Capítulo 4
No es el inicio… es solo el fin.
Hago una pequeña reverencia y la gente se pone de pie para aplaudir. Mis ojos no pueden resistirse y veo el punto donde lo vi. Pero no hay nadie. Mis ojos se desplazan por todo el teatro y me encuentro decepcionada.
Mi ladrón no vino esta noche.
¿Y por qué demonios me importa?
Voy a mi camerino, exhausta y me tomo todo un bote de agua mineral. Lilith viene detrás de mí, aún no ha preguntado qué hizo su hermano esta vez y no voy a proteger su trasero de nuevo.
Me siento y mi mejor amiga me quita los tacones y los coloca en el closet junto a los otros, toma un poco de crema y toma mis manos para dar un masaje.
Sí, eso se siente bien. Y me siento como una niña cuando lo hace. La amo, la adoro. Es como una madre a pesar de que tenemos la misma edad ella sabe cómo cuidarme. En otra vida fuimos amantes, ella lo sabe.
Mi fiel amante gótica me dedica una mirada como si estuviera esperando a que hable.
—Volvió a apostar.
Ella deja salir un suspiro de decepción.
—¿Te lo dijo? ¿Te pidió dinero?
—Creo que es lo que anda buscando, por eso llegó tarde a follarme y apareció esta noche. No lo admitió, pero estaba borracho.
Lilith ve la marca de mi brazo y la toca. Duele un poco, pero no me estremezco, soy así. Me gusta el dolor, pero no me gusta ser maltratada de esa forma, no soy idiota.
—¿Él te hizo esto? —cuando ve que no respondo sus pequeños ojos claros se abren como platos junto a sus fosas nasales—voy a matarlo. Se lo diré a mis padres.
—No te metas en problemas por mi culpa. Espero que tu hermano sea inteligente y se aparte de mí, le dije que, si volvía a apostar, se acababa.
—Lo sé. Mierda, no sé cómo lo has podido soportar todo este tiempo.
—Por ti—confieso—porque estoy enamorada de su hermana pequeña.
Lilith se ríe a carcajadas.
—Eres una idiota.
—Pero así me amas.
—Sí, demasiado. Vamos, te llevaré a tomar un trago, lo necesitas.
Sí, necesito eso y algo más pero no lo admitiré jamás.
Mis pantalones de cuero junto a mis zapatillas y un top mostrando mis tatuajes es el atuendo perfecto.
Hace un poco de frío así que me aferro a mi abrigo, cerrándolo.
Mis manos se van al tatuaje de mi cuello y suspiro.
Mis tatuajes esconden algo debajo de ellos, algo que nunca le he dicho a nadie.
Tengo muchos de ellos y mi favorito es la rosa que tengo en mi cuello abarcando cada ángulo junto a una enredadera de espinas.
El dolor que sentí cuando tatuaban todo mi cuello delantero me hizo llorar en alguna parte en mi cabeza, pero no derramé una lágrima.
Pero cada vez que miraba mi cuello desnudo miraba las manos que quisieron matarme hace años, la imagen no es clara, pero siempre lo sueño.
Por eso tenía que cubrirlo, a veces las espinas me ahogan en mis propios sueños, hacen que mi sangre salga a chorros, pero no me importa.
Odio el alcohol en las personas, los hombres borrachos por obvias razones de mi pasado.
Lilith lleva una botella de tequila a nuestra mesa y aperitivos mientras escuchamos a la chica que canta en el pequeño escenario del bar. Los hombres aplauden y están sumergidos en su voz mientras imita con perfección a Lana del rey.
—Tengo un gato—le confieso a mi amiga y ella sonríe.
—Mierda. ¿Cómo se llama?
—No le he puesto nombre todavía, esperaba que me ayudaras con eso. Es negro, como tu alma y la mía.
Nos reímos a carcajadas mientras seguimos con el segundo, y tercer chupito.
Mi columna vertebral se endereza de golpe y siento los vellos de mi nuca erizarse, lo que me hace ver hacia atrás pero no veo a nadie. Y como si lo esperaba, mi teléfono vibra en mi mano avisándome de un mensaje de texto.
Desconocido: Me gusta cuando sonríes.
Mi sonrisa se borra de golpe cuando termino de leer el mensaje. Lo ignoro guardando mi teléfono en mi bolsa y Lilith continúa contándome sobre su última cita y cómo termino con el labio ensangrentado porque el chico tenía un piercing que se enganchó en su labio.
—Eso debió doler.
Otro mensaje, pero no lo leo. Si me está observando quiero que me vea ignorarlo. Se ha mantenido por unas horas sin hacer contacto, y yo he malditamente esperado este momento sin querer aceptarlo. No lo haré. No esperaré por mi ladrón esta vez, puede irse a la mierda con su juego.
Try me de the weeknd comienza una vez que la chica termina de cantar y las personas abren paso para bailar.
Tomo la mano de Lilith y me apresuro a mover las caderas con ella.
Siempre hacemos eso cuando bebemos, bailamos para que ningún idiota se nos acerque, pero eso no funciona esta noche, porque un par de hombres se colocan uno detrás de la otra y comienzan a moverse.
