La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

Estoy lista para llamar a la policía cuando escucho el ruido que viene desde la cocina.

De ninguna jodida manera voy a moverme de aquí, pero mis piernas me traicionan y ya estoy en la cocina y todo está pulcro y ordenado como hace un instante.

—Quien quiera que seas, será mejor que corras porque voy a llamar a la policía—amenazo con mi voz temblorosa, pero sintiéndome una maldita gánster.

La brisa de la puerta principal abierta me deja helada y me giro rápidamente cuando ya estoy caminando hacia ella. La puerta no puede estar abierta y mi alarma desconectada.

—Tienes que estar jodiéndome. —abro más la puerta y salgo a la calle, los carros van y vienen sin importar la lluvia.

Vivo en una calle bastante transitada de Chicago; pero frente a mí no hay nada más que un teatro abandonado donde ocurrió una masacre.

Lo que me hacía beneficioso conseguir este piso ridículamente barato gracias a los fantasmas frente a mi casa.

Veo a través de la lluvia y no hay nada más que oscuridad y el faro alumbrando la lluvia.

Y ondas formándose en el pavimento debido a la lluvia.

Hermoso.

Mi teléfono aún está en mi mano, alguien entró a mi maldita casa y eso no me gusta. Sin tiempo que perder marco el 911 y me detengo en seco cuando mi teléfono vibra en mi oreja avisándome de un mensaje.

Desconocido: Ni siquiera lo intentes, florecilla.

Ahogo un grito y dejo caer mi teléfono al suelo. La llamada sigue su curso y yo me quedo congelada mirando como las gotas de la lluvia lo empapan y a mí también. Sé que van a rastrear la llamada y no me importa. Tampoco la amenaza de mi pesadilla.

Él me está observando.

Otro mensaje aparece en la pantalla y lo leo a pesar de las gotas de la lluvia que caen sobre él haciéndome burla.

Desconocido: Estás en problemas, Rose.

Sabe mi nombre. Me apresuro a levantar mi teléfono y puedo escuchar las sirenas a lo lejos acercarse.

¿Quién eres? Maldito idiota, no te tengo miedo.

La gente que camina frente a mi edificio se me queda mirando como un bicho raro bajo sus sombrillas. Una patrulla se detiene frente a mi edificio y dos oficiales masculinos se bajan con la mano en la cintura donde está su arma.

—¿Señorita, se encuentra bien? Hemos recibido una llamada.

Ni siquiera lo intentes, florecilla.

Es como si escuchara su voz en mi cabeza, una voz que me he imaginado cómo suena, ronca y varonil, pero realmente no lo sé, ni quiero saberlo. ¿Florecilla?

—Sí, estoy bien. —sé que puede escucharme y no me importa—alguien entró en mi casa y desactivó mi alarma, me asusté y llamé, pero él teléfono se me resbaló de las manos.

Ellos se acercan y los invito a pasar, sé que aquí adentro no podrá escucharme, ya estoy jodida de todas formas, sabe que la policía está aquí, pero no escuchará lo que les diré.

—He estado recibiendo mensajes de un acosador—les doy mi teléfono a uno de ellos mientras el otro escribe todo lo que digo.

—No creo que haya sido buena idea que le haya respondido, señorita—me dice el oficial y estoy de acuerdo con él. —insultar a su acosar no hará que se detenga.

—No ha vuelto a enviar mensajes, pensé que era una broma, no es la primera vez que sucede.

—¿Alguien más le ha enviado mensajes antes?

—No, pero me han dejado notas, la policía y mis abogados tienen la información.

Ellos se quedan mirando entre sí, han de pensar que soy una loca irresistible, pero luego ven a su alrededor y ven la fotografía en mi sala y el piano debajo de ella.

Es la primera fotografía de mi primer concierto. Un regalo de mis padres.

—¿Es usted, Rose Van Raven?

Suspiro y sonrío de forma automática. Asiento con la cabeza y ellos sonríen, dejando de lado que tengo un maldito acechándome en la oscuridad y ahora ellos quieren mi maldito autógrafo.

—Bueno, señorita parece que todo está despejado y limpio. Pero eso no quiere decir que usted esté mintiendo, estaremos investigando al respecto, ¿De acuerdo?

—Claro—digo de mala gana. El que yo no tenga una descripción de mi acosador no ayuda en nada y tampoco ha hecho contacto físico, solamente mi testimonio y una puerta abierta.

Tampoco mis mensajes son la gran cosa porque he decidido cometer el error de responderle.

Todo juega a su favor menos al mío. Pero me niego a ser una víctima de su juego.

Los policías se van luego de darles a cada uno un autógrafo y yo vuelvo a activar las alarmas, sintiéndome como una idiota porque alguien pudo burlarlas, será mejor que llame a la empresa de seguridad y pida un maldito reembolso.

Segunda tarea para hacer mañana después de adoptar a mi gato.

Me voy a la cama de mala gana y me meto bajo las sábanas, sintiendo la vibración de mi celular en la mesa de al lado, lo tomo de mala gana y al mismo tiempo sintiendo el cosquilleo en mis dedos cuando toco la pantalla y aparece su amenaza clara a mi vista y una risa se dibuja en mi rostro porque esto será jodidamente divertido.

Desconocido: No tienes ni puta idea de lo que te haré ahora, florecilla. Vas a suplicarme que pare y no lo haré.