La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 1 #2
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Capítulo 1 #2

Además, tengo su número, más o menos. Puedo enviarle un mensaje y preguntarle si fue él el que me estuvo observando y me sonrió.

O puedo llamar a la policía. O puedo simplemente no hacer ninguna de las dos.

Por favor no me preguntes cómo obtuve su número, solamente hubo una llamada.

Una respiración y un gruñido. Eso fue cuando estaba follando con Alex.

Una llamada al azar, no respondió. Solamente deduje.

Estoy loca. Necesito ayuda, pero desde luego no voy a conseguirla.

—Tú nunca las lees. ¿Estás segura que no buscas algo en especial? ¿De Alex por ejemplo? No lo vi esta noche.

A Alex no le gusta que lo vean conmigo. Odia que sea famosa, o simplemente odia no ser el centro de atención. Además, Lilith es su hermana. Lo que lo hace más jodidamente difícil. Aunque sé que mi amiga me prefiere a mí más que a su medio hermano.

—¿Buscas esto? —por alguna razón veo a Lilith que sostiene un pétalo rojo en su mano. Como un animal rabioso llego hasta ella y se lo quito. Mi amiga me ve con los ojos bien abiertos por mi reacción y me pregunto cuántas veces ha visto este pétalo.

—¿Dónde estaba? —le pregunto y me señala el sofá blanco al fondo de mi camerino. Por supuesto, me olvidé de ver el sofá y mi pesadilla está siendo verdaderamente creativo.

—No creas que no me he dado cuenta de los pétalos, Rose. ¿Sabes quién las deja por ahí? ¿Es por ti?

—No tengo idea—miento, pero es muy tarde cuando ella levanta las cejas.

—¡Los he visto en tu casa! ¿Tienes un admirador o una mierda así?

—Puede ser.

—Tiene que ser malditamente pobre para que solo deje los pétalos.

—O realmente inteligente—termino por ella—sabes que odio las flores, todas ellas.

—Claro, porque eres asmática. ¿Crees que tu admirador lo sepa?

Yo no llamaría a mi pesadilla como admirador, es eso, una pesadilla, una muy entretenida mientras se mantenga lejos de mí. Pero si comienza a joder con mi mente va a malditamente lamentarlo.

Y tampoco es por eso que odio las flores. Amo a Lilith, pero ella no lo sabe todo, es por su bien que no sepa mucho.

—No lo llames así, seguramente es una broma y además creo que lo vi esta noche. Estaba al final. En la oscuridad.

—¿Quieres que pregunte?

—No hace falta, tienes razón puede ser solo un admirador bastante original, es todo.

Lilith parece creer en mis palabras, aunque puedo ver la arruga en su frente detrás de su fleco oscuro pensando demasiado en los jodidos pétalos. Guardo el pétalo en mi cartera y estoy lista para irme.

Me gusta mi nuevo sótano. Es el perfecto escondite. Hasta he colocado yo misma la lámpara de araña colgante con diamantes negros en medio de la pequeña sala improvisada.

Los de construcción hicieron un buen trabajo, tengo nuevo piso de mármol bajo mis pies. Paredes blancas y grises. Un esponjoso sofá en forma de L y una mesa de cristal en medio con lo que será mi lectura de este mes.

La chimenea es negra y funciona a control remoto.

Y desde luego, muchas cajas apiladas con los nuevos libros para colocar en los estantes, no me tomará mucho tiempo en ponerlos.

Mi librero tiene una escalera incorporada con rodos que se desliza por toda la larga pared.

El lugar se verá fenomenal y me siento orgullosa de ello.

Compruebo mi teléfono y no tengo ningún mensaje diferente hoy. Tampoco de mi acosador. No debería de llamarlo así, pero mi fantasía de tener uno que no sea tan aterrador como los anteriores hace que mi pecho se hinche con orgullo.

Algo está mal en mí definitivamente y todas esas sesiones de terapia valieron una mierda. Pero es la respuesta de mi mente al ser secuestrada en el pasado que me dejó acariciar la oscuridad de los demás, y más si esa oscuridad luce tan bien.

Salgo del sótano y me abruma la noche que entra por la ventana. No sé cuánto tiempo he estado abajo y necesito una copa de vino y meterme a la cama, el sótano será solamente cuando lo necesite y esta noche definitivamente necesito mi cama.

Alex no me ha llamado y tampoco enviado un mensaje. Debe tener una buena razón o simplemente está siendo un idiota, lo que no me sorprende y lo que también hace que mi necesidad por terminar con él se intensifique cada vez más.

Romperé con él pronto. Siempre soy “La chica que dejaron ir” pero nunca he sido yo la que realmente deja ir.

Mi fama no solamente es por tocar el piano, sino por haber sobrevivido a una de las experiencias más traumáticas de mi vida.

Odio que la gente lo mencione en alguna entrevista, es por eso que ya no doy ninguna, al menos que sea por escrita y mis abogados se encargan de que todo se escriba como acordamos.

Odio a esa chica débil, aunque para el mundo haya sido malditamente valiente para no estar jodida de la cabeza, pero la verdad es que lo estoy.

Mis pesadillas me acechan cada noche, siempre sueño con las manos que me tocaban y la canción que escuchaba todo el tiempo.

Siendo observada las veinticuatro horas con un piano en la habitación.

Fue ahí donde aprendí a tocarlo, me aferré a ese viejo piano durante todo ese tiempo y olvidaba que estaba encerrada en ese sucio lugar.

El piano era lo único que tenía y cuando me dejaron ir, me seguí aferrando a él porque era lo único que hacía que se mantuvieran lejos de mi cuerpo. Cuando tocaba, ellos no me lastimaban y me alimentaban. Todavía no sé por qué me dejaron ir y no quiero saberlo.

Todos los recuerdos son confusos para mí, sé que pasó algo más, pero no quiero recordarlo.

Recorro la cocina y me preparo una ensalada antes de irme a la cama. No tengo una mascota, pero estoy tentada a tener un gato, hago una nota mental de adoptar un gato el día siguiente, aunque Alex sea alérgico espero entienda la indirecta.

Me sirvo una copa de vino y me voy a la cama, el sonido de la lluvia azota mi ventana y me estremezco.

No me gusta la lluvia, no me gustan los truenos y relámpagos porque me recuerdan a las puertas siendo azotadas en ese lugar.

Tampoco me gustan los pasos en el suelo, los sonidos de las suelas hacen que mi mente viaje diez años atrás, y no solamente eso, pero mi mente está agotada en estos momentos y no quiero pensar en mi pasado.

Releo los mensajes en mi teléfono y veo el pétalo en la mesita al lado de mi cama.

No es la misma de anoche, porque la de anoche me aseguré de quitarla de ahí. El latido de mi corazón me avisa del peligro inminente en el que me encuentro, lo puedo sentir en mi garganta, en los vellos de mi nuca cuando mi frente comienza a sudar.