La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 2
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Capítulo 2

A los trece años

Unos días después

El aroma de la comida que estoy preparando huele a hogar.

Me encanta cocinar, y poder preparar mi cena y la de mi abuelo es casi un ritual para mí.

A las empleadas no les gusta cuando invado “su territorio”, pero tengo tan poco tiempo (solo durante las vacaciones) para hacerlo que, cuando regreso a casa, me pierdo entre los ingredientes, planeando los platos favoritos de mi abuelo.

Hoy estoy preparando mercimek çorbası[7] porque he notado que está comiendo muy poco, y ese es uno de los platos que más le gustan. Además, era la especialidad de mi difunta abuela.

Aprendí a cocinar gracias a ella. Mi abuela, a pesar de haber sido siempre una mujer rica, era conocida por hacer magia en la cocina.

Juro por todo lo que es sagrado que era capaz de transformar un simple panecillo en un manjar digno de los dioses, con un sabor único.

Sostengo la cuchara de madera con ambas manos y revuelvo la olla lentamente, tal como mi Büyükanne[8] me enseñó. Ella decía que podías darles los mismos ingredientes a dos personas distintas, pero que, si una de ellas no ponía amor al preparar la comida, el resultado no tendría ningún sabor.

Tomo un poco de la mezcla cremosa y la dejo sobre la palma de mi mano para probarla.

Mmm… Tal vez necesite un poquito más de sal.

Agrego una pizca y, cuando vuelvo a probarla, estoy segura de que ahora quedó perfecta.

Ayer le dije a mi abuelo que, en el futuro, abriré mi propio restaurante, y eso lo hizo reír.

“¿Un restaurante, Kadri? De todas las cosas que podrías ser, ¿quieres convertirte en cocinera?”.

No, voy a ser chef, pero el abuelo no logra entender la diferencia porque toda su vida ha trabajado rodeado únicamente de hombres con traje y corbata.

No me gusta el trabajo que él hace. Pasarme todo el día encerrada en una oficina no parece divertido. Bastantes años pasé ya encerrada en el internado.

Sé que, cuando mi abuelo me envió allí, después de que murieran mis padres y mi abuela, fue porque no sabía cómo cuidarme él solo ni cómo darme “la mejor educación, digna de una princesa”, como siempre decía.

Los dos siempre hemos estado muy unidos, pero él perdió, en el transcurso de pocos años, a su único hijo y a su nuera y, después, a su esposa. Me dijo que, en ese momento, su mente no estaba en un buen lugar.

Aun así, siempre vengo aquí durante las vacaciones y mi mayor deseo es no tener que irme nunca, porque amo Turquía, el país donde nací.

También me gustan los Estados Unidos. Mi mamá era estadounidense, así que fuimos una vez. Es un lugar agradable, pero no me imagino viviendo allí en el futuro. Me quedaré aquí y abriré el restaurante más famoso del mundo.

Cuando cierro los ojos, incluso puedo imaginar a uno de esos críticos gastronómicos, como el de la película Ratatouille[9], entrando en mi restaurante y saliendo tan feliz con la comida que ese mismo día me otorgará tres estrellas en la famosa Guía Michelin y, al mismo tiempo, me elegirá como la “chef del año”, aunque ni siquiera sé si ese premio existe.

Y, como los sueños no tienen límites, también imagino que mi restaurante será elegido como la “Revelación de Turquía”.

El abuelo se sentirá orgulloso de mí y comerá allí todos los días. Así tendré la certeza de que se está alimentando como es debido.

—¿Soñando despierta otra vez, Kadri? —Oigo preguntar a mi abuelo.

Mi corazón da un salto por el susto, pero me doy vuelta con una sonrisa.

Suelto la cuchara de madera y corro a sus brazos.

—Me declaro culpable de esa acusación, Su Señoría. —Me pongo de puntillas y le doy un beso en la mejilla.

Él besa mi frente y luego me envuelve en el mejor abrazo del mundo.

Me encantan los abrazos, y mi Dede[10] es la persona que mejor abraza en todo el mundo. Si pudiera, me quedaría entre sus brazos para siempre.

—¿Qué estás preparando hoy en la cocina, Kadri? —pregunta con cariño.

—Adivínalo.

Él inspira profundamente.

—Mercimek çorbası.

—Sí. Tu comida favorita. La receta de la abuela.

No sonríe como pensé que lo haría. Toma un mechón de mi cabello y lo acomoda detrás de mi oreja.

—¿Sabes cuánto te amo, Kadri?

—Sí. Soy la nieta más afortunada del mundo. —Intento bromear, pero por dentro siento que el corazón se me encoge cuando veo la tristeza en sus ojos.

Desde hace un tiempo está así, para ser más exactos, desde que llegué de Suiza para pasar las vacaciones.

—Haría cualquier cosa por verte feliz, pero, antes que eso, daría mi vida por protegerte, sin importar los sacrificios que esa decisión implique. ¿Puedes entenderme, querida?

Frunzo el ceño.

No, no puedo entenderlo, pero tampoco quiero que se sienta peor de lo que ya parece estar.

—Sí —miento.

—Ahora déjame probar esa sopa —dice mientras se dirige hacia la estufa después de tomar una cuchara limpia.

Lo veo sumergirla en la comida que acabo de preparar y, cuando se la lleva a los labios, por fin sonríe.

—Está exactamente igual a la de tu abuela.

Mi corazón se llena de calidez al instante, y el miedo que estaba sintiendo hace un momento desaparece por completo.

Aun así, sigo teniendo la sensación de que algo no está bien.

Pienso en preguntarle qué está pasando, pero decido no molestarlo con mis tonterías. Mi Dede no necesita preocupaciones innecesarias.

—¿En qué estás pensando, querida? —pregunta al darse cuenta de que llevo un rato mirándolo.

Respiro hondo, intentando aliviar la opresión que siento en el pecho.

—En si podemos cenar más temprano hoy. Estoy muerta de hambre.

Estoy de vacaciones. Por fin estoy en casa. No voy a permitir que nada arruine esto.