La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 9
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Capítulo 9

“No lo soy. Solo quiero recordarte que Ilgaz es guapo, está soltero y está enamorado de ti. Pero no va a esperarte para siempre”.

Miro la pantalla de mi teléfono cuando el avión aterriza y sonrío para mis adentros. Al parecer, Elif no conoce tan bien a su hermano, porque él me está llamando.

—¿Hola? —contesto con el corazón acelerado.

—Kadri, acabas de aterrizar.

—Da un poco de miedo que sepas cada paso que doy.

—¿Eso te molesta?

¿Molestarme? Nunca me había puesto a pensarlo.

—Creo que no.

—¿Entonces tengo permiso para seguir haciéndolo?

Me gusta la forma en que coquetea conmigo. Es como si Ilgaz tuviera miel en los labios y cada una de sus palabras sonara dulce. Siempre parece saber exactamente qué decir para hacerme sonreír como una tonta.

—Sí.

¿Sí? ¿Eso es todo lo que vas a decir, Kadri? Acuérdate de lo que dijo Elif: que a veces pareces una niñita.

—Imagino que estás ansiosa por volver a ver a tu abuelo —dice, y le agradezco en silencio porque no sabía cómo continuar la conversación. Por lo general, es él quien llena los silencios.

Creo que me he enamorado un poco de él, aunque no puedo afirmarlo con total certeza.

—Sí. Lamento mucho haber tenido que rechazar tu invitación. Elif me dijo que incluso iban a ir tus padres. Me habría encantado conocerlos.

—Y el sentimiento es mutuo. Como hablo tanto de ti, mi madre dice que quiere conocer a la joven que ha conseguido adueñarse de todos mis pensamientos.

—¿Lo he conseguido?

—¿Todavía no te has dado cuenta, Kadri? No he dejado de pensar en ti desde que te conocí. Creí que eso había quedado claro. No quise asustarte por la diferencia de edad entre nosotros, pero no dudes ni por un segundo de que solo estaba esperando a que salieras del internado.

—¿Para qué?

—Para conocernos mejor. Para viajar juntos.

—No creo que mi abuelo... —Dejo la frase en el aire, esperando que él lo entienda y no me obligue a pasar la vergüenza de explicarle que mi abuelo no es un hombre “moderno”.

Al contrario de mí, que desde que murieron mis padres no soy precisamente cercana a Dios, él es religioso y tradicional.

Dudo mucho que estuviera feliz si viajara sola con Ilgaz.

De hecho, estoy casi segura de que no solo pondría a un ejército de guardaespaldas a seguirnos, sino que también conseguiría una “dama de compañía”, como las jóvenes doncellas del siglo XVIII.

—Lo sé, cariño. Y créeme, jamás haría algo que pudiera perjudicar la relación que tienes con él.

Tú no me conoces, más allá de nuestras conversaciones por teléfono y de la única vez que nos vimos, Kadri, pero no estoy jugando contigo.

Suena anticuado decirlo, pero siempre soy serio con mis intenciones.

—¿Y yo soy una de tus intenciones? ¿Cómo es posible? Eres tan guapo y estás soltero.

—No me considero soltero desde el primer instante en que nos vimos.

—¿Qué?

—No he salido con ninguna otra mujer porque sé lo que quiero.

—Yo...

—¿Fui demasiado intenso? ¿Te asusté?

—No. Es solo que no esperaba tanta... intensidad. —Soy sincera.

—¿Hice mal en llamarte? —Cambia un poco de tema, y eso hace que me sienta agradecida.

—Claro que no. Yo estaba preocupada porque tu hermana dijo que... —Me interrumpo justo a tiempo para no hacer el ridículo confesando que me preocupé porque Elif dijo que, por ser tan guapo y estar soltero, aunque estuviera enamorado de mí, no iba a esperarme para siempre.

Quédate callada, Kadri. ¡No puedes decir todo lo que se te pasa por la cabeza, loca!

—¿Qué te dijo mi entrometida hermana?

—Mmm... Nada.

—Puedes contarme cualquier cosa, Kadri.

Suspiro.

—No fue nada grave, solo dijo que podrías enfadarte porque me negué a pasar el fin de semana en tu yate.

—Me molestaría si me dijeras que no quieres volver a verme nunca más.

—Ese riesgo no existe.

—¿Entonces tengo una oportunidad?

—Eres muy directo.

—Quiero que seas mi novia, Kadri. ¿Para qué perder el tiempo fingiendo que mis intenciones son otras?

—¡Pero si apenas me conoces!

—He hablado más contigo que con todas las mujeres que hubo en mi vida antes. Cuando hablamos por teléfono, no siento que el tiempo pase. Así que dime, ¿debo tener esperanzas?

—Más que esperanzas, Ilgaz, pero no creo que una relación de noviazgo por teléfono pueda funcionar.

—¿Qué tienes en mente?

Ay, ¡es todo un caballero! Aunque es mayor que yo, no intenta agobiarme; deja que sea yo quien marque el ritmo de nuestra relación.

—Quiero pasar un tiempo con mi abuelo. No creo que su salud esté muy bien.

Aunque hablamos siempre, es la primera vez que toco este tema con Ilgaz porque es algo muy íntimo.

Además, mi abuelo es un hombre orgulloso.

No quiere que nadie lo vea débil o enfermo.

La prueba es que, cada vez que le pregunto si está bien, siempre responde que sí, aunque estoy casi segura de que no es verdad.

—¿Es algo por lo que deba preocuparme?

—Ni siquiera lo conoces.

—Lo que te entristece también es asunto mío.

¿Cómo puede ser tan perfecto?

—Puede que no sea nada y que solo esté preocupándome sin motivo. Solo tengo la sensación de que quizá esté intentando protegerme al no contarme si realmente está enfermo, ¿entiendes?

—Tu abuelo es un hombre honorable y te ama.

—Es el mejor abuelo del mundo.

—¿Me contarás si descubres algo sobre su salud?

—Sí, y...

—¿Qué sucede?

—Tal vez podamos organizar una cena para recibirte a ti y a tu familia.

—A mis padres les encantaría.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque mi madre tiene un presentimiento sobre nosotros dos y está deseando conocer a la joven que me ha estado robando el sueño.

Cinco minutos después de que terminamos la llamada, y cuando ya me estoy preparando para bajar del avión, mi cabeza sigue llena de corazones y del sonido de campanas.

¿Qué tan afortunada soy para que, sin haber tenido nunca un novio, haya conocido a un príncipe azul y él quiera tener una relación seria conmigo?