Capítulo 3
No es una pesadilla.
Me despido de los nuevos técnicos de seguridad. Han instalado un nuevo aparato de seguridad en las puertas y ventanas de todo el edificio el cual se activa y desactiva desde mi teléfono en vez de un mando al lado de la puerta.
Es un ladrón.
No es una pesadilla, solo un ladrón, un delincuente se mete de esa forma en tu casa para dejar un puto pétalo. He comprobado mi caja fuerte, hasta mi ropa interior, todo está en su lugar. Él no es un ladrón común. Y sé qué es lo que quiere.
Me quiere a mí. Es mi ladrón de la tranquilidad, una bestia en la oscuridad.
No me tendrá, porque nadie puede tenerme. ¿Alex? Eso acabará pronto. Si el ladrón quiere jugar al gato y al ratón no sabe en lo que se está metiendo, puedo ser la damisela y la bruja malvada al mismo tiempo. Querrá salir corriendo en cuanto vea mi cara real. Pero eso tampoco será hoy.
Entro a mi auto, es un clásico mercedes, era de mi padre y lo restauró para mí. Mi madre dice que este auto es de hombres, yo le digo la carroza que me gusta conducir en Chicago. Simplemente, así como yo, no pertenezco a ningún lugar. Lo que me lleva a los pétalos, también algo único.
En lugar de evocar los sentimientos románticos y alegres que la rosa puede inspirar, el pétalo oscuro invoca un sentido de melancolía, tristeza y finitud.
Si fuera un romántico, dejaría el pétalo seco, pero en lugar de eso, deja uno fresco y hermoso como si quisiera que yo lo mirara morir, lentamente.
Es una expresión de la belleza trágica y efímera que es a menudo ignorada y olvidada en nuestra obsesión por lo nuevo, lo brillante y lo perfecto.
Nunca me ha gustado cabrear a nadie, pero hacerlo con un idiota que no conozco y que se esconde en la oscuridad y por un teléfono me hace querer cabrearlo para que dé la cara.
¿Y si sigo presionando?
Detengo mi auto en la primera tienda de adopción que apareció en google a un radio de distancia de donde vivo.
En menos de una hora tengo una caja para transportar gatos con un gato negro, no me importa la raza, pero es muy peludo, creo que la chica dijo que era un angora, nadie lo había querido adoptar desde que llegó.
Es hermoso y creo que le gusto porque fue el único que lamió mi mano.
Debería de pensar en un nombre, pero en estos momentos solo quiero llegar a casa y tomar una copa de vino con algo de pasta, después haré ejercicio y me meteré en el sótano a leer un poco mientras descanso mi mente y mis dedos para el día de mañana donde tendré otro concierto.
No necesito practicar, no necesito calentar. Solamente lo tomo y la gente me adora por ello.
—Pronto llegaremos a casa, cariño.
Tengo un arenero y una caja de comida húmeda para mi nuevo mejor amigo. Agradecí a la chica que tuviera una tienda justamente ahí para no tener que pasar por el supermercado.
Llego a casa y desbloqueo la puerta con la huella de mi dedo, al momento en que estoy dentro, coloco al gato en la entrada y bajo todo lo demás, termino con tomar mi móvil y activar la alarma.
People change de Machineheart suena en el altavoz mientras cocino la pasta. Me muevo al sonido de la canción y mi gato me observa desde uno de los taburetes.
Es muy observador. Y me da mucho gusto que no me tema, la chica de la tienda dijo que quizás se escondería los primeros dos días, pero realmente está disfrutando del baile privado que estoy dando para él mientras cocino.
Lo adoro.
Dejo ir la pasta pre-cocida en el colador del lavabo y mis ojos se desvían cuando veo una sombra pasar justamente por el rabillo del ojo.
Me alarmo y veo a mi gato que también ha visto lo que yo.
—¿También lo viste? —le estoy hablando a mi gato.
Dejo la olla que está casi quemando mis dedos y me quito los guantes para buscar lo que ahora mi gato ha comenzado a hacer en mi lugar.
Dicen que los animales ven cosas, yo creo que son solamente los gatos, así que no fue mala idea que no solamente me hiciera compañía, es el guardaespaldas perfecto.