—Vete—le digo a mi admirador—Estoy con mi chica.
Él entiende la indirecta y se va mostrando los dientes. Lilith hace lo mismo con el otro chico y continuamos bailando.
Cualquier hora es la correcta
La hora correcta para que respondas mi llamada, nena (Así que, nena)
¿Estás sola, nena?
Sí él no está, levanta el teléfono, bebé
¿Me puedes probar? (Pruébame), pruébame (Pruébame)
Una vez que dejes de lado tu orgullo
Puedes avisarme
Eres lo mejor que he tenido
Bebita, recuérdame
Déjame saber si esto sigue
Ya sabes dónde encontrarme, encontrarme
Teniendo pensamientos que jamás habías tenido, sí
No sabía que querías que él se enterara
Pensé que sentías algún tipo de amor por él
Bueno, no estoy tratando de romper nada
En lo que has estado trabajando, has sido constante
Pero estoy listo para ir hasta el final si me lo permites, no me tientes
Te ves crecida desde la última vez que te vi
Pudo haber sido, haber sido hace algunos meses
Pero me acaba de llegar la foto que mandaste
No te estás quieta, te ves lista para ir hasta el final
Si me dejas ponerte sobre mí.
Mi teléfono vibra en mi cintura y lo tomo sin dejar de moverme. Lo que leo a continuación me saca una carcajada. ¿Quién mierdas se ha creído?
Desconocido: ¿Dejando que un extraño te toque? Eres mía. Y nadie toca lo que es mío.
Bufo. ¿Suya? Rápidamente mis dedos vuelan para responderle, es a causa del tequila, dije que iba a ignorarlo, pero se empeña en hacerme reír por lo patético que es.
¿Todavía sigues aquí, ladrón?
Recibo una respuesta de inmediato y el corazón da un vuelco sin esperármelo.
Desconocido: Hazlo de nuevo y verás de lo que soy capaz.
Respondo:
Me importa un culo lo que piense alguien que se esconde como un cobarde en las sombras.
¿De lo que es capaz?
No me importa. Pensándolo bien, tomo al chico de la mano de hace un rato y lo insto a bailar conmigo.
Lilith no se molesta y se ríe a carcajadas cuando su amigo la toma de la cintura y comienzan a bailar al ritmo sensual de la canción.
Mi acompañante hace lo mismo, llevando su mano grande a mi cintura y moviéndose conmigo.
Me río en su cara y sus ojos se van a mis labios, me acerco un poco, solamente un poco.
El hecho de que el ladrón, la pesadilla que se esconde a acecharme siga observándome me excita, y sé que eso está mal y es enfermo tanto como lo que él hace de observarme, pero no me importa.
Parte de mí quiere provocarlo y hacerlo salir de su cueva. Quiero que me dé la puta cara.
Seguro es feo y se hace una paja en mi nombre cada noche.
—¿Cómo te llamas? —le pregunto.
—Mike—arrastra las palabras hacia mi oído para que pueda escucharle.
Mike es guapo, pero no es mi tipo. Lleva un traje sin corbata como si hubiese tenido un día lleno de trabajo y haya querido venir a ligar esta noche.
Aunque no parece ser tan intenso como el amigo de Lilith que intenta besarla y ella se ríe haciendo su movimiento de que es una chica difícil.
—Bien, Mike, soy Rose y bailas muy bien.
Mike se ríe.
—Sé quién eres. Fui a verte esta noche.
—¿De verdad? ¿Eres mi fan entonces?
—Digamos que sí—me sonríe—¿Merezco un premio?
Bingo. Un idiota más. Y esta noche no quiero jugar.
—Me temo que no, Mike. Pero gracias por verme tocar.
Se ríe y la música acaba. Mike se acerca y me planta un beso suave en mi mejilla y yo me alejo con mi amiga. Volvemos a reírnos cuando llegamos a la mesa y arrojo mi teléfono a la mesa. No tengo ningún mensaje, supongo que el ladrón se cansó de jugar esta noche.
Dos botellas de tequila y una cerveza y estoy lista para irme a casa.
—Vamos, te llevaré—dice Lilith—estás ebria.
—¿Lo estoy? —entrecierro los ojos y es verdad.
Cuando me pongo de pie me tambaleo y mi amiga se aferra a mí cuando me coloca el abrigo y salimos a la calle donde hay muchas personas y escucho las sirenas de una ambulancia y la policía.
Todos están rodeando a alguien en la calle y las personas están hablando entre sí llamando la atención de todo el que va saliendo del bar.
Mis ojos se quedan inertes cuando veo a un hombre tirado en medio del pavimento e inmediatamente lo reconozco.
Mike.
La ambulancia llega rápidamente con una camilla y lo sube. Está inconsciente y no puedo evitar no escuchar cómo la gente le dice a la policía que un auto salió de la nada y lo atropelló.
—Vámonos de aquí—propone Lilith tomándome del brazo. Mi embriaguez ha salido corriendo a esconderse bajo las sombras, mi mente me dice que vea mi teléfono cuando vibra en mi mano y veo rápidamente el mensaje ahogando un grito en mi interior.
