La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 32
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Capítulo 32

Había pasado un mes desde que Kadri despertó.

Desde hacía dos semanas vivía en el departamento contiguo al mío y hoy era el día de nuestra boda.

Le di todo lo que pudiera necesitar. Espacio. Privacidad. Silencio.

Me encargué de que tuviera un guardarropa nuevo, el mejor servicio doméstico a su disposición y una psicóloga que la ayudara a enfrentar el trauma.

Pero nada de eso ha logrado todavía traer de vuelta a la mujer que conocí.

Contesta mis llamadas, responde mis mensajes, pero siempre como si estuviera en piloto automático.

Es como si su alma hubiera abandonado su cuerpo y solo hubiera quedado una cáscara vacía.

Físicamente está mejor, pero me di cuenta, la única vez que aceptó verme para hablar sobre el contrato definitivo de nuestro matrimonio, de que perdió la alegría.

Y eso me incomoda más de lo que quiero admitir.

Ahora, mientras firmamos el acta de matrimonio frente al juez de paz, con dos abogados que actúan como testigos, parece completamente ausente.

Su postura es de resignación.

No lleva un vestido blanco, sino uno rosa oscuro, de su nuevo guardarropa.

No lleva flores, no hicimos votos, no hay música.

Solo una sala privada, un juez de paz y la oficialización de un acuerdo del que no logró escapar.

Después de que firmo el documento, Kadri toma la pluma que le ofrezco y firma de manera mecánica, sin siquiera mirar el papel.

Hace unos días intentó modificar el contrato.

En lugar de cinco años, propuso que estuviéramos casados solo un año, lo que significaría quedar libre de mí al cumplir los veinte, exactamente en la fecha en la que el contrato original debía entrar en vigor.

A cambio de su libertad, me ofreció entregarme la mina en esa fecha. Yo no tendría que esperar; mi venganza y mis promesas quedarían cumplidas mucho antes de lo planeado.

Claro que seguía existiendo la cláusula que Doruk incluyó en el contrato original: que la mina pasaría a mi poder únicamente cuando su nieta cumpliera veinticinco años.

Sin embargo, un buen abogado quizá podría modificar eso.

Le dije que no. Me justifiqué, tanto ante ella como ante mí mismo, diciendo que no quería aprovecharme de su vulnerabilidad emocional y que podríamos volver a hablar del tema dentro de un año.

Ella no insistió, aunque estoy seguro de que, por dentro, me estaba maldiciendo por ser tan prepotente y controlador.

—Los declaro marido y mujer —dice el juez de paz y ella baja la mirada hacia sus propios pies.

Le tomo el mentón, obligándola a mirarme, y lo que veo en sus ojos me hace actuar antes de pensar, porque parece terriblemente sola.

La sujeto por los hombros y beso su frente.

No quiero que se sienta así. Sin esperanza. Triste.

Sea cual sea la razón, Kadri ahora es mi esposa.

Mis dedos aprietan suavemente su piel y no separo mis labios de su frente porque me gusta su aroma.

Cuando finalmente me aparto, sus ojos vuelven a encontrarse con los míos.

Debería detenerme ahora, pero algo dentro de mí se niega a permitir que este matrimonio quede sellado únicamente con un beso en la frente. Mi mano se desliza hasta su nuca, atrayéndola hacia mí, mientras mi boca encuentra la suya.

El beso comienza con un simple roce de labios porque no quiero asustarla, pero Kadri pide más al entreabrir la boca.

Sus dedos se aferran a la tela de mi traje, su lengua sale al encuentro de la mía y, olvidándome del mundo que nos rodea, la beso con una intensidad que me consume.

Kadri

No esperaba ningún gesto de cariño de su parte.

Qasim me ha dejado sola, así que imaginé que se sentía aliviado de que yo no hiciera ningún intento por buscar su compañía.

Pero no tenía por qué besarme ahora. Ni en la frente ni en la boca y, cuando empieza a hacerlo, ya no quiero que se detenga nunca más.

Ser besada por él fue como recibir una descarga eléctrica que me devolvió a la vida.

No tiene nada que ver con La Bella Durmiente y su príncipe, sino con la pasión.

Después de semanas atrapada en una niebla de dolor, apatía y una soledad aplastante, en el instante en que sus labios tocaron los míos desperté como si, con su calor y su fuerza, él tuviera el poder de traerme de vuelta.

La suavidad de su boca, la manera posesiva en que sus manos me sostienen, el deseo contenido con el que me atrae contra su cuerpo; todo eso, junto, hace que mi cuerpo arda.

En este momento no me importa la razón por la que estamos juntos, porque mi corazón vuelve a latir con fuerza y Qasim es el responsable de ello.

No sé cuánto tiempo nos besamos, pero incluso cuando separa sus labios de los míos, todavía puedo sentir su sabor en mí.

Sus ojos permanecen clavados en los míos y es como si una corriente eléctrica cargada de tensión atravesara todo mi cuerpo.

Escucho vagamente que alguien nos pide que nos demos vuelta para una fotografía y recuerdo que es porque el encargado de relaciones públicas de Qasim necesita publicar la noticia en los periódicos, para que todos sepan que ahora somos marido y mujer.

Ni siquiera eso logra molestarme y, cuando él apoya una mano sobre mi espalda, quizá en un gesto ensayado para que parezcamos una pareja feliz, sigo mirándolo y su contacto quema mi piel incluso a través de la tela.

El fotógrafo intenta llamar nuestra atención, pero Qasim también me está mirando y lo que veo en esas aguas plateadas hace que todo mi cuerpo se estremezca.

—¿Me odias? —susurra y percibo un tono provocador en su voz.

—En este momento no estoy segura.

—Ódiame todo lo que quieras, esposa, pero mientras lleves mi apellido, me perteneces.

Es como si hubiéramos sido transportados a un universo paralelo donde solo existiéramos nosotros dos y, esta vez, cuando me atrae nuevamente hacia sus brazos y vuelve a besarme en la boca, me entrego sin dudarlo, queriendo prolongar el sueño, cambiar la realidad.

Vivir.