Miro por todo el primer piso y no hay nadie, al menos nadie a la vista, las puertas están cerradas. Me detengo mirando a mi gato que se ha quedado de pie justo en el librero que da acceso al sótano.
¿Cómo demonios lo sabe?
—¿Escuchas algo? —le pregunto, el gato maúlla para que me dé prisa.
—De acuerdo, de acuerdo.
Aprieto el botón del mando en el fondo de uno de los libros y la puerta se abre.
El gato es el primero en entrar, voy detrás de él sintiendo los vellos de mi nuca erizarse, pero lo ignoro.
No hay nadie aquí y no es la primera vez que siento que alguien me observa dentro de mi casa o en cualquier lugar donde vaya.
Trastorno de despersonalización, mi médico lo dijo. Y por si no lo sabes, te lo diré. Es eso que sientes en forma persistente o en repetidas oportunidades que te observas a ti mismo desde afuera de tu cuerpo, es lo que sentí hace diez años. Me observa a mí misma y eso simplemente no desapareció.
Soy mi propio acosador. Por eso no puedo tener uno especial, ni otro que haga mejor el trabajo que yo misma hago.
Es posible que la sombra que haya visto pasar; o esa figura sea yo misma.
Y si entré al sótano es porque en otra dimensión ya estoy ahí, disfrutando de mi maldita pasta y mi copa de vino. Pero me decepciono de que no hay nadie.
—Ven aquí, amigo. —tomo a mi gato y salgo del sótano, me voy a la cocina y lo dejo en uno de los taburetes mientras continúo preparando mi pasta. La sensación persiste, pero lo ignoro. La música cambia y mis manos se quedan sin poder moverse mientras escucho la letra de la canción.
Cuando llega la noche, el color se desvanece de mi piel
Y mis huesos se desgastan, simplemente me hundo en ellos
Cuando las luces se queman y te deslizas de mi boca
Una rutina en la que estoy, simplemente me hundo en ella
No sé lo que quieres de mí,
Eres el escalofrío en mi sangre y mis huesos y me estoy enfriando
Oh, ya sabes
Cómo hacerme sentir solo
Y me estoy enfriando
Cuando el miedo se instala y tus sábanas se desgastan
¿Me probarás en todo el vacío?
Cuando me disipe y te haga esperar
Mis manos comienzan a temblar. ¿Por qué se ha producida esa canción? No es parte de mi playlist. Es la primera vez que la escucho y me encuentro atrapada en cada una de las palabras. Tanto que mis ojos comienzan a picar.
Nunca lloro.
Nadie me hace llorar, ni siquiera mi pasado. Mi pasado me paraliza, pero nunca he llorado por ello.
Me robaste y no puedo respirar
Me robaste y no puedo respirar
Eres el escalofrío en mi sangre y mis huesos y me estoy enfriando
Oh, ya sabes
Cómo hacerme sentir solo
Y me estoy enfriando
Eres el escalofrío en mi sangre y mis huesos y me estoy enfriando
Oh, ya sabes
Cómo hacerme sentir solo
Y me estoy enfriando.
El olor a quemado me hace salir de mi neblina y el gato comienza a maullar avisándome de que la salsa de mi pasta está comenzando a quemarse.
—¡Mierda! —apago la estufa y la dejo en el lavabo con el chorro de agua. Tendré que comer mi pasta ahora con salsa de tomate y ensalada.
Y es lo que hago, cuando me sirvo un poco y me olvido de lo extraño que es mi vida ahora y todo lo que sucede en ella.
Mientras estoy en mi camerino sostengo el pétalo fresco que encontré en cuanto me senté a maquillarme y prepararme para esta noche.
No sé por qué, pero no le temo al ladrón que quiere asustarme.
¿Cree que no lo he visto todo? Ya estuve en el infierno, le temo más a las sombras que veo por el rabillo del ojo que a él que sé que existe y es de carne y hueso.
—Hola, preciosa—Alex me atrapa cuando lo veo entrar a mi camerino. Me sorprende que esté esta noche aquí, eso quiere decir que anoche no quedó satisfecho.
Cuando siento el aroma familiar a alcohol y sus ojos como dos vidrios afilados me siento incómoda.
Odio que tome, y es porque Alex no puede controlarse cuando lo hace.
—¿Qué demonios, Alex? ¿Estás borracho?
No se sorprende de mi represalia, se deja caer en el sofá y se lleva las manos a la cara como si mis palabras lo irritaran.
