Capítulo 5 #3
Pone sus dedos en mi hendidura y se deslizan con facilidad, abro mi boca contra su mano y dejo salir un gemido cuando sus dedos comienzan a trabajar y soy un mar en el interior de mis pantalones.
Mi ladrón me sostiene con fuerza del rostro y dejo caer mi cabeza hacia atrás cuando mete un dedo, luego dos y aprieta mi clítoris.
Eso se siente malditamente bien y mal al mismo tiempo. ¿Debería gritar?
—Oh, Dios. —gimo buscando hacer un contacto con él, pero no lo hace. Solo mueve sus dedos mientras ahoga mis gemidos en la palma de su mano. Puedo sentir que está duro y eso está acabando conmigo ¿Qué mierda está esperando?
Mi orgasmo se está formando fácilmente y ahora no quiero que vaya a ningún lugar. Una corrida fácil, lo hubiera dicho, lo necesitaba.
—Te sientes tan bien, Florecilla. Un día mi polla será la que se deslice en medio de tus piernas y gritarás mi nombre, me odiarás tanto que me amarás al mismo tiempo, entonces—escucho sus dedos entrar y salir con rapidez—Solo entonces, me rogarás que pare y no lo haré, te follaré y te follaré hasta que juntos nos convirtamos en polvo. Estoy tan enamorado de ti, cariño.
Mierda. ¿Por qué voy a correrme con solo escucharlo hablar?
Porque estás tan loca como él.
Grito en su mano cuando mi orgasmo me llena por cada poro y exploto en el éxtasis viendo colores y fuegos artificiales por todo a mi alrededor.
—¡Dios!
—Eso es, soy tu maldita religión, cariño.
Mis piernas no soportan mis temblores y el hombre culpable que me acecha me sostiene de la cintura. Saca su mano y veo como lentamente se la lleva a la boca y chupa sus dedos.
Mierda.
Me sonrojo y caigo en la realidad.
Libera mis manos y veo las marcas que ha dejado y ¿Dios! Me he corrido, ha hecho que me corra y lo odio porque para él fue tan fácil tocar el punto exacto.
La palma de mi mano va a dar a su mejilla y la detiene en el aire cuando quiero golpearlo.
—¿Quieres más? —amenaza—Sabes, los orgasmos anales son más intensos.
Me detengo y veo hacia otro lado. No sería capaz ¿O sí?
—Buena chica.
Me coloca mi abrigo y lo cierra para cubrir toda mi piel desnuda y yo me dejo hacer. Mirando cada uno de sus movimientos es calculador y demasiado detallista en todo lo que hace. Moja una servilleta de papel, me toma la mano y limpia la sangre seca de ella, veo cómo aprieta su mandíbula.
Le molesta.
Él tiene un serio problema con mi protección, pero a él no le importa lastimarme. Es porque solo él quiere hacerme daño. Tira la toalla en la basura y me ve por última vez antes de salir por la puerta.
—No intentes correr, florecilla. Estoy en todas partes.
Me veo al espejo y estoy con la cara roja, mis labios hinchados y satisfecha cuando una sonrisa cubre mi rostro como la sangre hirviendo en mi interior.
¿Qué mierda acaba de pasar?
Salgo del baño con mi bolso y mi teléfono en mi mano y camino hasta mi auto. Cierro las puertas con llave como si lo que acabara de pasar no fuera suficiente. Todavía tengo el número de la policía marcado. No es tarde para hacer esa llamada y decirles que mi acosador me agredió en un baño público.
¿De verdad lo hizo? Piensa mi enemiga interior.
—¡Sí, lo hizo!—grito como si ella pudiera oírme pero más bien la escucho reír a carcajadas.
En cuanto voy a darle al botón de llamar aparece un mensaje de texto arriba.
Desconocido: Si lo intentas otra vez voy a castigarte y el orgasmo no está incluido, florecilla y no querrás conocerme cuando me enfado.
¿Acaso ya no estaba enfadado cuando tenía sus dedos dentro de mí?
Pienso en algo mejor y le doy llamar al número privado. En el primer tono me responde.
—¿Ya me extrañas? —su voz hace que mi pecho se acelere. Tiene una voz demasiado profunda como la de una bestia salvaje. Eso ni siquiera tiene sentido, las bestias no hablan. Solo él. En eso se le parece más ahora que lo he visto en persona.
Mierda.
Lo he visto en persona y sigue aterrándome porque ahora mi pesadilla tiene un rostro el cual no podré sacar ahora de mi cabeza.
—¿Qué quieres de mí?
Escucho que respira del otro lado. Esto le divierte al maldito.
—Te quiero a ti, Rose. ¿No he sido claro?
—Has sido una molestia, una pesadilla. —mi voz es apenas un susurro. Tengo mi cara caliente. No le tengo miedo, pero me pone nerviosa. ¡Y acaba de darme un orgasmo por Dios!
Se ríe a carcajadas del otro lado y me estremezco en mi auto. Miró mi reflejo en el vidrio de mi ventana y estoy roja como un maldito tomate por lo que él causa en mí. Sí. Así no daré mi brazo a torcer. Quiero que se detenga por el bien de él.
—¿Cómo te llamas?
Al menos que me dé un nombre. Iré a la policía no me importa lo que diga, redactaré un maldito correo. O le diré a Lilith que lo haga ella por mí, pero para eso, necesito un maldito nombre ahora que tengo una descripción clara de él y del tamaño de su polla marcada en el pantalón.
Es un hombre grande.
—Soy tu bestia. Me has llamado así un par de veces. Pero soy peor.
Cuelga.
—Mierda.
Le escribo a toda velocidad un mensaje. No tendrá él la última palabra.
Déjame en paz o iré a la policía. No te tengo miedo, bestia.
No recibo respuesta. Pero puedo escuchar que se está riendo de mí.
Sé que mi amenaza lo cabreará y hará una estupidez después de esto.
Fue descarado en meter su mano dentro de mis pantalones y sus dedos en mi coño.
Este hombre no es un acosador cualquiera, los acosadores no solo acechan en la oscuridad, a la primera oportunidad meten su polla dentro de ti no sin antes golpearte y matarte psicológicamente.
Mi bestia no hace eso.
El acecha, me provoca. Conoce mis límites o al menos eso piensa. Y demonios, cuando se me puso delante; él sabía mi reacción.
Es un hombre jodidamente hermoso, pero está mal de la cabeza. Si esta es su forma de conquistar a las mujeres, tiene serios problemas. No es normal y se ha metido en mi casa y violado mi seguridad.
Nada de eso está bien. No soy una idiota para no darme cuenta de eso.
Me quiere a mí. No me tendrá de todas maneras.