La Novia Secreta del Multimillonario Capítulo 5
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Capítulo 5

La decisión de Sofía

Sofía no necesitó las veinticuatro horas completas para tomar una decisión.

De hecho, supo la respuesta en el mismo instante en que abandonó la Torre Blackwood el día anterior, recibida por la humedad de la calle y la vibración de su teléfono anunciando un nuevo cargo por sobregiro en su cuenta bancaria.

El orgullo no era una moneda de cambio válida en el mundo real, pero el papel que Alexander le había entregado sí lo era.

Cuando las puertas del ascensor privado se abrieron nuevamente en el piso ochenta, Sofía caminó con una postura mucho más firme. Alexander estaba de pie junto al ventanal, observando la ciudad con esa imponente autoridad que parecía emanar de cada uno de sus poros. Al escuchar sus pasos, se giró.

—Señorita Bennett —la saludó, su voz grave resonando como un eco en la vasta oficina—. Asumo que su presencia aquí indica que tenemos un acuerdo.

—Tengo un par de condiciones antes de estampar mi firma en ese documento —respondió ella, avanzando hasta detenerse frente al imponente escritorio. Su voz no tembló, algo que pareció sorprender ligeramente al magnate.

Alexander enarcó una ceja, claramente intrigado, y le indicó con un gesto elegante que tomara asiento. —La escucho.

—El contrato estipula que mis deudas serán saldadas de inmediato y que recibiré los dos millones al finalizar el acuerdo.

Sin embargo, necesito un adelanto de cien mil dólares transferido a una cuenta independiente hoy mismo.

No voy a empezar mi vida como su esposa preocupándome por las deudas que mi ex me dejó.

Un destello de aprobación cruzó los fríos ojos grises de Alexander. —Concedido. Marcus hará la transferencia en cuanto el contrato esté firmado. ¿Qué más?

Sofía tomó aire, reuniendo todo su valor.

—Usted dejó claro que se trata de un acuerdo estrictamente profesional.

Me mudaré a su penthouse, lo acompañaré a eventos públicos y actuaré como una esposa devota frente a las cámaras y sus socios.

Cumpliré con mi parte frente al mundo, pero de puertas para adentro, exijo privacidad absoluta.

Tendré mi propia habitación y no habrá ningún tipo de intimidad física real entre nosotros que no esté dictada por la presencia de la prensa.

El silencio se instaló en la habitación, pesado y eléctrico. Alexander se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el escritorio y cruzando sus largas manos. La miró con una intensidad que hizo que a Sofía se le acelerara el pulso de una manera que nada tenía que ver con el miedo.

—Me parece justo —concedió él, con una voz suave que rozó como terciopelo los oídos de Sofía—.

Pero entienda algo, futura señora Blackwood: cuando estemos bajo los focos, usted me pertenecerá.

Sus miradas, sus sonrisas y su atención serán exclusivamente para mí.

Si la junta directiva percibe la más mínima fisura en nuestra fachada, este trato se anula y usted perderá cada centavo. ¿Queda claro?

—Completamente claro —afirmó ella, sosteniéndole la mirada con determinación.

Sin dudarlo un segundo más, Sofía tomó el pesado bolígrafo de plata maciza que descansaba sobre la carpeta negra. Trazó su firma con trazos rápidos y precisos en cada una de las páginas señaladas. Al levantar la vista, Alexander ya estaba guardando el documento en su maletín.

—Bienvenida a su nueva vida, Sofía —dijo él, pronunciando su nombre de pila por primera vez, con un tono que hizo que un escalofrío inesperado recorriera su espina dorsal—. Haga sus maletas. Mi chofer pasará a recogerla a las ocho de esta noche. El juego acaba de empezar.