—He tenido un mal día, ¿Sí?
—Oh, discúlpame porque has tenido un mal día—sé que odia que sea irónica y yo malditamente adoro ser así—¿Dónde has estado? Anoche solo apareciste para follar, ¿Tengo que recordarte que no soy tu puta de turno?
Sus ojos se disparan hacia mí. Sus ojos color avellana no me irritan, ni tampoco que se vea tan caliente en su traje casi formal.
Alex es un hombre grande promedio, no me quejo del tamaño de su polla, pero sí de su cerebro.
Tiene músculos marcados que no son la gran cosa, fue su forma de tratarme que me hizo que me enganchara con él.
Era lo que quería o al menos eso pensaba.
No estoy enamorada, claramente él sí, pero últimamente siento que estamos en dos planetas diferentes.
Algo le sucede y sé que tiene que ver con dinero y sobre hacerse cargo del negocio familiar.
Alex es un maldito adicto a las apuestas.
Y eso no combina bien con el negocio familiar de flores de su familia.
Odio las flores, vaya ironía y mi novio maneja una cadena de ellas.
Cualquiera pensaría que mi casa pasa llena de flores, nunca me han gustado y solo recibí unas cuantas de él cuando estaba cortejándome.
Nos entendimos en la cama y no quise volver a comenzar con otro tipo más, parecía decente y me enamoré de su hermana que es mi mejor amiga, su madre por otro lado, es un asco.
Solamente estos dos años pasaron tan rápido que no me importó seguir atrapada en una relación que no tenía ni pies ni cabeza más que la cabeza de su pene y por mí eso estaba bien.
Alex se ríe, otro hombre odiaría que me llamara a mí misma una puta, pero no Alex, a él le divierte.
—Anoche no te quejabas tanto.
—Vete a la mierda, no necesito esto, saldré en cinco minutos y no quiero estrés. ¿A qué has venido?
—Quería ver a mi novia ¿Hay un maldito problema en eso?
Lo ignoro poniéndome mi lápiz labial favorito, el rojo rubí que hace que mis labios destaquen acompañado del color de mis ojos.
—Me doy cuenta de lo que haces, Rose. No va a funcionar conmigo. Sabes que nos complementamos.
Me rio. Está tan equivocado. Siempre el alcohol le gana en las estupideces que salen de su boca.
—Tienes razón, no funciona.
Sé que entiende el punto cuando se pone de pie y se acerca rápidamente hasta donde estoy. Me gira sobre mi silla rápidamente que ahogo un grito debido a la velocidad.
—¿Qué dijiste?
Veo rabia en su mirada, frustración. Y algo más que no puedo leer.
Alex además de ser un señor de las flores, tiene problemas con el alcohol y también las apuestas.
Por eso su padre no quiere darle las riendas de la empresa, porque es un maldito idiota que no sabe jugar limpio y siempre se mete en problemas.
—¿Debes dinero de nuevo? —su cara palidece y encuentro mi respuesta.
Decepción.
Asco.
Ironía.
Pero solamente me rio cuando él no dice nada más se aparta y yo me pongo de pie y pongo distancia entre los dos.
—Sabes las consecuencias—amenazo fuerte y claro. La última vez le dije que lo dejaría cuando le pagué a uno de los hombres que lo golpeó. Cincuenta mil grandes. Le dije que se acabaría.
Cuando voy a salir por la puerta, me toma fuerte del brazo.
—No puedes terminar conmigo, llevamos dos años. Me necesitas.
—¿Perdón? —es casi una ofensa—¿Necesitarte? Necesito más a mi maldito gato en estos momentos para relajarme que a ti y apenas lleva veinticuatro horas conmigo.
Él arruga la cara en confusión.
—¿Tienes un gato?
—Sí, lo adopté ayer.
—Sabes que soy alérgico.
—Eso ya lo sé, como sabes que soy alérgica a tu mierda.
Dicho esto, me suelto de su fuerte agarre sintiendo el ardor de su toque, sé que eso dejará una marca y me odio por eso. Dicho eso, cuando abro la puerta, me encuentro con Lilith que no hace ninguna pregunta cuando ve a su hermano detrás de mí y toma mi mano para encaminarme al escenario.
Bienvenidos a mi vida.