Capítulo 10
Con cada latido de mi corazón, siento una mezcla de miedo y curiosidad.
Estoy rodeada por la ausencia de sonidos, lo que solo aumenta mi sensación de desconcierto.
¿Qué ha sucedido? ¿Cómo he llegado a este lugar oscuro y sin luz? Trato de recordar los momentos anteriores, pero mi mente parece estar atrapada en una nebulosa.
Comienzo a moverme lentamente en busca de una salida. Mis manos se extienden frente a mí, explorando el vacío en busca de cualquier indicio de una puerta o una superficie sólida. La incertidumbre y el temor me acompañan, pero ese aroma se esfuma cuando quiero alcanzarlo.
Él está aquí.
Era su voz.
Era su tacto.
¿Me ha secuestrado ya?
Después de lo que parece una eternidad, mis dedos rozan algo frío y duro. No tengo lágrimas en mi rostro todavía, pero estoy asustada mientras mis manos encuentran un marco de puerta. Avanzo con cautela, paso a paso, hacia la apertura desconocida.
De repente, una tenue luz comienza a filtrarse a través de la rendija de la puerta. Una sensación de alivio y emoción me invade mientras me acerco y me detengo al mismo tiempo, sintiendo frío. Estoy desnuda.
Y este lugar, es como una especie de sótano, solo veo piedra a mi alrededor, una fría piedra que cubre las paredes.
Mi sombra me ha traído aquí, se cansó de ser condescendiente. Pero ¿Secuestrarme? Esto es lo más bajo y siento que pronto me desmoronaré. No me gusta el cautiverio. ¿A quién sí? es una pregunta estúpida que me hago en mi cabeza hasta que escucho un ruido.
¿Cadenas?
Un portón se abre, rechinando y haciendo eco en todo el lugar, hasta que escucho pasos fuertes llegar hasta a mí, escondo mi cabeza en medio de mis piernas, no quiero ver, no quiero verlo.
Me arroja algo a los pies y no me muevo.
—Vístete—me ordena. Es su voz, pero no me habla como antes. Algo ha cambiado. Cuando ve que no me muevo, grita—¡Ahora! No voy a pedirte las cosas dos veces.
Con manos temblorosas tomo lo que me ha arrojado, es un vestido sencillo de algodón de mangas largas, está limpio incluso después de haberlo arrojado en este suelo sucio. Ni siquiera quiero pensar cómo me trajo hasta acá y me quitara la ropa. ¿Quiere humillarme? No, él quiere romperme.
Una vez me pongo el vestido me quedo de pie, sintiendo sus ojos en todo mi cuerpo incluso cuando me vestía. No voy a demostrarle que estoy asustada, que el cautiverio no se me da bien. Solamente quiero salir de aquí y espero que no note como lo grita mi rostro.
Él no me conoce. Él no sabe por todo lo que he pasado, estar encerrada es despertar a mis demonios. Él no tiene que saberlo.
—Mírame—me pide.
Pero no puedo. No puedo levantar la mirada y verlo por fin convertirse en mi peor pesadilla. Quiero imaginarlo bajo las sombras. No aquí.
Cuando ve que no voy a obedecer llega hasta a mí y me toma el rostro fuerte. Tan fuerte que me hace gemir del dolor que me provoca. ¿Qué ocurre con él?
—Dije que.me.mires.
Abro los ojos y lo veo. Sus ojos grises están tan abiertos como si pudiera ver lo que hay detrás de mi alma. Y se da cuenta de una cosa.
No hay nada.
¿Qué esperaba ver? ¿Miedo? ¿Sumisión? ¿Qué llorase?
—Sí—le digo—yo también me tengo miedo.
Veo cómo aclara su garganta. Y sin soltarme me dice:
—¿Ya terminaste de jugar?
—Jugar. Yo no lo llamaría jugar. No pensé que caerías tan bajo. ¿Te cansaste de acosarme que ahora me has secuestrado?
Sonríe. Ahí está esa sonrisa llena de lujuria y deseo. No puede ocultarla cuando me ve. Incluso con esta ropa que ha traído para mí puedo ver y sentir que me desea. Pero hay algo más. No me ha traído aquí porque quiera follarme, si hubiera querido hacerlo, lo habría hecho en mi apartamento.
—Ten cuidado con lo que dices de ahora en adelante—me arroja al suelo y me golpeó el culo cuando caigo de lleno—antes era tu acosador, ahora soy tu dueño y tú eres mi juguete.
El insulto me hace reír.
—No sé quién seas, a qué te dediques o qué estás jugando. Pero que te quede claro algo: no vas a quebrarme. Ya lo hicieron y se llevaron todo de mí.
Lo veo mirarme. ¿Sorprendido? Yo estuviera jodidamente asustado. Tener a una mujer que no siente en nada en cautiverio es como cocinar una bomba a fuego lento, en cualquier momento puede explotar y tocarte.
—Bear.—escucho que dice—Mi nombre es Bear Romanov. Y desde ahora en adelante, te quedarás conmigo hasta que yo lo diga.
Saber su nombre. Ver su rostro más claro. Ver su faceta real. Lo hace todo tan jodido. Tan real que me sorprende y me da una bofetada a la realidad. Mi acosador ya no es mi acosador.
Es una bestia real.
Es una bestia con nombre.
Ahora todo es real.
Me quejo del dolor. No sé qué ha pasado en el teatro.
