Capítulo 7 #2
Aquí estoy, suplicándole que me ayude a buscar mi inhalador y poder respirar. Pero él acaricia mi miseria. Nos quedamos mirando a los ojos, mientras juego a ahogarme y rogando a los cielos que no suceda de verdad, porque este hombre, no está buscando mi maldito inhalador.
Entonces pega sus labios a los míos. Y sopla.
No funciona así, no puedes dar respiración boca a boca a alguien que está sufriendo un ataque de asma.
Pero el maldito lo sabe. Sabe que he mentido y está probándome y me resisto, pero cuando desliza sus dedos en mi sexo y comprueba lo mojada que estoy, gimo en su boca y le doy acceso a su lengua para acariciar la mía pero no lo hace.
Mis manos están sujetas fuertemente y quiero tocarlo como si mi vida dependiera de ello.
—Eres una pequeña mentirosa.—susurra en mi boca, mordiendo mi labio inferior y metiendo un dedo que se desliza fácilmente y gimo. —¿Crees que soy tan estúpido como para no darme cuenta que estabas fingiendo? Ni siquiera puedes fingir que no te gusta lo que te hago sentir.
—Joder.
—Esa boca—me muerde un pezón y luego el otro, grito y continúa metiendo ahora otro dedo. Bombeándome y yo dándole mejor acceso cuando abro más mis piernas. Su polla está tan dura que seguramente le dolerá después de esto.
—Por favor—necesito correrme, su pulgar juega con mi clítoris y me pierdo, y él se detiene. Saca los dedos de mi interior y se los lleva a la boca.
—Deliciosa—lame sus dedos y yo me quedo con la boca abierta y mis mejillas ardiendo, lo ha hecho a propósito.
—¿Querías correrte? — pregunta divertido—creo que fui lo suficientemente claro antes.
Mi castigo.
Este es mi castigo.
—Vete a la mierda—gruño y su mano va a dar a mi cuello. Esta vez no finjo cuando me falta el aire, está apretando tanto que comienzo a ver luces.
—Sigue así y tu castigo aumentará. Esto que te hago, cariño. No se acerca a lo duro y cruel que puedo ser contigo. Quiero romperte en pedazos, hacer que te arrodilles frente a mí y que me pidas que pare y ¿Sabes qué?, puede que lo haga.
—¿Qué quieres de mí? —le muestro la furia en mis ojos.
—¿En serio, Rose? ¿Ninguna lágrima?
¿Quiere que llore?
—Vete a la mierda, primero muerta antes de derramar una lágrima por ti.
¿Crees que eres cruel? ¿Crees que te tengo miedo?
Me has dado un poco de placer, eso es todo.
¿Crees que me asustas? No eres más que un maldito cobarde que no me quiere decir ni su nombre.
Vete.a.la.mierda. quien quiera que seas. Puedes besarme el culo.
A veces no me resisto.
A veces cometo errores, como no cerrar la maldita boca. Ese es mi problema. Y creo que él ya lo sabe, por la forma en cómo me ve. Quiero que sea cruel, quiero que sea todo eso que dice ser porque no le tengo miedo. Porque mi maldita vida es aburrida y patética.
Sí, soy una prodigio artista cuyo novio obsesionado intentó matarse frente a mí. Sí patético. Mis padres apenas y me llaman, mi madre es una zombie, un maldito títere que mi padre mueve los hilos.
Y mi padre, oh, mi padre es un genio y él mismo es su enemigo.
La bestia me gira ahora y estoy acostada sobre mi estómago. Mi culo está en el aire y siento la primera palma de su mano chocar en mi culo. Grito de dolor y de placer.
—¿Esto quieres, cariño?
—¡Sí! —grito—¡Sí, sí, joder! Me encanta que seas rudo, me encanta que seas una maldita bestia, me excita. Voy a correrme con solo que me toques.
Gruñe y de nuevo otra cachetada, y otra, y otra, duele, arde, excita y siento sus dedos en mi interior jugando con ambos agujeros. Me ahogo en mi propio placer cuando comienza a bombear con fuerza.
—Florecilla—gruñe—No sabes lo feliz que me haces, escucharte hablar así. ¿Quieres engañarme? Estás aterrada, tiemblas bajo mi toque, el no saber quién soy te está matando y ese es mi placer. Yo decido cuándo, dónde y cómo. ¿Has entendido?
—¡Sí!
Sigue bombeando, y estoy cerca, si me deja así voy a matarlo, pero no se detiene. Su mano va a dar a mi cabello y lo hace puño, imaginarme su mano tatuada alrededor de mi sexo y sus nudillos metidos hasta el fondo hace que me apriete más entre sus dedos y exploto.
—Eso es, cariño. Cada maldita gota.
Mi cuerpo comienza a temblar y mis espasmos no se calman.
Sigue con sus dedos metidos y siento mi propio placer deslizándose entre mis piernas.
Ha hecho que me corra a chorros y eso nunca me había pasado.
Joder. Me da vergüenza y me muevo lejos de él.
Me da la vuelta de forma violenta y de nuevo estamos cara a cara.
Mi respiración es agitada y mi mente está en blanco.
Lo ha hecho de nuevo.
