Capítulo 19
—¿Por qué fuiste a cenar con esa familia? —pregunta Emir al entrar en mi despacho dos días después.
—Con la familia de la mujer con la que voy a casarme, querrás decir —replico, y él hace un gesto de desagrado, como si hubiera probado algo amargo.
—Ella es parte de un acuerdo, no una esposa de verdad.
—No vayas por ese camino, Emir.
Sé que a todos los miembros de mi familia les molesta la idea de que vaya a casarme con una Zengin Okan, igual que me ocurre a mí. Pero, sea o no mi futura esposa de mentira, no permitiré que le falten el respeto.
Hace una semana salí de la casa de Doruk.
Hace siete días que el rostro joven y desafiante de Kadri, la mujer con la que me casaré por un contrato de conveniencia, no desaparece de mi mente.
¿Porque es mucho más inocente de lo que imaginaba? Tal vez.
¿Porque no esperaba encontrar a alguien que me desafiara? Probablemente.
Pero, si soy sincero conmigo mismo, la mayor sorpresa fue descubrir que Kadri está enamorada de otro.
¿Y qué esperaba? Es joven y hermosa, con esos ojos verdes como piedras preciosas, ese cuerpo delicado y a la vez sensual, y el cabello suelto que me hizo sentir deseos de...
Carraspeo mi garganta.
Es intocable. Es la nieta de mi enemigo.
Kadri es hermosa y yo soy un hombre sano. Es natural sentir deseo por ella. Además, está el hecho de que será mi esposa, y ese maldito pronombre posesivo delante de la palabra esposa debe de haber despertado en mí algún tipo de furia neandertal, territorial.
—No caigas en esa trampa, Qasim. Desde hace años todos sabemos del absurdo compromiso que asumiste con Doruk, pero siempre aseguraste que tu relación con ella no pasaría de ser una obligación. Un medio que apareció en tu camino para que pudieras recuperar la mina.
—¿Qué es exactamente lo que te preocupa, Emir?
—¿Necesito ser más explícito? Muy bien, hermano: tu matrimonio ficticio no puede volverse real. Nuestra madre, por más generoso que sea su corazón, jamás la aceptaría.
—Tendrías que estar loco para creer que voy a convertir a Kadri en alguien permanente en mi vida.
—Eso espero, por el bien de nuestra familia. No vuelvas a verla, Qasim. Falta un año para que cumplas tu acuerdo con Doruk. Después de casarse, cinco años más y quedarás libre de ella.
—Kadri está enamorada de otro.
—¿Qué? —Parecía dispuesto a marcharse, pero suelta el picaporte y vuelve a sentarse frente a mi escritorio.
—Cuando nos quedamos a solas, Kadri me dijo que está enamorada de otro.
—Puede estar jugando contigo. No hace falta ser un experto en la naturaleza humana para entender que todos los Yavuz Aydin somos hombres posesivos. Tal vez solo esté intentando despertar tus celos.
—Estoy seguro de que no. Kadri es tan inocente que llegué a pensar que ni siquiera sabía lo que era estar enamorada.
—La edad no significa nada. Hasta que conocí a Malu[13] —dice, refiriéndose a la brasileña que se convirtió en su esposa y en su mundo—, yo nunca había amado. Conocía el concepto, pero no creía en ese sentimiento. ¿Qué piensas hacer con el hecho de que tu futura esposa ame a otro?
—Me desafió.
—¿Qué?
—Acepté convertirla en mi esposa hace casi una década porque quería recuperar la mina para nuestra familia, pero nunca pensé en el matrimonio en sí.
—No sé si entiendo adónde quieres llegar.
—Me preguntó si esperaba que ella pasara cinco años sin tener siquiera un amigo...
—Un amante.
—Creo que se refería a eso. O quizá a un novio.
—Las jóvenes de veinte años no tienen solo amigos.
Tu matrimonio será una farsa. Llámalo como quieras, pero lo que tu futura esposa quiso decir es que piensa tener novios.
—Niega con la cabeza mientras sonríe, y la tensión con la que entró a mi despacho parece haberse disipado—.
¿No habías pensado en eso, Qasim? ¿Creías que seguirías viviendo como soltero mientras Kadri permanecería encerrada en su jaula de oro hasta que pasaran esos cinco años, le dieras el divorcio y finalmente pusieras las manos sobre la mina?
Recuerdo nuestra conversación.
“No voy a ser grosera con el hombre que amo terminando con él por teléfono. Además, no soy una tramposa, así que solo me queda poner fin a nuestra relación. Él jamás aceptaría seguir conmigo sabiendo que estoy a punto de casarme con otro. Ahora, respecto a su ataque de machismo, usted dijo que no vamos a convivir, que ni siquiera me verá, salvo en unas pocas apariciones públicas. Entonces, ¿de verdad cree que pasaré cinco años de casada sin salir a conversar con un amigo? ¿Eso es lo que pretende también?”.
“Yo no tengo amigas”.
“Llámelas como quiera. Me refiero a convertirse en un célibe hasta nuestro divorcio para guardar las apariencias, señor Qasim. Dígame: ¿piensa no tocar a otra mujer desde ahora hasta el momento del divorcio?”.
—Todavía no había pensado en eso. —Me obligo a volver al presente.
—¿Y qué piensas hacer, ahora que te has encontrado con la dura realidad de que, por primera vez en tu vida, te meterán los cuernos?
—Eso no tuvo ninguna gracia.
—No intentaba hacerte reír. Lo digo muy en serio.
—No voy a tocarla, lo que significa que ella no será mía. No habrá traición por parte de ninguno de los dos.
—Para la sociedad sí lo será. Si ambos van a vivir como si fueran solteros, tendrán que llegar a un acuerdo, Qasim, o la gente empezará a hablar de una infidelidad por ambos lados. Será un escándalo perfecto para la prensa.
—Yo casi nunca aparezco en público con mujeres. Para mí eso no sería un problema.
—Pero tal vez tu esposa, que según tus propias palabras está enamorada de otro, no sea tan cuidadosa. Para evitar sorpresas, cuando llegue el momento del matrimonio, te aconsejo que hables con ella.
—No. Lo haré ahora mismo. Estableceré reglas y ella tendrá que obedecerlas.