La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 55
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Capítulo 55

El aire fresco de la calle me envuelve apenas salimos del restaurante. Lo agradezco porque la camarera logró convencernos de probar el famoso sake japonés y ahora siento que me balanceo un poco sobre mis propios pies.

—Soy una vergüenza para nuestro género —les digo a ellas, que también parecen estar un poco alegres. Ninguna de las tres tiene la costumbre de beber alcohol, según me contaron.

En teoría, debería haber llamado a mis guardaespaldas y haberlos esperado dentro del restaurante, pero esta es la primera vez que salgo con amigas y, como mis cuñadas dijeron que se encontrarían con los suyos afuera, decidí hacer lo mismo.

La calle donde está ubicado el restaurante japonés es muy transitada, está prohibido estacionar y, si mis guardaespaldas fueran a recogerme dentro del local, entorpecerían el tránsito.

—Lo somos todas —responde Malu, riéndose de mi comentario—. Pero este sake está delicioso. Voy a pedirle a Emir que consiga una botella para una celebración privada.

Me guiña un ojo con picardía y todas sonreímos.

Menos de un minuto después, Ophelia y Malu se despiden y decido que es momento de enviarles un mensaje a mis guardaespaldas para avisarles que ya los estoy esperando en la acera.

Guardo el celular en el bolso y veo que el auto que vino a buscar a April se detiene a unos metros de nosotras.

La acompaño hasta el vehículo, le doy un beso en la mejilla y doy unos pasos hacia atrás, alejándome del automóvil cuando, de repente, escucho el rugido ensordecedor de un motor.

Percibo vagamente que alguien grita mi nombre.

Creo que es April.

Y, quizá, uno de sus guardaespaldas.

Giro la cabeza hacia ellos y lo único que escucho es a mi cuñada gritar:

—¡Corre!

Por instinto, doy unos pasos hacia atrás y me coloco detrás de una motocicleta, sin entender qué está pasando, pero antes de que pueda preguntar qué ocurre, siento el impacto de algo contra mi cuerpo y, al instante siguiente, salgo despedida por el aire.

Mi cabeza golpea contra lo que creo que es una pared.

Durante varios segundos, el mundo entero gira a mi alrededor.

Escucho gritos y llanto.

¿April está llorando?

Quiero preguntarle si está bien, pero un dolor insoportable me hace sentir que la cabeza va a estallarme y mi visión comienza a nublarse.

Intento moverme, pero mi cuerpo no responde a las órdenes de mi mente.

Los párpados me pesan y mi respiración se vuelve irregular.

Y entonces, de repente, el silencio se apodera de la calle, del mundo, de mí.

Después, la oscuridad empieza a devorarme, pero antes de perder el conocimiento por completo, un pensamiento me alcanza.

Esto no fue un accidente.

Alguien intentó matarme.

Qasim

Estoy a punto de tomar el celular para enviarle un mensaje a Kadri y preguntarle cómo fue el almuerzo con mis cuñadas, cuando el teléfono suena.

Me sorprende ver el nombre de April en la pantalla y, cuando contesto, ella, que siempre es tan controlada, está llorando y gritando.

—¡Tienes que venir! ¡La atropellaron!

Las palabras salen entre sollozos, entrecortadas y confusas. Nunca la había visto así.

—April, ¿de qué estás hablando?

—Estoy dentro de una ambulancia, camino al hospital. No quiero dejarla sola. Alguien atropelló a Kadri, Qasim. Se golpeó la cabeza y está inconsciente. Ven, por favor. La persona que hizo esto huyó sin prestarle ayuda. Creo que fue a propósito y...

No logra terminar la frase. Y tampoco hace falta, porque ya he dejado de escuchar.

Siento como si me hubieran abierto el pecho y me hubieran arrancado el corazón.

Cada gota de mi sangre se convierte en hielo.

¿Kadri... atropellada?

Escucho conmoción al otro lado de la llamada, pero para entonces ya estoy bajando las escaleras. No tengo tiempo para ascensores. Lo único que ocupa mi mente es que necesito ver a mi esposa.

—Señor, soy uno de los guardaespaldas de su cuñada. Ella no está en condiciones de hablar.

—¿Qué ocurrió?

—Su esposa fue atropellada. El vehículo huyó. Lo vi todo. Ella decidió salir con sus cuñadas para esperar a sus guardaespaldas afuera, pero antes de que ellos llegaran, justo después de que su esposa se despidiera de la esposa del señor Kahraman, ese automóvil apareció de la nada.

—Después me ocuparé de eso. Dígame cómo está mi esposa.

—Está inconsciente. Ya casi llegamos al hospital. La señora April vio lo que iba a ocurrir y gritó su nombre, dándole tiempo para esconderse detrás de una motocicleta y evitar recibir el impacto de lleno. De lo contrario...

—¡Mierda!

—Lo siento mucho, señor.

—¿A qué hospital la llevan?

Lo escucho hablar con quienes deben de ser los paramédicos y, enseguida, me da la dirección.

—¿Está viva?

No quiero hacer esa pregunta porque no aceptaría una respuesta negativa.

—Sí, señor, pero sigue inconsciente. Todavía no saben cuál es la gravedad de las lesiones.

Corto la llamada.

“Se golpeó la cabeza y está inconsciente. Ven, por favor. La persona que hizo esto huyó sin prestarle ayuda. Creo que fue a propósito”.

Las palabras de April resuenan una y otra vez en mi cabeza.

Rabia, miedo, desesperación. Soy una mezcla peligrosa. Si la persona que le hizo esto a Kadri estuviera a mi alcance, la mataría sin dudarlo.

Delante de todos los testigos, le arrancaría los ojos. Le arrancaría el maldito corazón con mis propias manos y lo vería desangrarse hasta morir.

Subo al auto y, como un demente, después de ingresar la dirección del hospital en el GPS, conduzco hacia allí.

El odio es un combustible poderoso.

El amor también.

Ambos libran una guerra dentro de mí en este instante.

Asegurarme de que ella siga con vida.

Castigar a quien se atrevió a hacerle daño.

El amor gana.

Llegaré hasta el fin del mundo para hacer que la persona que atropelló a Kadri pague por ello, pero ahora mismo necesito verla.

Alguien intentó matarla.

Un hijo de puta se atrevió a ponerle una mano encima a mi Kadri.

Mi corazón golpea con brutalidad contra mi pecho mientras el auto atraviesa las calles a toda velocidad.

Nunca había sentido miedo, ni siquiera aquella noche del incendio, cuando fui a rescatarla, porque en ese momento todavía no sabía lo que Kadri significaba para mí.

Ahora sí lo sé. La amo. Y, si la pierdo, mi vida dejará de tener sentido.