La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Deberías—su sonrisa se borra y solamente tengo un par de ojos grises retándome con la mirada. —Pero si corres quiero que lo hagas hacia mí no para huir de mí.

Por Dios que se calle.

—Así que, eres real. —no espera que le diga esto.

El efecto que quiere causar en mí no es miedo.

Al menos no se lo hago saber. Estoy asustada, no porque me acecha sino porque intentó matar a alguien solo por tocarme.

¿Qué pasará con Alex? Este tipo está loco, tuvo que haber huido de algún psiquiátrico estoy segura.

Su pecho es fuerte, sus músculos son grandes y es bastante alto, podría doblarme en dos. No tengo problema con eso y me siento enferma y asqueada por sentirme atraída. El maldito sabe el efecto que puede causar, pero mi orgullo no me permite derretirme ante él y su estúpido juego.

—No te contengas, florecilla. Puedes correr si quieres, pero si lo haces, te encontraré. Sabes que lo haré. Siempre consigo lo que quiero y creo que sabes lo que quiero.

Trago.

Tomó otro sorbo de agua y buscó mi inhalador en mi bolso.

—Discúlpame—no sé por qué me disculpo para ir al baño.

Pero el asiente y me deja ir, casi corro para llegar al tocador y entró encontrándome con mi propio rostro en el espejo cuando me miró.

Tengo la cara roja, los labios entre abiertos y jadeando.

Me llevo el inhalador a mi boca y siento como poco a poco se van llenando mis pulmones.

Yo no le tengo miedo, pero mi cuerpo sí. Las imágenes de los pétalos en el sótano me hacen recordar su dura promesa. El pétalo que ha traído, ha sido el último. Por eso ha venido por mí. Pero también siento que lo hizo a propósito como si quisiera protegerme de Alex.

No necesito su protección y definitivamente tengo que hacerle entender a mi cuerpo que no le tengo miedo.

Cierro mis ojos e intento controlar mi respiración, pero esos ojos grises y su sonrisa diabólica viene a mi mente. Su belleza debería de ser algo prohibido. Su sonrisa debe tener alguna droga y su voz… es una perdición.

Me duele en medio de mis piernas y lo odio.

El maldito sabe cómo luce. Y no caeré en su juego. Me quedaré aquí.

Escucho el pestillo de la puerta y me giro bruscamente para chocar con algo duro y caliente. Está gruñendo como una bestia, lista para atacar. Levanto la mirada y me encuentro con una mirada inyectada de deseo y lujuria.

Poseerme.

Se lame de nuevo los labios y me ve.

—¿Escondiéndote de mí, florecilla?

Mi inhalador se resbala de mis manos y cae al suelo. Llamando la atención de él. Lo ve y frunce el cejo cuando se agacha para recogerlo.

No lo sabía.

Había visto suficiente, pero está parte de mí claramente no lo sabía porque lo veo tragar y aclarar su garganta cuando dice:

—Mi florecilla es frágil.

¿Qué mierda significa eso? ¿Lástima?

—¿Quieres respiración boca a boca?

Lo empujo, pero es un chiste. No se mueve. Entonces lo golpeó en el pecho para que se aparte.

—¿Quién mierda eres? ¿Qué quieres de mí?

Su mano va a dar a mi cuello y lo aprieta. El rojo de sus ojos es lo que me atrapa y me excita al mismo tiempo. Está enfadado. No necesita decirlo en voz alta. Sus fosas nasales se abren y levanta una ceja. Ya no está sonriendo.

Este hombre ha venido a hacerme daño. Mi cuello es el primero que romperá. Pero no demuestro debilidad alguna si este es mi final, lo tomaré.

—He aguantado tu insolencia a través de tus mensajes, cuando gritas como una puta loca por las noches pensando que estoy ahí; pero no soportaré que lo seas en mi cara. —su agarre es más fuerte y comienzo a ver luces de colores—Dime ¿Cómo debería castigarte?

—S… Suéltame.

Mis manos lo arañan, pero no parece afectarle. De hecho, que me tenga así inmovilizada parece excitarlo. Una de sus manos toca mi rostro suavemente, deslizándolo hasta mis labios. Gruñendo mientras lo hace, sigue descendiendo hasta llegar al dobladillo de mi suéter y se detiene cuando gimo.

—Quítatela.

Abro los ojos como platos. Primero muerta a dejar que abuse de mí en este sucio baño. Aunque la idea de tenerlo dentro no suena nada mal, primero muerta a permitir que lo haga en estas circunstancias.

—No te violaré, florecilla. Así que obedece o te la quitaré yo mismo y no te gustará.

Estoy enfadada.

—¿Quién te crees que eres para darme órdenes, maldito loco?

Estoy acorralada entre el lavabo y él. Ni se mueve, pero su mano sí, hace un movimiento y un cuchillo aparece de la nada en su mano.

Arma blanca.

No me gustan los cortes. Desvió la mirada para no mostrarle debilidad o que estoy a punto de mearme en mis pantalones. ¿Y si grito? No. Clavaría ese cuchillo en mi garganta en cuestión de segundos y me dejaría aquí tirada.

Mi muerte en un baño público de un café. Qué patético.

Me rehúso.

—Vete.a.la.mierda.—siseo y coloca el cuchillo en mi garganta.

Lo baja lentamente y escucho como rasga la tela.

Ese sonido hace que me erice en partes donde no quiero admitir y siento el aire fresco en mi piel desnuda.

Ahora mi suéter es una chaqueta improvisada.

