para tomar más aire, pero no lo hacen.
—Oh, no…No caeré esta vez, cariño. —su voz es calmada.
—No…—intentó decir—por favor.
La sonrisa de todos se borra. Y el hombre mayor se acerca a mí. Toca mi frente y veo sangre en su mano. Me he hecho daño. También coloca dos dedos debajo de mi mandíbula y termino de caer al suelo cuando tomo su camisa y la hago puño. Como si eso me ayudará a respirar.
—Mierda, Bear. No está fingiendo. Esta chica no puede respirar.
Muriendo.
Sí. Eso es. Lo estoy. Me dejo caer y veo el cielo azul. Tan hermoso tan azul. Y el aire cada vez se hace menos.
—¡Joder!—Bear está furioso.
—Estarás bien, niña. —el hombre de cabello gris coloca su mano justo donde Bear lo hacía minutos antes, pero esta vez no me hace daño. —Solo respira. Lentamente. Siente como mi mano sube y baja de tu pecho y concéntrate en eso. ¿De acuerdo?
No. No estoy de acuerdo. No puedo respirar y mis ojos comienzan a cerrarse.
—No te atrevas a morir.
¿Bear?
Veo su brazo y sigo la línea. Es… es su mano la que está en mi pecho, no la del hombre canoso.
—Concéntrate en mi mano y respira.
Siento el pinchazo de algo en mi brazo. No me molesto en ver nada más.
Solo esos ojos grises. Está realmente enfadado.
Pero no conmigo. Veo la sangre que corre en su frente y lo toco.
Se sorprende de mi toque. No quise lastimarlo.
Yo no soy así. Ambos nos sorprendemos, pero estoy segura que no solo somos nosotros dos.
Esta vez no me quita sus manos de su rostro.
—Lo siento. —no sé si lo digo por tocarlo o por lo que le hice. De todas maneras, él me permite tocarlo esta vez.
El hombre de cabello gris continúa pinchando mi brazo y me dejo caer mi mano, cerrando mis ojos y obligándome a morir. No es la mejor, pero tampoco la peor porque al menos me dejó tocarlo.
—No puedes encerrarla en ese lugar.
La voz del hombre de cabello gris me despierta, pero aún no abro los ojos. Siento que estoy en una especie de sofá porque el lugar debajo de mí es pequeño. Siento frío y mi cabello en mi rostro me hace cosquillas.
—No me digas lo que puedo y no puedo hacer, Ripley.
Ripley. Él suspira y puedo sentir que se lleva las manos a la cara y niega con la cabeza cuando abro los ojos poco a poco. Es como si la pelea entre ellos fuese normal. Pero no es normal, están hablando de mí.
—Esa chica no tiene la culpa de nada. No está bien, encerrarla ahí solamente la enfermará. Dudo mucho que una chica muerta te sirva de algo.
Mierda. Van a matarme.
—Entonces dale tu habitación y tú duerme en el sótano. Estoy seguro que ahí estarás cómodo.
—Bear, piensa con la cabeza. Estás volviéndote loco. Se suponía que no tenías que hacer contacto con ella sino con …
Tozo. Mi tos seca los interrumpe y me obligo a ponerme de costado y llevarme las manos al pecho. Mi garganta quema y tengo la lengua pegada a mi paladar.
Ripley se acerca y me da un poco de agua, la cual tomo y me la bebo de un solo sorbo. La botella sale volando segundos después y el líquido se derrama en el piso.
Estoy jadeando cuando veo quien ha hecho el pequeño desastre.
—¿Has terminado ya tu pequeño drama?
¿Por qué siento que va a arrepentirse pronto de la forma en cómo me trata?
Desconozco al hombre que tengo frente a mí. Ripley retrocede y me quedo en silencio mientras enfrento a mi ahora secuestrador. Me toma del brazo fuerte y me levanta, me mareo y mis piernas ceden cuando Bear me sostiene de la cintura.
Estoy débil. Demasiado débil y mi cuerpo no puede soportarlo. También he tenido un ataque de asma y por lo que Ripley dijo, ha visto mi sangre y algo no está bien conmigo. Pero de todas maneras mi salud es lo que menos me importa sino la razón por la cual estoy aquí.
—Llévala a mi habitación. —dice después de una guerra consigo mismo mientras me fulmina con la mirada.
