Capítulo 7
No importa donde vaya, siempre está entre las sombras.
—No pude haberlo llamado—hablo para mí misma. Y se me descojona el pecho cuando recuerdo cómo me tomó suavemente y me colocó en el sofá. Me dio un pétalo y se marchó, sin ser una bestia. Solo siendo alguien protector. Él es tan…extraño.
Me tomo el té y me voy quedando dormida poco a poco cuando veo que ha llegado la noche. Lilith no sé si aún está en la otra habitación, pero sé que no estoy sola por primera vez.
Me sobresalto cuando escucho pasos alrededor de mi cama. Abro los ojos y no veo nada, pero cuando el viento azota las negras cortinas de la habitación, veo una silueta negra al lado de la ventana.
Ahogo un grito, y vislumbro bien de qué se trata. Hasta que lo veo cuando la luz de un auto al pasar estrella con su rostro.
Cicatrices.
Las miré antes, pero no había pensado en ellas porque de alguna manera es algo que no me molesta. Lo hace ver malditamente bien. Pero desde acá, es aterrador y no por feo, sino por el infierno que hay en sus ojos.
Está serio.
Está escondido en la oscuridad.
Solo me observa. El interior de mis piernas palpita cuando mis ojos lo ven de pies a cabeza. Está usando pantalones oscuros y una camisa de botones formal negra que hace remarcar su ancho pecho, también lleva un abrigo negro con capucha y botas negras. Todo de él me resulta tan impresionante.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto a mi bestia que quiere ser también mi salvador.
Pero no responde, en cambio camina hasta mi cama, está más oscuro aquí así que no puedo verlo muy bien, solo siento su aroma a nubes y peligro.
Estoy desnuda debajo de las sábanas y las agarro más hacia mi pecho cuando su mano grande va a dar al dobladillo de esta y me la quita de golpe.
Siento el aire frio que me invade cuando escucho el gruñido de él al ver que estoy completamente desnuda.
—¿Estabas esperándome, florecilla?
Esa voz hace que se me pongan los pelos de punta, y no solo eso, cubro mis pezones con una mano y él me detiene.
Suena divertido, pero sé que no está riéndose, está bastante serio a pesar de que me ha llamado florecilla.
Sus ojos se desplazan por todo mi cuerpo, lo puedo sentir y su mano comienza desde mi mejilla, acariciando suavemente, pasando por la línea en medio de mis pechos, mi estómago, me tenso cuando llega a mi vientre y se detiene.
La palma de su mano está caliente y me quema como el fuego cuando traza círculos en mi vientre y baja poco a poco hasta mi humedad.
Mi espalda toca el colchón mientras él juega con mis jugos.
—Puedo sentir lo ansiosa que estabas por volver a verme.
No respondo. En cambio, me muerdo el labio inferior. Se acerca hasta que siento su aliento en mi cara y me hace cosquillas por la forma rápida en que respira.
Quiero que me bese, pero no lo hará. No es de los hombres que besa. Dice estar enamorado de mí, pero no muestra cariño, sino posesión, placer y algo más que no logro descifrar.
Y es cuando veo sus ojos, sus maravillosos ojos grises claro, me ve la boca, el cabello y se detiene cuando ve mi hombro derecho. Su mandíbula se aprieta tanto que escucho rechinar sus dientes.
—¿Cómo te llamas? —no quiero llevarlo a esa oscuridad que ahora emana su rostro cuando ve las marcas que Alex ha dejado ahí y puedo ver que se está convirtiendo en algo lleno de odio.
—Voy a matarlo. —su voz ahora es ronca.
Hago lo que no me atrevía y me sorprendo cuando toco su mejilla y siento el picor de su barba en mi mano. Lo toco suavemente y eso hace que me vea, parpadea como si no pudiera creérselo. ¿Tocarlo es un pecado acaso? Sí, porque se aleja.
¿Qué he hecho?
—No vuelvas a hacer eso—gruñe y se pone de pie.
—Espera—lo detengo cuando veo que camina hasta la puerta—mi amiga debe estar todavía aquí.
—No hay nadie, florecilla. Solo yo.
Cuando escucho esas palabras un miedo se apodera de mí y me congelo. Estoy sola con este hombre que es claramente un asesino. Me ha estado acechando durante mucho tiempo y viola la seguridad de mi casa. Me ha tocado y ahora estoy a su merced.
Trago y él parece notarlo, porque se acerca y me doy cuenta que todavía estoy desnuda.
Me alejo, tomando la bata de seda negra y me la coloco, no me tiene y lo agradezco, aunque ya ha visto demasiado de todas maneras.
Me alejo de él, dejándolo atrás y me encuentro a Poe en el suelo, lo tomo y bajo las escaleras.
Lilith se ha ido, al menos esta vez he tomado mi teléfono celular y lo he escondido detrás de mí. Él no pudo verlo.
—Por favor, vete y déjame en paz —gruño— Llamaré a la policía.
—¿Y qué les dirás? No sabes ni siquiera donde estoy. —escucho su voz grave a lo lejos.
Regreso a la habitación y no lo veo por ningún lugar. Estaba en mi habitación, en la puerta, pude escuchar su voz que venía de ahí, pero ahora no está. Es como un maldito fantasma y estoy cansada de sus juegos.
Sé cómo saldrá. Así que tomo mi teléfono y coloco a Poe en el suelo antes de marcar al 911. Escucho la primera tonadilla, hasta que responde.