Le he gritado que lo deseaba y me odio por ello. Parece que no soy la única sorprendida, él también lo está. Ahora que no tengo mis manos acorraladas toco su espalda y se tensa.
—No.me.toques.—arrastra las palabra en forma de advertencia.
¿Por qué no quiere que lo toque?
No me importa en realidad.
—Vete, haz conseguido lo que querías. Ahora vete.
Sus ojos vuelven a mi hombro, ahora puede ver con más claridad las marcas. Las veo yo también y me sorprendo al ver las marcas oscuras en líneas por los dedos de Alex. De nuevo se tensa y respira con dificultad cuando dice:
—Sí te vuelvo a ver con él… lo mataré.
—No tienes que darme órdenes. No eres nadie para mí.
—De momento no lo soy, pero seré tu mundo, tu universo, tu maldita religión, seré todo para ti, cariño. Ahora puedes odiarme todo lo que quieras, tu cuerpo ha reaccionado como quería y eso es lo único que importa por ahora. Tu cuerpo sabe a quién pertenece. A mí.
Se aparta y arregla su abrigo. El tipo se viste bien, derrama dinero por todos lados, al menos no es un maldito ladrón. Aunque me gusta llamarlo así.
Todavía no puedo creer que Lilith se haya ido. Si ella estuviera aquí, nada de esto hubiera pasado. El hombre frente a mí, desliza un pétalo y lo coloca sobre mi estómago desnudo.
Un pétalo rojo y perfecto.
—¿No te cansas de esto?
Me sonríe. Joder.
Es la sonrisa más hermosa que haya visto jamás.
Sus perfectos dientes blancos me hacen burla con un gesto y mueve sus hombros.
Se lame los labios carnosos e hinchados por morderlos él y yo y tengo que ver hacia otro lugar cuando recuerdo el sabor de sus labios.
Lo veo nuevamente y niega divertido con la cabeza.
—Nunca, cariño.
—¿Vas a decirme cómo te llamas? ¿Quién eres?
—Todo a su tiempo, florecilla.
—Deja de llamarme así, no soy tu florecilla, no soy tu cariño, no soy nada tuyo. ¿Qué mierda quieres?
Pero él no responde. En cambio, camina hasta el otro extremo del sótano y se pone de rodillas para sacar algo debajo de uno de los libreros.
Poe.
—No lo lastimes.
Pero cuando se gira, desde aquí puedo escuchar el ronroneo de mi gato entre sus brazos. Lo acaricia y parece gustarle. Sus largos dedos acarician su fino pelaje y estoy celosa. Mierda, estoy celosa de mi maldito gato.
—No soy una bestia—se queja. Por supuesto que lo es, pero mi gato está demasiado aterrado como yo como para defenderse.
Lo veo esta vez con más claridad y de frente, ahora que está serio y distraído. Siempre es como verlo por primera vez. Y no me canso.
Es bastante alto. Y musculoso, todo su cuerpo está perfectamente esculpido y eso que solo puedo verlo a través de la ropa que lleva puesta, pero en mi mente ya lo he visto desnudo.
Y sí, todo de él es grande. Su cabello es castaño claro y largo. Podría ser el doble de un vikingo aunque su cabello no lo lleva suelto, lo lleva en un moño con algunos mechones sueltos.
Es más caliente cada vez que lo veo lo cual no es normal.
Nariz respingona y bien hecha, barba incipiente en toda su barbilla y mejillas, su boca es carnosa y sus ojos, demonios.
Sus ojos son lo que más destaca de su rostro cuando lo ves.
Es como si fuera un gris intenso, como los míos grises casi blancos, los de él son un poco más oscuros.
Como los de un vampiro con rostro duro que no sabes si te ve para cazarte o para ser su próxima mascota.
Él lo es todo.
Este hombre es tan hermoso que no puede ser real.
—¿Ya dejaste de imaginarme desnudo? —su voz me hace temblar. Tiene un tono fuerte y bastante varonil que fácilmente le pondría de rodillas con una sola orden. —Lo que sea que te estés imaginando, créeme, soy mejor.
Arrogante.
Terco.
Protector.
Obsesionado.
Peligroso.
Misterioso.
Violento.
Fuerte.
Bestia.
¿Con sentido del humor? Eso es extraño. Y bastante mayor, casi podría llevarme un poco más de ocho años, no lo sé.
Deja a Poe sobre la mesa, y yo camino hacia la mesita donde dejé mi libro, al lado está mi inhalador, lo cojo y me lo llevo a la boca.
Sé que él me está mirando, pero no era del todo mentira.
Aire.
Mi cara está caliente y me falta el aire.
Me gusta este hombre. Joder, me gusta demasiado, lo que me hace.
Como me tortura y eso no es normal. Ahora tengo miedo de mí misma.
Esto no es normal. Coloco el pétalo sobre el sofá y lo siento caminar detrás de mí.
Pero no dice nada. Cierro mis ojos porque no sé qué hará ahora conmigo, está claro que no me dejará en paz y esto solo es el comienzo.
Pero cuando los abro, él ha desaparecido.
En cambio, veo a Poe dormido sobre la cama del fondo.
Se ha ido.
Al menos por hoy.