La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

No debo jugar con fuego. ¿Cuándo aprenderé? ¿Hasta quemarme? ¿Hasta que mi alma se queme?

Tres semanas. Tres conciertos, y más pétalos, ahora los buscaba, los olía, los esperaba. Pero él, mi bestia, no se hacía presente.

No después de ese día.

Él me gustaba desde antes que apareciera.

Los pétalos hicieron que sintiera una atracción por el peligro.

Pero era el peligro que no me haría daño.

La forma en que hizo contacto físico, no fue en la oscuridad, tomándome a la fuerza.

Fue cuando me miró en peligro y estaba bloqueada por mis pensamientos.

Después lo dejé que me tomara, con sus dedos. Y quiero más.

—…Seré tu mundo, tu universo, tu maldita religión, seré todo para ti, cariño.

No podía olvidarme de esa amenaza, porque él tenía razón. Lo anhelaba, y ese sentimiento lo odiaba. Yo no podía sentir eso por nadie, ni por él. Y me rehúso a que eso suceda.

—No puedo creer que vayas a una cita. ¿Segura que estás bien?

Lilith está peinando mi cabello plateado y largo. Estoy celebrando mi libertad. De alguna forma me siento libre. Han pasado tres semanas, y aunque los pétalos siguen apareciendo, él ya no está ahí. Ya no lo siento, lo busco en la multitud y fallo cuando me decepciono, no puedo ocultarlo.

Se ha ido.

—Fue tu idea—le recuerdo—me entregaste esos chocolates y esa nota.

—Sí, me pareció tierno. ¿Quién manda chocolates y no flores?

—Bueno, desde que dejaste en claro que soy alérgica a ellas, alguien hizo su trabajo.

—No eres alérgica a los pétalos de tu acosador.

—¿Ya lo llamaras así?

Lilith no es tonta. Sabe que esos pétalos aparecen hasta en mi casa y después de haberle dicho más o menos que se trataba de un posible admirador, lo ha bautizado como un acosador.

No fue hasta que le dije que fue él quien me ayudó ese día después de lo que ocurrió con Alex que mi acosador se ganó su respeto y admiración. Más o menos.

—Quizás se ponga celoso. Él sigue observando. ¿Y si fue él quien te envió los chocolates?

Me rio.

—El sin nombre hubiese enviado una caja de clavos. Imposible que sea romántico como mi cita.

—Eso suena mal, Rose. Incluso viniendo de ti. Te he visto, buscándolo en los conciertos cada noche. Cuando ves un pétalo en su silla, en el piano, en tu casa. No sé cómo lo hace el maldito hijo de perra, pero tiene mi respeto, más o menos. No deja de ser raro que se meta así a tu casa.

Veo a mi amiga mal.

—¿Te estás escuchando? Estás hablando de mi acosador. Un hombre que se mete a mi casa, me vigila, me…

Metió sus dedos dentro de mí. Pero eso no se lo dije a Lilith porque estoy segura que llamaría a mis padres para que me encerraran en un psiquiátrico. No es normal sentir atracción por tu acosador. No lo es.

—Te pone caliente—termina por mí. —te conozco.

Y, tiene mi respeto porque te protege, si un loco acosador puede proteger a mi mejor amiga incluso de mi hermano, bien, lo acepto.

No te ha hecho daño. Dices que se viste bien, debe tener dinero.

Es un maldito loco, pero inofensivo. Su forma de enamorarte, es su maldito problema y el tuyo.

—Estás loca.

Termino de verme en el espejo. No tuve tiempo de arreglarme demasiado, por suerte, había un vestido nuevo en mi armario del teatro, a lo que Lilith le añadió unos últimos arreglos a último momento.

Estaba lista para mi cita. La nota solo decía que esperaba por mí a la salida para invitarme una cena.

No iba a aceptar un no por respuesta y a mi mejor amiga se le ocurrió que sería una buena idea.

No recibía citas a menudo. Los hombres enviaban flores y sus números, me esperaban a la salida para conocerme y miraba el anillo en sus dedos, ahí se acababa todo.

Este tipo era decidido.

—Dijo que dormiría afuera del teatro cada noche hasta que aceptaras.

—¿Cuántas veces ha enviado la misma nota?

—No lo sé—Lilith se llevó los dedos a la boca—unas quince veces.

—¿Crees que haya dormido más de alguna noche afuera?

—No lo creo, pero deberías intentarlo al menos. Así te quitas de la mente a Alex y a tu acosador.

Tenía razón. Solo era una cita, una cena, nada serio. Solamente estaba siendo cordial, además, era una mujer soltera. Y tenía hambre… de comida.

Llevaba traje de tres piezas. Me sonrió y supe que era él.

El tipo era alto, con cuerpo normalmente esculpido, mi mente me traiciona y pienso en mi acosador, es más fuerte que mi cita. Más guapo, más… animal. Este hombre me tiende la mano y la besa.

—Rose—arrastra mi nombre con admiración—no sabes el placer que tengo de por fin conocerte en persona.

—¿Tu nombre? —pregunto sonriéndole.

—Angello—dice sin soltar mi mano, ahora la acaricia—Angello Ivabrosky.

Tiene acento ruso. Se ve como un ruso y mi piel se eriza enseguida, no porque me guste, es como si… alguien estuviera vigilándome.

Tiene el mismo acento que mi bestia. ¿Es ruso también?

Veo hacia atrás y solamente veo las escaleras del teatro llena de sombras, soy la única que está aquí y el guardia de seguridad quien me sonríe y abre la puerta para los dos.

