La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Él me hará temblar y llorar...espero que lo haga.

El sonido de mi gato arañado la puerta me despierta.

Quiere salir. Lo he dejado encerrado conmigo después de sentirme una súper heroína y encerrarme con él en mi habitación.

—Ya voy.

Desbloqueo la puerta y hago la silla a un lado, arrastrándome hasta afuera donde mi gato sigue y lo primero que hace es meter su culo en la caja de arena.

—Gracias por no mearme encima.

Pongo la cafetera y me sirvo una taza con leche primero antes de dejar ir el café dentro. Me gusta el café con leche por las mañanas. Tomo una aspirina para que mi dolor de cabeza no aparezca y veo la puerta del sótano cerrada. Camino hasta ahí y recojo los pétalos.

Decido quedarme un rato más y compruebo mi teléfono. No tengo mensajes del ladrón, posible asesino y me siento decepcionada por ello. Me sobresalto cuando vibra, pero en cambio veo una llamada entrante de Alex. Arrugo la cara y respondo.

—¿Sí?

—Lo lamento ¿De acuerdo?

—Buenos días para ti también. —me burlo hurgando mis uñas. Mi esmalte negro está intacto en mis uñas largas en forma de almendra.

Me hago manicura una vez a la semana yo misma porque no duran nada después de dos conciertos. Hoy tengo práctica de piano y he pensado en quedarme en casa y tocar el propio o ir al teatro y despejar mi mente.

—Necesito verte—la voz de Alex me saca de mis pensamientos. Por un segundo olvidé que estaba ahí.

—Yo también, te espero en el café de la esquina en dos horas.

Cuelgo y termino mi café acariciando a mi gato.

—Señor Poe. Creo que te llamaré así.

Me quito mi abrigo y quedo solamente con mi suéter blanco.

La temperatura es baja, hace frío, pero no me importa.

Mis pezones no se marcarán de todas maneras gracias a mi sostén que lo cubre.

Veo a Alex sentado y parece cabreado por algo.

Ayer le dije que todo acabó. Me llevé la sorpresa de que tenía un moretón en mi brazo que cambiará de color con los días gracias a él.

No podré usar vestidos en estos días, al menos no sin mangas para poder cubrir.

Ni todo el maquillaje podrá esconder sus dedos marcados en mi piel.

Lo odio por eso.

Me siento frente a él y coloco mi cabello detrás de mi hombro. Él suspira derrotado y me sonríe. Yo no.

—Lo siento. Sé qué estás molesta.

Levantó ambas cejas y me rio.

—¿Molesta? ¿Y por qué cosa? ¿Por qué bebiste? ¿Porque apostaste? ¿O porque me hiciste daño? Dime Alex. ¿Por qué debería de estar molesta?

Asiente derrotado. Pero no es suficiente.

—Sé que lo arruiné y lo siento. No volveré a hacerlo.

—Te lo dije. Esto no funciona.

Ahora sus ojos se vuelven fríos. Así como los tenía anoche cuando me tomó del brazo. Este es el verdadero Alex el que no recibe lo que quiere.

—¿Estás jodiendo conmigo?

—No, tú lo jodiste primero. Nunca cambiarás y has dejado tu marca para darme cuenta. ¿Sabes lo patético que es?

—Dije que lo siento.

—Y yo dije que se acabó.

Hace silencio. Y mis manos comienzan a temblar en mis piernas. Las ignoro. No tengo miedo, no estoy teniendo un ataque de ansiedad y mucho menos necesito mi inhalador.

Alex asiente nuevamente, pero sé que está lejos de aceptar que se acabó.

—No puedes hacerlo.

—¿Disculpa?

—No puedes terminar conmigo, Rose.

Eso hace que me encienda la sangre. Nadie en la vida me dice lo que puedo y no puedo hacer.

Ni siquiera lo más oscuro de mi vida pudo conmigo.

Un mortal como él no lo hará y me rehúso a temerle a otro hombre.

Alex no es nada a lo que yo pueda temer.

Y ahora que lo veo con claridad pienso en todo el tiempo perdido.

Me estaba aferrando a algo que no era. Y me siento como una estúpida.

Por intentar ser normal. Esto no es normal. Esto no es lo que quiero.

¿Qué es lo que quiero?

—Ni siquiera lloras. —tiene razón. No estoy llorando y tampoco lo haré. —Nunca me amaste.

Error.

Lo quise. Lo quiero, pero me quiero más a mí y él no es bueno. Nunca ha sido bueno para mí. Debo agradecerle eso al ladrón que me acecha, ha sacado lo peor de mí y eso era terminar con Alex, pero él se lo buscó solito. No tengo que agradecer una mierda a nadie.

—Eres una maldita perra fría.

Hago lo que no se espera o quizás sí. Me rio. Me rio fuerte a carcajadas. Es la primera vez que me insulta, al menos sobrio. Si está sobrio ¿no?

—Vete a la mierda, Alex. Tú te encargaste de eso.

—Eres una puta, sucia, fría y rara perra que jamás haya conocido.

Sus palabras chocan en mi pecho como las plumas de un halcón.

No me hacen nada, pero puedo sentir en mi interior como algo dentro de mí se enciende y hace chispa, enviando mensajes incoherentes a mi cabeza.

Siento el ardor en el interior de mis manos por clavar tan profundo mis uñas, pero no me detengo.

Quiero sentir algo. Aunque sea lo más mínimo pero sus palabras no me hacen una mierda.