Si mis padres saben que he desaparecido.
Ni siquiera sé qué día es hoy. Debería de encontrar algo con que marcar los días.
Pero solo tengo un anillo en mi dedo. Uno de un diamante.
Unas de las joyas que me gusta usar mientras toco, al menos eso no me quitó Bear mientras robaba a su nueva mascota.
Mascota. Poe. Mi corazón duele al saber que mi gato está solo en casa. Solamente espero que Lilith sea inteligente y además de llorar mi ausencia se preocupe por alimentar a mi gato.
Tomo el anillo y me acerco a una cómoda vieja que tengo al lado. Me sirvió como almohada toda la noche mientras intentaba dormir. Pero lo único que hice fue imaginar que tenía un piano frente a mí y lo tocaba.
Solo será cuestión de tiempo para que comience a volverme loca. Si Bear se empeña en tenerme encerrada no le servirá de nada un cadáver.
Empujó el anillo en la desgastada madera y marco una línea. Un día. Meto mi anillo de nuevo en mi dedo y veo la luz como cambia de trayecto mientras los rayos del sol entran por la rendidla que tengo sobre mí.
Pasos.
Escucho pasos y no me molesto en esconderme.
Levanto mi rostro y espero que aparezca.
Tengo veinticuatro horas sin comer. Las he contado en mi mente.
Y no tengo hambre. Es lo que pasa cuando te encierran por segunda vez.
Debes acostumbrarte a lo que te espera. No esperes un baño.
Tampoco agua ni comida. Si te portas bien puede que no te golpeen. Pero todo puede suceder.
Bear abre las cadenas y arroja una bandeja con comida frente a mí. Por primera vez veo que tiene que abrir dos puertas y una celda antes de llegar hasta a mí. Sé también que no vive solo y que no estoy en una simple casa. Las casas no están hechas de piedra, no de esta forma y no son tan frías.
Tengo mucho frío y me duele la cabeza.
—Come—me ordena. Y yo solamente lo veo. Para ser un secuestrador delincuente viste bastante bien. No usa traje, pero sus pantalones son de diseñador y sus zapatos y camisa también.
Lleva una coleta perfecta y su barba está bien cuidada. Él se ve más como un jefe delincuente que un perro que obedece órdenes. Pero conmigo está haciendo personalmente el trabajo.
—¿Por qué no me matas de una vez? Si no me dices que quieres, es claro que eres un asesino. Y por la forma en cómo me tratas ahora el encantó se ha ido. Mátame, te juro que no me verás rogar.
No solo él se sorprende de que haga la pregunta.
Yo también. Pero es tarde, ahora lo tengo frente a frente.
Me toma de los hombros y hace que me ponga de pie.
Mi corazón late tan fuerte que es capaz de escucharlo.
Cuando levanta su mano no me inmuto. ¿Va a golpearme?
No es nada nuevo. Pero cuando veo que coloca su gran mano en mi pecho, me quedo de piedra.
—Lo que sale de tu boca no coincide con tu corazón, florecilla. —He vuelto a ser su florecilla.—tu corazón late tan rápido que podrías morir. ¿Tan asustada estás?
—No estoy asustada.
Rose, mejor cállate.
—Deberías.
No estoy asustada. En cambio, veo la puerta detrás de él, abierta. Tan abierta que solo es cuestión de un movimiento para que salga corriendo y pida ayuda. Cualquier cosa para salir de aquí. No quiero estar encerrada. Él debería de estar asustado de mí y no al revés.
—¿Qué es lo que quieres? Si estuvieras tan enamorado de mí no me tratarías como un animal.
Sonríe. Mierda.
Hermoso.
—Esa sí es una buena conversación, cariño. Pero quiero que aprendas la lección de ahora en adelante. Nada de citas, nada de ex novios. Me has desobedecido y eso tiene consecuencias.
Ahora soy yo la que se ríe. Maldito loco de mierda.
Cuando siento que afloja su agarre, veo el jarrón que está sobre la cómoda al lado mío y no pienso dos veces cuando lo tomo y lo estrello contra su cabeza.
No se queja del dolor, pero me da el espacio suficiente para salir corriendo.
Mis piernas se mueven tan rápido que siento que estoy volando.
Salgo por el pasillo de piedra y llego a una escalera.
Estaba en un sótano o una habitación abandonada. No lo sé ni me importa.
—¡Mierda!
Su grito me hace solamente que corra más.
Hasta que llegó a un pasillo y me quedo helada.
Veo a una cocinera, y varios hombres en una mesa, desayunando como si fuera un día hermoso para desayunar panqueques y fruta.
La señora se queda mirándome de pies a cabeza y los hombres se ponen en guardia cuando ven algo o alguien detrás de mí.
—Por favor, ayúdeme—le digo a la señora que tengo frente a mí. Podría ser mi madre. Se limpia las manos y quiere acercarse, pero la voz detrás de mí se lo impide.
—Yo me encargo.
—El desayuno se enfriará—le dice ella y yo me quedo con la boca abierta.
Los hombres que usan ropa parecida a Bear se ríen.
Tiene tatuajes como él, se ven como unos mafiosos igual a él y uno de ellos es más adulto por su cabello gris.
Él no me ve como los demás, él me ve con curiosidad.
Son tres hombres. Los cuales no hacen nada para ayudarme, continúan comiendo y la señora ahora comienza a tararear una canción.
Mierda, mierda, mierda.