Mis tetas están a la altura como un pequeño trofeo esperando por él.

Los ve, pero no se detiene en ellos, busca en mi rostro algo. ¿Qué es lo que ve?

Estoy llorando y gritando por dentro y él no lo sabe. ¿Por qué me hace esto? ¿Lo merezco?

Su otra mano rasga la manga y tengo mi hombro y mi brazo desnudo.

Sus ojos se detienen en lo que ve en ellos, no son mis tatuajes de mujeres y caricaturas femeninas y sexys como Betty boop en blanco y negro es otra cosa.

Tampoco es la rosa tatuada en mi cuello, es otra cosa que no logro descifrar en él.

Se le ve descojonado, como si quisiera matar a alguien, cuando veo lo que tanto llama su atención, lo entiendo.

Las marcas que dejó Alex.

Veo a mi ladrón frente a mí y tengo muchas dudas ahora. ¿Por qué le importa? Él está actuando como un loco, pero se molesta que alguien me toque o me marque de esa forma.

Daño.

Él no me ha hecho daño. Aún.

—Rose—arrastra mi nombre y creo que tendré un orgasmo—Pídeme que me encargue y lo haré por ti.

—¿Qué?

—Nadie te toca. Excepto yo. Nadie deja una marca en tu cuerpo que no sea yo. Nadie te hará temer, solo yo y nadie, que no sea jodidamente yo te volverá a follar. ¿Lo entiendes?

Es demasiado para procesar. Ni siquiera sé su nombre. Pero él parece saber todo de mí, hasta lo que no le importa. Se atreve a acorralarme aquí y amenazarme, ¿Quién se cree que es?

¿Mi verdugo?

—Pídemelo.

—No—tomó su cuchillo por la parte afilada y el abre los ojos como platos cuando la sangre comienza a correr desde el interior de ella.

—No sé de dónde has salido, pero yo no he pedido un maldito héroe que venga a rescatarme. Llegas tarde. ¿Crees que te tengo miedo? Acecharme en la oscuridad, seguirme, acosarme, intentar matar al extraño que me invita a bailar en un club. Eres patético.

Sus manos vuelven a mi cuello, aparta la cuchilla de mi mano y la toma, llevándosela a la boca y sacando su lengua, lame el interior y yo gimo en respuesta.

Me odio.

Lo odio.

Lame cada gota de sangre y observa el interior de mi mano viendo las viejas cicatrices que hay en ellas.

No siento nada, he dejado de sentir. Pero él me hace sentir muchas cosas.

No soy estúpida, sé su juego y no lo jugaré a menos que me obligue, él saldrá perdiendo primero porque veo debilidad en sus ojos cuando me ve.

¿Se ha enamorado de mí ya?

Lamo y muerdo mi labio inferior.

—Deja que te ayude con eso—dice, colocando su mano en mi mandíbula y atrayéndome hacia su boca, me muestra los dientes y muerde mi labio inferior. Aprieto mis rodillas y siento el ardor en medio de ellas.

¿Qué demonios pasa conmigo?

Muerde y succiona mi labio sin besarme y aunque quiero que lo haga, no lo hace ni yo tampoco. Su aroma, su aliento, sus manos me hacen sentir por primera vez algo en mi frío corazón.

No puedo dejar que lo derrita. Porque eso me destrozaría. Es un total desconocido para mí, aunque él sepa todo de mí hay algo que él no ve, mi interior.

Se separa y yo me quedo esperando más. Cuando estoy sin su agarre, tomo mi teléfono celular y como un maldito monstruo; sus ojos lo ven escondido detrás de mí por el espejo. Veo furia en sus ojos como diversión.

—Se está volviendo viejo, Rose. ¿Vas a llamar a la policía?

—La policía te tiene que estar buscando por intento de asesinato.

—¿Acaso me viste hacerlo?

No respondo. Sabe de lo que estoy hablando y no lo está negando.

—Ahora—me quita el aparato de las manos y su otra mano vuelve a mi cuello, esta vez no se detiene, quiere hacerme daño, así como lo prometió si volvía a llamar a la policía—¿Cómo crees que debería castigarte?

Es momento de escapar y me pongo en guardia, lo golpeó en el rostro, lo que hace que se enfade más. Escucho el cinturón de su pantalón y grito.

—¡Ayu…

Me calla con la mano que tenía en mi cuello

—Vuelve a gritar y el castigo será peor.

Su amenaza no suena como sus juegos, está hablando en serio porque su agarre es fuerte y está comenzando a doler. Vuelve a poner su mano en su cinturón y lo saca de su pantalón oscuro y lo coloca sobre mis manos y me esposa para inmovilizarme.

Cuando quiero gritar de nuevo, me tapa la boca con su mano grande y la muerdo, se ríe y siento el sabor metálico en mi lengua.

Le he hecho daño y solo he conseguido que se ría de mí. Su mano libre comienza a trazar círculos en mi mandíbula y continúa por mi tatuaje en mi cuello.

Le gusta.

—Tan hermosa y perfecta. Eres una buena chica. ¿Lo sabías, Rose?

Sin dejar de verme sus manos llegan a mis pantalones y los desabrocha. Me congelo y grito en su mano, pero mi grito se convierte en un gruñido y lo estoy insultando fuerte y claro, aunque no le importe. Mete su mano y odio cuando se encuentra con mi humedad.

Aprieto mis ojos y sus labios llegan a mis oídos.

—Me doy cuenta porqué me odias tanto, florecilla. Tu coño me odia a chorros.