Y eso lo cabrea más. ¿Qué clase de mujer no llora por romper con su novio de dos años?

¿Qué clase de mujer no llora por la humillación?

Yo soy esa mujer. Una perra fría como lo dijo.

De pronto siento que alguien se sienta a mi lado y me abraza cuando coloca su brazo por encima de mi hombro y los ojos se Alex van a salirse de sus órbitas. El calor, la seguridad y mis vellos de punta me avisan del peligro, pero no me muevo.

El aroma me hace estremecer por lo bien que huele. Es un olor que no puedo describir pero que de inmediato me embriaga.

—¿Quién mierda eres?—Alex es el primero en hablar. Mis ojos recorren sus manos y dedos tatuados que golpean suavemente la mesa mientras tararea una canción que solo yo puedo escuchar.

—Seré tu peor pesadilla si no desapareces ahora mismo.

Su voz es grave. Fuerte. No titubea. Y tiene acento.

Hay algo de comedia en su tono de voz como si no le tuviera miedo a nadie.

Me siento atraída enseguida y aún voy por sus brazos.

Unos grandes y gruesos brazos que lo cubren una chaqueta de diseñador.

Siento su aroma, la mezcla de menta, tabaco y algo más pican mi nariz y luego veo su cuello cubierto por espinas y hojas que se esconden en el interior del cuello de su camisa.

Sus tatuajes son más escalofriantes que los míos.

Y me atrapan unos ojos grises y unos labios carnosos sonriéndome mostrándome unos dientes perfectos y blancos.

Se relame los labios y me fijo en su nariz y mandíbula cuadrada que la cubre una barba poco corta, y su cabello casi rubio largo en un moño bajo y poco desordenado.

Una bestia. Este hombre no es de este planeta.

Emana peligro y algo más cuando cierro mis piernas de golpe cuando me sonríe de nuevo.

—¿Me estás dejando por él?

¿Qué?

De pronto tengo la garganta seca y me cuesta respirar. El hombre a mi lado arrastra un vaso con agua frente a mí y lo tomo sin pensarlo. Mierda eso se siente bien.

—Estoy esperando una explicación, Rose.

—Creo que ella ya dijo suficiente. Pero si quieres más a detalle. Ella es mi mujer. Y si vuelves a insultarla, voy a cortarte la maldita lengua y te la haré tragar.

¿Su qué?

Escondo mi mano sobre mi regazo y el extraño la toma y toca la sangre que tengo en el interior y con su pulgar traza pequeños círculos como si quisiera borrarlo. Su toque es eléctrico y caliente y me estremezco cuando ese pequeño roce manda mensajes a mi cerebro que no quiero en estos momentos.

¿Por qué no puedo simplemente salir corriendo de esta situación?

—Esto es increíble, una mierda. ¿Desde cuándo me engañas con este fenómeno?

Yo no diría algo como eso. Es el doble de su tamaño. El hombre a mi lado tiembla debido a la risa silenciosa que saca de su interior.

—Vete—es lo único que puedo decirle a Alex. Le estoy salvando la vida. No tengo una puta idea de lo que está pasando. Este hombre tuvo que habernos escuchado y decidió intervenir como un maldito héroe que no necesito.

—Esto no se quedará así, Rose.

Escucho un gruñido que no proviene de mí ni de Alex. El hombre acerca su cuerpo a la mesa para hablar.

—Vuelve amenazarla y será lo último que hagas—le dice a Alex que por fin se calla—si tienes un problema, puedes arreglarlo conmigo, de hombre a hombre. Así que levántate y saca tu culo de la vista de mi chica ¡Ahora!

Tiemblo y aprieto su mano que no me daba cuenta que aún sostenía. Me suelto, pero él vuelve a tomarla de manera posesiva. ¿Es buena idea que se vaya Alex ahora?

Alex deja el humo en el aire cuando sale disparado de la mesa y se va.

Por fin el hombre me suelta de la mano y me sorprende que ahora tome el lugar de Alex, frente a mí, sintiéndome vacía y confundida.

Veo mis dedos manchados de sangre por debajo de la mesa y no digo nada.

Me han llamado muchas cosas, pero que te llame tu novio perra y puta eso es algo nuevo y patético.

No me siento mal, tengo mucha rabia en estos momentos.

—Mírame.

No recibo órdenes de nadie. Mucho menos de un extraño que vino a lo que él cree, rescatarme. Nadie lo pidió y claramente no lo necesitaba. Cuando estoy lista para llamar a la policía o salir corriendo, coloca algo frente a mí y dice:

—Esto hará que me veas.

Un pétalo rojo.

El corazón me late como una locomotora, pero no se lo hago saber. ¿Cree que saldré corriendo? No le tengo miedo. De hecho, me intriga saber quién es ahora que tiene un rostro, mis dudas son aclaradas.

Es más caliente y guapo de lo que me pude haber imaginado. El ladrón de la oscuridad está ahora frente a mí. ¿Qué sigue después?

Es él. El hombre que me observaba en el teatro, el hombre que me ha enviado mensajes. Mi acosador.

Es real.

¿Por qué lo hace?

¿Lo excita?

—¿Crees que saldré corriendo?—digo en tono de burla—no te tengo miedo.

De hecho, estoy furiosa. Furiosa con él. Me gustaba que se escondiera en las sombras. Ahora todo es real. Él es real y el hecho de que me guste como me mira ahora mismo, y lo que me hace sentir, me pone furiosa. No debería sentirme atraída por mi acosador. No es algo normal.