Capítulo 8
Suiza
Presente
Aproximadamente seis años después
—Parece que estás ansiosa por irte, Kadri —dice Elif, una de mis compañeras del internado.
Sonrío, pero no dejo de guardar mis cosas dentro de la maleta. Ya es la cuarta que preparo porque ahora me voy a vivir con mi abuelo de manera definitiva.
Me quedé un año más en el internado para hacer un curso de especialización en cocina, pero ha llegado el momento de empezar a vivir.
No puedo creer que por fin haya llegado el día de mi libertad. Aunque ya tengo diecinueve años, no voy a estudiar lejos de casa como la mayoría de mis amigas del internado. Últimamente he estado preocupada por la salud del abuelo. Cada vez que lo visito parece más débil.
Tampoco ha pasado desapercibido para mí que no me deja quedarme con él todos los días de mis vacaciones. De hecho, en las últimas me envió a un intercambio en Australia, a la casa de un socio cuya hija también estudia en este mismo internado.
Fingí estar emocionada, pero, cuando regresé, solo me quedó una semana para estar con él.
—¿Y por qué no habría de estarlo? Por fin voy a volver a vivir con mi abuelo.
—¿Y qué hay de abrir un restaurante?
—Sigue estando en mis planes.
—¿No necesitas estudiar una carrera de Gastronomía para eso?
—Si te doy una respuesta sincera, vas a pensar que soy una engreída.
—Prometo intentar no juzgarte. —Hace una pausa y me guiña un ojo—. Demasiado.
—No creo que vaya a aprender en la universidad nada que pueda mejorar lo que ya sé. Mi restaurante será de comida típica de Turquía y, créeme, mi abuela fue la mejor chef sin título que este mundo haya conocido.
—Retiro lo que dije. Sonaste extremadamente pretenciosa. Y, si no recuerdo mal, aspiras a ganar una estrella de la Guía Michelin.
—Estás equivocada. Yo quiero tres estrellas y el premio al chef revelación o al restaurante revelación. Cualquiera de los dos me sirve.
—¿Y de verdad crees que los críticos gastronómicos se tomarán la molestia de entrar a tu restaurante sabiendo que ni siquiera tienes un diploma de una escuela de cocina reconocida?
Me cae bien Elif. De hecho, de todas las chicas con las que conviví desde que empecé a estudiar en el internado, es lo más parecido que tengo a una amiga íntima.
Cuando extrañaba demasiado a mis padres, era con ella con quien me desahogaba, porque no quería hacerlo con mi abuelo, sabiendo cuánto sufría él también por la pérdida de su único hijo y de su nuera. Además, también había perdido a la esposa a la que tanto amaba.
Por eso, ninguna de las veces que fui a visitarlo me quejé de cuánto extrañaba a nuestros tres familiares fallecidos. Era con Elif con quien me desahogaba y lloraba sobre su hombro.
Tal vez el hecho de que ella también sea turca fue lo que hizo que nos acercáramos tanto, pero juro que, a veces, me irrita cuando habla con tanta arrogancia.
—Lo que yo creo es que, antes que nada, los críticos gastronómicos deben tener un buen paladar. Y ellos se enamorarán de mi comida.
—Esa parte ya la entendí, Kadri, y tengo que reconocer que cocinas increíble, pero, con miles de restaurantes repartidos por toda Europa, ¿cómo piensas lograr que reconozcan el tuyo? ¡Ah, ya sé! ¡Podemos pagar para que hablen de nosotros en los medios de comunicación!
—El marketing es fundamental, claro, pero ¿de verdad crees que un crítico se dejaría engañar por una buena campaña publicitaria si la comida fuera mala? No creo que funcione así la Guía Michelin. Hay muchos pequeños bistrós en París que tienen estrellas.
—Ellos tienen una estrella. Es muy raro que un restaurante pequeño, desconocido y recién inaugurado reciba tres estrellas y, según lo que tú misma dijiste, esa es tu aspiración.
—Tengo mucho tiempo para pensar en eso. Por ahora, lo único que quiero es abrazar a mi abuelo.
—A veces pareces toda una empresaria, sobre todo cuando empiezas a hacer planes para convertirte en una chef famosa. Pero, otras veces, suenas como una niña de cinco años cuando dices que extrañas a tu abuelo.
—No tiene nada de malo extrañar a mi abuelo. —Me pongo a la defensiva.
—No dije que lo tuviera, pero ¿no podrías esperar unos días antes de ir a verlo? Mi hermano me contó que habías aceptado pasar el fin de semana en su yate. Puedo asegurarte que las intenciones de Ilgaz son serias, Kadri. Incluso había invitado también a nuestros padres.
Siento que el rostro se me calienta cuando pienso en Ilgaz Sungur, el hermano mayor de Elif. Lo conocí hace dos meses, cuando vino a visitarla. Fue la primera vez que lo hacía. Hasta entonces, era ella quien siempre viajaba para ver a su familia.
Tiene veinticinco años y es muy guapo, además de simpático.
Nunca imaginé que un hombre de esa edad quisiera conversar con chicas como yo, pero, después de pasar una tarde entera hablando, durante la cual parecía prestar atención a cada cosa que yo decía, me pidió mi número de teléfono y, desde entonces, hablamos casi todos los días.
Nuestra relación es platónica, sobre todo porque él no ha vuelto a venir, pero, en este momento, Ilgaz es la persona con la que más hablo y siempre espero con ansiedad escuchar su voz. Mi corazón se acelera cada vez que suena mi teléfono y veo su nombre en la pantalla.
Me encantaría pasar este fin de semana en su yate, pero hace casi seis meses que no veo a mi abuelo. Estoy desesperada por volver a casa.
—Iré la próxima vez.
—Si es que vuelve a invitarte, ¿no?
—¿Por qué eres tan mala?
—No lo soy. Solo quiero recordarte que Ilgaz es guapo, está soltero y está enamorado de ti. Pero no va a esperarte para siempre.