Capítulo 13
Sentimientos ocultos.
La luz de la mañana se filtraba por los inmensos ventanales de la cabaña en Aspen, iluminando la enorme cama donde las sábanas revueltas eran el único testigo de la pasión que los había consumido la noche anterior.
Sofía despertó con el calor de Alexander aún impregnado en su piel, y por un efímero y dulce segundo, creyó que el mundo exterior había dejado de existir.
Estaba enamorada de él.
La realización la golpeó no con la fuerza de un rayo, sino con la quietud de una verdad que siempre había estado ahí.
Amaba al hombre detrás de la armadura, al hombre que la había protegido con una fiereza instintiva frente a Victoria y que le había revelado la profunda vulnerabilidad oculta en los secretos de su pasado familiar.
Giró el rostro sobre la almohada, buscando sus ojos grises, pero el lado derecho de la cama estaba vacío y alarmantemente frío.
Frunciendo el ceño, Sofía se envolvió en una bata de seda y caminó descalza hacia la sala principal.
El sonido de la voz grave de Alexander hablando por teléfono la detuvo en seco antes de cruzar el pasillo.
Estaba de espaldas a ella, completamente vestido con su habitual traje impecable, la corbata anudada a la perfección.
El implacable hombre de negocios había regresado.
—Sí, Marcus. El trato está asegurado —decía Alexander, con un tono tan frío y calculador que hizo que a Sofía se le helara la sangre—.
Los inversores quedaron fascinados anoche.
El viaje fue un éxito absoluto. La fachada funcionó a la perfección.
No, no habrá complicaciones emocionales.
Sabes que mantengo el control sobre mis inversiones.
Sofía retrocedió un paso, sintiendo que le arrancaban el aire de los pulmones. La fachada funcionó a la perfección. Las palabras resonaron en su cabeza como una sentencia de muerte.
En su mente de estratega, Alexander había estado hablando puramente de los negocios y de cómo habían convencido a los tradicionales inversores asiáticos.
Al mismo tiempo, intentaba desesperadamente convencer a su abogado —y a sí mismo— de que no había perdido la cabeza por su falsa esposa.
Haber presenciado cómo el amor convertía a las personas en seres destructivos a través del desastroso divorcio de sus padres lo aterrorizaba, empujándolo a levantar sus muros más alto que nunca.
Pero Sofía no sabía eso. Para ella, que ya había sufrido una traición devastadora en el pasado que la dejó sin fe en sí misma, el mensaje fue claro y letal: las caricias, los besos y la entrega de la noche anterior solo habían sido la culminación de un trabajo bien hecho.
La noche anterior él había dicho "al diablo con el acuerdo" , pero ahora ella creía ciegamente que todo había sido una herramienta de manipulación para asegurar la expansión de su imperio.
Cuando Alexander colgó y se giró, encontrándola en el pasillo, sus ojos grises brillaron con una intensidad abrumadora, buscando la mirada de la mujer que le había robado el aliento.
Pero Sofía levantó la barbilla, forzando en sus ojos color miel la chispa de pura y obstinada supervivencia que la caracterizaba.
—Buenos días —dijo ella, con una voz desprovista de cualquier emoción—. Prepararé mis maletas. Supongo que, dado que el trato está cerrado, nuestra actuación aquí ha terminado.
Alexander frunció el ceño, profundamente confundido y herido por la repentina frialdad de su esposa.
El instinto le gritaba que acortara la distancia y le dijera la verdad: que estaba aterrorizado porque ella era lo único que realmente le importaba en el mundo.
Pero al ver la mirada distante de Sofía, su propia inseguridad tomó el control.
Asumió lo peor: que ella seguía viendo su relación como un simple intercambio mutuo de beneficios, una transacción pura y dura.
—Por supuesto, señorita Bennett —respondió él, su mandíbula tensándose mientras su voz se endurecía para enmascarar su propio corazón roto—. El jet nos espera. Tenemos un negocio que concluir en la ciudad.
Ambos subieron al avión atrapados en un silencio asfixiante, sentados a centímetros de distancia, pero separados por un océano de malentendidos, dolorosamente convencidos de que se habían enamorado perdidamente de alguien que solo estaba fingiendo,