El chofer de Angello abre la puerta para mí de la camioneta lujosa. Entro y me estremezco al sentir a Angello subir enseguida a mi lado. ¿Es esto una buena idea?

Aunque no esté intentando nada, es bastante seguro que su insistencia no es solamente porque quiera cenar conmigo. Conozco los de su clase, puedo ver la lujuria en sus ojos, pero se concentra en mis ojos.

—¿Quieres champán?

—No, gracias.

—Como quieras.

—Dime, Angello ¿Qué te trae por aquí? Se ve que eres un hombre de negocios, el teatro puede ser aburrido para los de tu clase.

Sonríe y niega con la cabeza, está frente a mí, sus manos no tienen rastro de un anillo y se mantiene calmado.

—Lo creas o no, he venido por ti.

—¿Por mí?

—Admiro como tocas—continúa—y me gustas tú. ¿Necesito más motivos?

Me rio.

—¿Siempre eres así de directo? ¿Te gusta impresionar a las mujeres durmiendo afuera del teatro si se niegan a tener una cita contigo?

Puedo ver cómo ve hacia otro lugar y sonríe tímidamente.

Sí, yo también puedo ser directa. Y no me gusta que me presionen, si acepté venir es solamente porque quiero probarme algo.

O a alguien, no lo sé. Todo parece ser una mala idea y lo puedo sentir en el aire.

Estoy jugando con fuego y poco a poco me quemaré.

—Yo, lo siento. No quise impresionarte de esa manera. Al menos dime que los chocolates eran deliciosos.

—Lo eran.

—Bien, porque los hago yo. —abro la boca impresionada, los chocolates tenían alcohol y algo más, eran deliciosos y se veían aún más apetecibles en su caja de terciopelo.

—¿Eres cocinero? —le pregunto y se echa a reír en una gran carcajada.

—No. Soy el dueño de la franquicia de alta gama, no todos pueden pagar una caja de mis chocolates.

Arrogante.

—Oh, mi lengua se siente alagada de haber probado tus chocolates, Angello.

—Es un placer.

Me sorprendo cuando somos los únicos en el restaurante del lugar. Uno muy lujoso en Chicago. A pesar de que todo de él me sorprende, no hay nada que me guste, empezando porque los chocolates no eran tan deliciosos como piensa que lo son.

—¿Y tienes esposa, Angello? Estoy segura que un hombre que hace maravillosos chocolates debe tener una musa.

—Soltero, me estoy reservando para la mujer adecuada.

—No existe mujer adecuada ¿Lo sabes?

—Para mí sí—me ve más de la cuenta y lo entiendo. Este hombre me ha tenido en la mira sabrá Dios desde hace cuánto tiempo. —Estás hermosa esta noche, Rose. Espero no te sientas incómoda, pero tenía que decírtelo.

—No me incomodas.

Me aburres. Quiero decir, pero me contengo.

Cuando el mesero trae nuestra comida, comienzo a hincarle el diente a mi ensalada mientras Angello me habla sobre su negocio.

Odio la gente que usa trajes y habla solo de dinero, de negocios.

Quiero escuchar lo que lo inspira, lo que hace cuando no lleva un traje puesto, lo que sueña para él y el mundo.

Pero ni siquiera puedo formular las palabras, no me importa demasiado y la ensalada es insípida como él.

Mi teléfono celular vibra en mi cartera y lo tomo apresuradamente para apagarlo y que no nos interrumpa, aunque la noche pronto acabará de todas maneras. Así que leo el mensaje con muchas ganas.

Desconocido: Cancela tu cita.

Mis manos tiemblan en mi regazo. Al menos Angello no lo nota. Puedo sentir el latido de mi corazón en mis oídos porque sé que eso no es una simple frase.

Es una amenaza.

¿Qué?

Respondo. Sé que cometo un error haciéndolo repetir, pero cuando veo que vuelve a escribir las mismas palabras, rio para mis adentros. Así que después de tres semanas, se le ocurre aparecer.

Vamos a ver quién es más listo esta vez.

Desconocido: Cancela tu cita.

¿Cita?

Desconocido: Última oportunidad.

Estás loco. ¿Dónde estás?

Estoy segura que somos los únicos en este restaurante y, además, estamos a tres pisos, nadie nos ve desde afuera.

Desconocido: Mira hacia arriba.

Una cámara. Mierda. ¿Cómo puede hacer eso?

Estás demente. No te pertenezco. Déjame en paz.

Presiono, presiono, presiono. Estoy tentando a la bestia. Sé que saldrá en cualquier momento de su escondite.

De nuevo vuelve a vibrar mi teléfono.

—¿Está todo bien? —la voz de Angello se escucha a los lejos.

Desconocido: Ahí es donde te equivocas. Eres Mía. Cancela tu cita o le cortaré la cabeza frente a ti. Quedarás tan traumatizada que no querrás volver a desobedecer.

No te atreverías.

Desconocido: Pruébame, florecilla.

Por favor. Déjame en paz.

Desconocido: Me encanta que me ruegues, cariño. Pero es tarde.

Oscuridad. Las luces se apagan. Escucho mi tenedor caer al suelo. Unas manos tocándome y yo quiero gritar, pero no puedo. Caigo como una hoja de papel al suelo, y si antes todo estaba oscuro. Ahora solo es un completo silencio y más oscuridad.

¿Qué hizo mi bestia ahora?

Abro los ojos y estoy en… ¿Mi apartamento?

La música a lo lejos me hace caer a la realidad. Mi teléfono está al lado mío y yo…estoy desnuda.

Me alarmo y compruebo de que nadie me ha violado y no siento nada, ni dolor ni nada. es como si… ¡La cena!

Mi acosador.