Una respiración.
—No, no, no—veo la pantalla. Es el 911, pero no es el 911. ¿Cómo es posible? Ha pinchado mi maldito teléfono con alguna mierda sucia.
Cuelgo y vuelvo a marcar 9,1,1. Espero y de nuevo, responden.
—Ahí estás. ¿Te sientes mejor? —es él de nuevo.
Mis piernas fallan y tengo que sujetarme de algo mientras tengo el teléfono en mi oreja.
No importa cuántas veces llame al 911, siempre me manda directo a él.
No, no caeré en su juego. No esta vez. Ahora me doy cuenta de que esto no es un juego, él quiere algo de mí y no descansará hasta obtenerlo. Él lo dijo.
Me quiere a mí.
—Ahora que te escucho no.
Se ha ido. ¿Se ha ido de verdad? No lo vi salir por la puerta. ¿Usó la ventana? Imposible son tres pisos.
—Eso lo puedo arreglar.
—¿Quién eres?
—Eso ya lo sabes.
—Entonces de eso se trata. Eres un violador también.
—Ten cuidado, Rose. No querrás verme enfadado. La última vez que comprobé estabas tan mojada que mis dedos entraron fácilmente.
Mierda. Él sabe, él malditamente sabe tocar el punto exacto, incluso con su maldita boca y lo que dice.
—¿Quién eres?
—Ya te lo dije. Soy tu sombra, tu pesadilla, tu dueño, lo peor que te pasará en la vida. Y también lo mejor, soy tu bestia, cariño y tu mi más preciada flor.
Se me revuelve el estómago al escucharlo.
Es como si quisiera verme muerta del miedo, pero aún no lo consigue, no del todo, o no como le gustaría.
Sigo riñéndole porque sé que no me lastimará, lo puedo ver en sus ojos y la forma protectora que es, a menos que solo él quiera hacerme daño.
Hacerme sangrar, eso existe. Pero solo hay una manera de comprobarlo.
Seguir su juego, hacerlo que salga de las sombras y que reclame lo que según él le pertenece.
—Quiero que me dejes en paz.
—No puedo, eres demasiado exquisita.
—Tengo novio. —miento y él lo sabe. Pero no sabe que he roto con él de verdad, solamente sabe lo que ha visto.
—Eres una mentirosa, florecilla—gruñe—Puedo encargarme de él si eso te impide estar conmigo. Tengo muchas ganas de matarlo después de ver lo que te hizo, será mejor que no lo menciones o vas a malditamente cabrearme.
—Ni siquiera te conozco. Estás asustándome.
—Mentirosa, aunque me gustaría verte temerme. El rubor de tus mejillas hace que mi polla salte dentro de mis pantalones.
—Eres un enfermo.
—¿Tienes idea de lo que me hacen tus insultos? Me excitan. Haré que te tragues tus palabras. Vas a desearme tanto como yo lo hago.
—Primero muerta
—¿Quieres apostar?
Yo ya estoy caminando hasta el sótano, hay un teléfono ahí, uno que seguro no ha pinchado, lo sé, porque está escondido, lo he dejado ahí a propósito y para emergencia. Solo necesito encenderlo, marcar el 911 y todo acabará. Lo atraparán y yo seguiré con mi vida.
Entro a mi escondite con Poe detrás de mí, me voy al cajón debajo del sofá y saco el aparato, lo enciendo y rápidamente veo que tiene señal.
Sí, maldita sea.
—Déjame en paz—amenazo—es tu última oportunidad antes de que llame a la policía.
—No hagas nada estúpido, cariño.
—¿Quieres apostar? —imito su amenaza y marco el 911. Cuando estoy por darle llamar, la puerta se abre y como una ráfaga de aire helado siento que me tumban de espalda hacia el sofá. El teléfono sale disparado de mis manos y mi gato gruñe y se esconde.
Sabía que no se había marchado.
—¿Dime que no es lo más valiente que has hecho alguna vez? —susurra en mi boca y luego me da un beso casto— ¿O lo más estúpido?
Joder su aliento es como una maldita nueva droga y quiero más. No debería desearlo, no debería tentar al diablo, pero maldita sea, lo hago. Me remuevo debajo de él y grito.
—¡Quítate! —le grito y solo hace que me mueva más y su polla ya la siento dura en mi vientre y yo ya estoy mojada.
Me ignora, y con una mano me sujeta de las manos por encima de mi cabeza y la otra libera las cuerdas de mi bata y la abre, de nuevo estoy desnuda debajo de él.
Mi pecho sube y baja y siento que me estoy quedando sin oxígeno.
Mierda.
Oxigeno. Me estoy quedando sin oxígeno.
—Yo…
—No, ahora vas a escucharme, Rose.
Rose.
No florecilla. Me llama Rose cuando está enfadado.
Me importa una mierda, yo no puedo respirar, me ha tomado por sorpresa.
Lo de Alex, de él, su amenaza e irrumpiendo de esa forma macabra.
Mis pulmones necesitan tregua. Necesito respirar, necesito mi inhalador.
¿Lo necesito? Sí, maldita sea. La última vez pude notar que se había quedado sin palabras.
Eso puede funcionar, si me estoy ahogando tiene que ir por el maldito inhalador. ¿No?
—Neces…necesito…
Siempre he sido buena actriz, así que hago sonidos de ahogamiento. Sus cejas se juntan y me observa. Mierda. No quiero que me vea así.
—Por favor…