La Novia Secreta del Multimillonario Capítulo 4
20%

Capítulo 4

La Propuesta de Alexander

Sofía apretó las manos sobre su regazo, intentando que no se notara el leve temblor de sus dedos.

La oficina principal de la Torre Blackwood era aún más intimidante a la luz del día.

Todo a su alrededor era de cristal, acero y cuero oscuro, un reflejo exacto del hombre que estaba sentado al otro lado del inmenso escritorio.

Alexander Blackwood no llevaba la chaqueta del traje esa mañana, y sus mangas sutilmente remangadas dejaban ver unos antebrazos fuertes, pero su postura seguía siendo la de un depredador calculando su próximo movimiento.

Frente a él, sobre la inmaculada superficie del escritorio, descansaba una gruesa carpeta negra.

—Seré directo, señorita Bennett —comenzó Alexander, su voz grave y controlada resonando en el silencio de la oficina—.

No la cité aquí para hablar sobre las copas rotas de anoche ni para discutir con su supervisor.

La investigué. Sé de la estafa financiera que le dejó su expareja, sé de los tres trabajos que mantiene para subsistir y sé que está a un paso de perder su apartamento.

Sofía sintió que el aire abandonaba sus pulmones de golpe. La indignación compitió ferozmente con la vulnerabilidad, pero, aferrándose al poco orgullo que le quedaba, levantó la barbilla.

—No sé qué pretende con esto, señor Blackwood, pero si me trajo aquí para humillarme...

—La traje aquí para ofrecerle una solución —la interrumpió él con una calma pasmosa, abriendo la carpeta y deslizando un denso documento hacia ella—. Lea.

Sofía bajó la mirada hacia el papel. El encabezado, redactado con una jerga legal impecable, la dejó completamente paralizada: Acuerdo Prenupcial y Contrato de Matrimonio.

—¿Qué es esto? —susurró, levantando la vista hacia él con incredulidad.

—Es un contrato blindado. Necesito una esposa, señorita Bennett.

Estoy a punto de cerrar una fusión de dos mil millones de dólares con unos inversores asiáticos que son extremadamente tradicionales y valoran la estabilidad familiar tanto como la rentabilidad financiera.

Usted necesita dinero con urgencia; yo necesito proyectar una imagen impecable para que no me arrebaten el control de esta expansión.

Sofía parpadeó, incapaz de procesar la frialdad matemática con la que él hablaba. —¿Me está pidiendo que me case con usted... por negocios?

—Le estoy ofreciendo un empleo sumamente lucrativo —corrigió Alexander, recostándose en su silla de cuero—.

Cien por ciento negocios, cero por ciento sentimientos.

Se mudará a mi penthouse, me acompañará a eventos públicos y actuará como una esposa devota frente a las cámaras y mis socios.

A cambio, todas sus deudas serán saldadas de inmediato.

Además, cuando la fusión se consolide, nos divorciaremos amigablemente alegando diferencias irreconciliables y usted recibirá una compensación de dos millones de dólares.

La cifra resonó en la cabeza de Sofía como el repique ensordecedor de una campana. Dos millones. Era una cantidad de dinero que no vería ni trabajando tres vidas enteras. Podría limpiar su nombre, recuperar su dignidad, abrir el negocio de sus sueños y empezar de nuevo en cualquier parte del mundo.

—Es una transacción pura y dura; nada de dramas emocionales, solo un intercambio mutuo de beneficios —continuó Alexander, sin apartar sus fríos ojos grises de ella, evaluando cada una de sus reacciones—.

Usted es una mujer discreta, inteligente, y, francamente, está en una situación lo suficientemente desesperada como para firmar un acuerdo de confidencialidad inquebrantable.

Sofía miró el contrato y luego al hombre que se lo ofrecía.

Era el hombre más atractivo e imponente que había visto en su vida, pero también el más arrogante y calculador.

Estaba a punto de venderle un año de su vida al diablo en traje a la medida.

Pero, al recordar los crueles avisos de desalojo en su mesa de centro, supo que el orgullo era un lujo que ya no podía permitirse.

—Revíselo con cuidado —sentenció Alexander, tendiéndole un pesado bolígrafo de plata maciza—. Tiene veinticuatro horas para tomar una decisión, futura señora Blackwood.