La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 1
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Capítulo 1

Quince años después

Todavía en el pasado

Una década y media ha pasado desde que mi bisabuela murió.

Guardé el secreto de nuestra última conversación durante mucho tiempo. Le hice una promesa y nadie más que yo iba a cumplirla.

Desde que alcancé la mayoría de edad, sin pedir ayuda a nadie, ni siquiera a mis hermanos, he intentado negociar la compra de la mina con la maldita familia Zengin Okan.

No hubo nada que pudiera ofrecer que convenciera al único heredero que quedaba, aparte de una nieta adolescente, de aceptar venderla, y mi obsesión por recuperarla no ha hecho más que crecer con el paso del tiempo.

Mi rencor hacia los Zengin Okan aumentó todavía más, sobre todo cuando investigué a fondo cuánto se esforzó mi tatarabuelo para comprar aquellas tierras y cómo aceptó, muy a su pesar, un socio con más dinero, porque él solo jamás habría tenido los recursos para explotar la mina sin el equipo ni los trabajadores necesarios.

Y entonces, menos de un año después de haber formado la sociedad, cuando por fin encontraron no solo zultanita, sino una variedad aún más rara, mi tatarabuelo fue engañado por ese miserable y expulsado de la sociedad, teniendo que mantener a su esposa enferma y a sus dos hijos pequeños.

Lo perdió todo. Su sueño, su casa y sus tierras. Poco después, también perdió a la mujer que amaba.

Mi tatarabuelo logró recuperarse económicamente porque, por todo lo que descubrí sobre él, al igual que mis hermanos y yo, no era el tipo de hombre que acepta la derrota.

Sin embargo, el rencor permaneció en su corazón, porque atribuyó la muerte de su esposa a la pena y al sufrimiento que vivieron después de que les arrebataran su sueño.

La injusticia a la que fueron sometidos me carcome por dentro, manteniendo una herida abierta en mí. Nunca renunciaré a recuperar aquellas tierras y, con ellas, la mina.

He investigado hasta el último detalle de la vida del heredero de los Zengin Okan, intentando encontrar algo turbio en su pasado que pudiera usar para obligarlo a venderme las tierras, pero no hay nada que ese anciano haya hecho con lo que pueda chantajearlo.

Ni un solo tropiezo financiero, ni una deuda, ni un juicio perdido.

Busqué cualquier rastro, algo que me permitiera acorralarlo.

Ese desgraciado ni siquiera tiene una multa de tránsito.

La otra alternativa sería matarlo y comprarle las tierras a la niña huérfana, pero eso no restauraría el honor de nuestra familia. Al contrario, nos convertiría en iguales a esos gusanos.

—Esto no me gusta, Qasim —dice Cenk[4], el mayor de nosotros.

Él, al igual que mis otros hermanos, Emir[5], Zehab y Kahraman[6], vino a mi oficina apenas les dije por teléfono que Doruk Zengin Okan se había comunicado conmigo—.

Ese cretino jamás aceptó siquiera hablar contigo sobre la venta de las tierras donde está la mina y, de repente, ¿decide que quiere sentarse a conversar?

A estas alturas, todos ellos conocen con lujo de detalles lo que nuestra bisabuela me contó, así como la promesa que le hice y mi determinación de recuperar la mina de zultanita.

Nunca intervinieron porque no se los permití. Comparten mi deseo de venganza, pero saben que esta es una promesa que cumpliré yo y nadie más. Fue a mí a quien nuestra bisabuela le pidió que recuperara las tierras donde se encuentra la mina.

—Tal vez esté en la ruina. Puede que sea un acto desesperado. Finalmente decidió vender —sugiere Zehab.

—No, hay algo más detrás de todo esto —interviene Emir.

—Entonces, ¿qué podría ser? —pregunta Kahraman—. Aparte de que esos malditos le robaron lo que era de nuestro tatarabuelo, no existe un solo asunto que los Yavuz Aydin tengan que discutir con los Zengin Okan.

—Lo sabremos muy pronto. Voy a reunirme con él para almorzar dentro de una hora.

—¿En uno de tus restaurantes? —pregunta Cenk.

—No. El deseo de envenenarlo sería demasiado grande.

—No te estás tomando en serio esta reunión —dice Zehab.

—Tan en serio como merece que se tome a un Zengin Okan. Creo que va a pedirme más dinero.

—¿Y cuánto más estás dispuesto a pagar? —pregunta Kahraman.

No dudo.

—Lo que sea necesario para cerrar este capítulo de nuestras vidas de una vez por todas.

—No pierdas el control de esta negociación, Qasim —me aconseja Cenk.

—¿De qué estás hablando exactamente? No pienso matarlo.

—Estoy diciendo que no dejes que el odio nuble tu juicio hasta el punto de ofrecer más de lo que realmente merecen.

—No me importa el precio.

—No estaba hablando de dinero.

—Entonces, ¿a qué te referías?

—No lo sé. No puedo imaginar por qué quiere hablar ahora, así que ten presente que Doruk Zengin Okan es una serpiente venenosa y tan peligrosa como todos sus antepasados.

Miro el cielo a través del ventanal panorámico de la sede de mis negocios. Completamente despejado y de un azul intenso y cristalino, parece ir en dirección opuesta a la situación que estoy viviendo.

Mi intuición me dice que Cenk tiene razón. Doruk no juega para perder y, obviamente, está tramando algo.

¿Qué podría ser? No tengo la menor idea, pero no pienso dejar pasar esta oportunidad después de tantos años esperando la posibilidad de negociar la mina.

—Le pagaré lo que haga falta. No me importa el precio que pida.

Doruk no tiene salida. Todos sus descendientes, ascendientes y familiares colaterales han muerto.

Solo le queda su nieta, que todavía es una niña y dudo mucho que sea capaz de administrar esas tierras.

La mina volverá a nuestra familia. De eso no tengo la menor duda.