Desconocido: Dime que soy un cobarde una vez más. Te lo dije, florecilla. Nadie toca lo que es mío.
Estoy ahogándome en agua mientras Lilith me observa. Le he mostrado los mensajes y está tan sorprendida como yo por lo que este ladrón es capaz de hacer ahora. Pensé que era un juego, pero claramente no lo es.
—Y él es el que deja los pétalos. —concluye mi amiga fumando un cigarrillo mientras acaricia a mi gato.
No se ve tan asustada como yo. Pero no lo admito. Alguien murió o no y es por mi culpa.
—No creo que sea él. El que te envía estos mensajes solo está jugando contigo. Y el que atropelló esta noche a ese sujeto fue algún ebrio.
—¿Tú crees?
—Rose, más vale que así sea sino te estás enfrentando a un psicópata. ¿Cómo es que Alex no ha salido lastimado si follas con él?
—Porque era mi novio. Y este sujeto era un extraño.
—¿Entonces quiere que seas fiel a Alex?
Me llevo las manos a la cabeza. Ha comenzado a doler.
—No lo sé, joder. No lo sé.
—No respondas sus mensajes. Cambia de número, ya sabes el protocolo para estas cosas y no le digas nada a la policía. Actúa como que nada ha pasado y tu acosador te dejará tranquila si no le sigues la corriente.
—De acuerdo.
—Bien, me iré ahora. Necesito mi cama.
—¿No te quedarás? —hago mohín.
—Sabes que no puedo dormir sin mi cama además tienes un acosador que puede aniquilarme en la noche.
Ella está bromeando, pero mi corazón palpita en mi pecho como si tuviera razón.
Me despido de ella y me llevo mi gato a la cama luego de que me desnudo y me pongo un camisón negro para dormir luego de lavarme la cara y los dientes y mi gato se acomoda en mis pies cuando la oscuridad me invade y tengo mucho frío.
No suelo usar la calefacción, siempre me han gustado los lugares fríos pero esta noche mi cuerpo tiembla y no sé por qué.
Solo espero que Mike esté sano y salvo y que el hombre que lo atropelló no haya sido el ladrón que me acecha en la oscuridad.
Mi gato maúlla y abro los ojos. Lo tengo sobre mi pecho y me quejo cuando casi no puedo respirar.
—Pesas demasiado ¿sabías? No más pasta para ti.
Se aparta y me giro, cuando veo un pétalo rojo sobre mi almohada en el lado vacío de la cama.
Eso no estaba ahí.
Enciendo la luz y me llevo las sabanas negras a mi pecho y los vellos de mi nuca están erizados. Me rasco la cabeza y veo la hora, han pasado solo tres horas desde que me quedé dormida.
Mi teléfono está en la mesa, lo compruebo, pero no tengo ningún mensaje. Releo los mensajes del culpable de que mi corazón se quisiera salir de mi pecho y estoy tentada en enviarle un mensaje preguntándole si él fue el que atropelló a Mike.
Lilith dijo que no lo hiciera. Niego con la cabeza y lo dejo de nuevo. Mi gato salta de la cama y sale corriendo cuando escucho un ruido que viene del piso de abajo. Mierda.
Veo la alarma en mi celular y está activada. Nadie pudo haber entrado a menos que sea Alex, pero es imposible Alex nunca aparece a esta hora de la madrugada.
Salgo de mi cama y las luces se encienden en el pasillo con cada paso que doy. Sigo a mi gato y me siento segura por más tonto que suene; creo que ha sido lo más inteligente que pude hacer. Mi gato se queda en la puerta que da al sótano frente al librero nuevamente.
—Ya hablamos de esto, no hay nadie ahí.
Él maúlla en respuesta y abro la maldita puerta. Las luces se encienden y no veo nada cuando entro, excepto el pétalo que está sobre la cama, la mesa, y por todo el suelo. Muchos pétalos.
Mierda. Mierda. Mierda.
Doy un paso hacia atrás para echarme a correr y choco con algo duro y grito. La pared. La maldita pared. Un alivio me invade y salgo corriendo hasta llegar a mi habitación e ir por mi teléfono. Necesito llamar a la policía. Pero entonces recuerdo su amenaza.
¿Y si me está observando?
Pienso en lo que la chica de las películas de terror hace y no es nada inteligente aun así no sé qué otra cosa hacer.
—No te tengo miedo. ¿Me oíste? —habló viendo a la nada fuerte y claro. Si está aquí escondido me escuchará. Sino pareceré una loca. Cualquiera de las dos estoy bien.
—Será mejor que pares. Esto es enfermo. No sé qué quieres de mí, pero no te tengo miedo.
Apago la luz. Tomó a mi gato y me voy a mi habitación y cierro de un portazo. Coloco una silla en la puerta para impedir que alguien entre y me meto a la cama. No vuelvo a pensar en nada más que esa voz en mi cabeza diciéndome que no haga caso a mi amiga y siga mis instintos.