La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Prólogo
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La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4)

La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4)

Por D.A. Lemoyne

© inepub.com

Prólogo

Pasado

A los diez años

Ella huele a flores.

A ella le gusta estar a oscuras, y sobre la mesita de noche, al lado de su cama, hay un montón de medicamentos.

A mí no me molesta quedarme a oscuras con ella porque mi bisabuela siempre me cuenta historias sobre el pasado de nuestra familia.

Ella nunca sonríe mientras las cuenta, pero aun así me gusta escucharlas.

Hoy no se suponía que viniera a visitarla. Tengo clases, pero mi mamá dijo que la bisabuela quería verme porque soy su bisnieto favorito.

La habitación parece más oscura que los otros días, pero alcanzo a ver su cuerpecito delgado recostado sobre las almohadas.

—Ven aquí, mi niño —me llama, estirando el brazo hacia mí—. Hoy será nuestra última conversación y necesito que prestes mucha atención.

—¿Por qué la última?

—Estoy cansada. Pronto me dormiré y no volveré a despertar jamás.

—¿Por qué?

—Porque extraño a quienes también se fueron a dormir el sueño eterno. Y no veo la hora de reunirme con ellos.

—¿Dónde?

—En el paraíso.

—Al paraíso solo vas después de morir. Si mueres, no volveremos a hablar jamás.

—Lo sé, querido, pero así es la vida. Llega un momento en que todos necesitamos descansar. Hoy, Qasim, debes prestar mucha atención a todo lo que voy a decirte y, al final, hacerme una promesa.

No me gusta que hoy sea la última vez que voy a hablar con ella. Yo sé lo que significa morir. El hermano de mi papá murió y lo enterraron. Ahora ya no vive con la familia; está debajo de la tierra, sin agua ni comida.

Sin pedirle permiso, enciendo la lámpara de la mesita. Si esta va a ser nuestra última conversación, quiero mirar a mi bisabuela.

Su rostro parece casi feliz. Ya ni siquiera parece tener tantas arrugas, y su cabello blanco no está recogido como siempre. Hoy cae suelto sobre sus hombros.

Empieza a hablar y, durante varios minutos, me cuenta una historia sobre nuestros antepasados. Pero esta es distinta de las otras que conocía, porque mi bisabuela habla de una “mina” que le fue robada a nuestra familia.

Dice que su padre era un hombre poderoso, dueño de tierras en Anatolia, y que en ellas había una mina de zultanita.

—¿Sabes qué es la zultanita?

—No.

—La zultanita es una piedra preciosa extremadamente rara y valiosa, querido. Solo se encuentra en las montañas de Anatolia. Su belleza es única, y eso es lo que la convierte en una de las gemas más codiciadas del mundo, especialmente por coleccionistas y diseñadores de joyas.

No entiendo muy bien lo que dice, así que intento hacer una comparación.

—¿Como los diamantes que mi mamá recibió de mi Baba[3] para su cumpleaños?

Ella asiente con la cabeza.

—Sí, pero la zultanita solo existe en nuestro país. La mina que tenía mi padre valía una fortuna, Qasim, pero un hombre malo se la robó.

—¿Un ladrón?

—En cierto modo, sí. Pero un ladrón inteligente. Era socio de mi padre e hizo que el robo pareciera una venta.

Aprieto los puños con rabia. No me gustan los ladrones ni los tramposos.

—¿Por qué tu papá no fue a la policía?

—Porque ese hombre falsificó documentos y, en aquella época, les dio dinero a las autoridades, que terminaron otorgándole todos los derechos sobre la mina.

Mi padre lo perdió todo. Fue una injusticia, Qasim, porque fue él quien descubrió la mina.

Tuvo que empezar desde cero. Ni siquiera tenían qué comer.

Siento todavía más rabia.

—Vamos a recuperarla. Voy a hablar con mis hermanos y podemos ir a la casa de ese hombre. Cenk ya es grande, y los muchachos y yo lo ayudaremos. Baba también puede darle un puñetazo al ladrón.

Ya tengo un plan en mi cabeza. Nadie va a robarle a nuestra familia y salirse con la suya.

—Él ya murió, Qasim, pero sus descendientes siguen beneficiándose de lo que por derecho nos pertenece.

—Eso no está bien, bisabuela.

—No, no lo está. Por eso quiero que me jures que recuperarás nuestra mina.

Una lágrima rueda por su mejilla y no me gusta verla llorar.

—¿Qué significa recuperar?

—Traerla de vuelta. Hacer que los ladrones nos devuelvan lo que es nuestro por derecho. Te estoy dejando esa misión a ti, mi amado bisnieto. Prométeme que harás que la mina vuelva a quien pertenece: a nuestra familia.

—¿Qué tengo que hacer? ¿Llamar a la policía para obligarlos a devolverla?

Tal vez hacer un plan con mi papá y mis hermanos no sea suficiente.

Ella me dedica una sonrisa triste y me acaricia el cabello.

—No, mi niño. La policía ya no puede hacer nada al respecto. Han pasado muchos años. Sin embargo, puedes intentar comprarla de vuelta. Y entonces, cuando lo logres, sonreiré en mi sueño eterno porque habrás cumplido tu promesa.

—No me parece justo. Ellos nos la robaron y, encima, ¿tenemos que pagar para recuperar lo que es nuestro?

—No tenemos forma de demostrar ante la justicia que era nuestra. Cómprala de vuelta.

—Te lo juro, bisabuela. La mina volverá a ser de nuestra familia. Mi Baba dice que, cuando hablamos en serio, debemos dar nuestra palabra de honor. Te doy mi palabra de honor de que compraré esta mina, cueste lo que cueste.