Bear me suelta y antes de que pueda caer al suelo otras manos me sostienen. El hombre no me obliga a caminar, en cambio me levanta en sus brazos y comienza a caminar cuando alguien gruñe detrás de él.
—¿Acaso te dije que la tocaras?
Se detiene conmigo en brazos.
—No puede caminar. Esta débil, necesita comer y descansar. Deja tus celos a un lado sino llévala tú.
Bear vuelve a gruñir y solamente se aleja, dando un portazo detrás de él cuando Ripley comienza a caminar conmigo en sus brazos.
Es un hombre guapo, mayor y tiene un encanto un poco agradable.
Claramente él y Ripley son amigos o trabajaban juntos por la forma en cómo discutían como si se conocieran de años.
A excepción de los otros dos hombres más jóvenes, que no he vuelto a ver.
El castillo es lujoso, sus pasillos están alfombrados y parece ser un lugar seguro para tenerme en contra de mi voluntad.
No soy estúpida como para darme cuenta que este lugar es solamente una fachada.
No hay fotografías, no se ve acogedora. Es como un lugar vacío como de una película de terror que tiene muebles y cosas al azar pero que realmente no significan nada ni tiene una historia.
Abre la última puerta del segundo piso y me lleva hasta a la cama. Es una cama grande y sus sabanas son negras y de seda como las mía. Es como una réplica exacta de mi habitación. Pero Bear dijo mí habitación.
Un escalofrío me invade y no puedo dejar pasar lo familiar que me resulta esta cama y esta habitación.
Huele a él.
—¿Qué estoy haciendo aquí?
Ripley se detiene cuando regresa del baño con un vaso con agua y lo coloca en la mesita de al lado de la cama.
—Es mejor que no hagas preguntas y si quieres vivir; tampoco intentes escapar. Ya lo has visto cómo se pone. Además, estamos rodeados de bosque y una laguna. Ninguna de las dos es un lugar seguro para escapar.
Trago. Es demasiada información, pero lo comprobaré yo misma.
—Soy Rose.
—Sé quién eres, niña. Y lo que eres para Bear. Te tratará bien si no lo haces enfadar. Hazme caso, y todo terminará rápido.
—¿A qué se refiere con eso? ¿Por qué estoy aquí?
—Suficiente—escuchó una voz detrás de Ripley y la puerta cerrarse.—Déjanos solos.
Ripley retrocede sin decir nada y yo quiero salir corriendo detrás de él.
Cuando veo a Bear cerca de la puerta me hundo en la cama, su cama y espero lo peor.
Ya me ha dejado claro que no me va a dejarme en paz.
Que soy su nueva mascota y ahora, no puedo evitar no sentir ¿Miedo? Quizás. Pero pude ver algo en sus ojos.
Mi acosador sigue ahí. El hombre obsesionado que estaba dispuesto a protegerme sigue ahí. Y quizás si hago lo que me pide puede que lo haga salir.
—Tengo hambre—no sé por qué lo digo. Y me avergüenzo enseguida. Pero si quiero escapar de acá y pelear necesito recuperar fuerzas. Negarme a comer es algo estúpido ahora.
—Tu comida se desperdició en el sótano—dice con tono sarcástico—supongo que has perdido por hoy ese derecho.
¿Cómo puede ser tan cruel?
Lo veo de pies a cabeza sin decir algo más.
No dejaré que me humille más. He despertado en este lugar desnuda.
Ni sé qué hicieron conmigo y, además, me odia.
Supongo que siempre lo hizo y solo estaba burlándose de mí cuando jugaba al gato y al ratón.
Pensar en ello hace que vea hacia otro lugar y no esos ojos grises que tanto deseaba ver.
Soy tan patética que mi padre se reiría de mí.
Todo fue una trampa, él tenía esto planeado, bajar la guardia, sentirme atraída para traerme a su infierno. Qué estúpida fui.
Necesito salir de aquí cuanto antes.
—Lo que sea que estés pensando no funcionará.
—Vete a la mierda—gruño.
Ladea la cabeza y veo ese brillo de ira en sus ojos. La pesadilla recién comienza si cree que porque estuve a punto de morir no puedo seguir abriendo mi boca. Primero tendrá que cortarme la lengua si quiere que me calle y aun así, aún tengo mis malditas manos y sé lenguaje de señas.
—Será mejor que cierres esa linda boca si quieres sobrevivir, florecilla.