5 - La Promesa en la Capilla #2
Enzo caminó hasta la ventana y permaneció unos segundos mirando hacia la calle.
Los negocios de los Ferraro atravesaban una etapa delicada.
Había negociaciones relacionadas con la expansión de dos hoteles, una reorganización de las participaciones familiares y acuerdos que involucraban a antiguos inversores.
Vittoria controlaba una parte importante de las relaciones entre las familias implicadas y ya había dejado claro que consideraba inconveniente cualquier relación seria con Lara.
Enzo creía que anunciar el matrimonio en aquel momento convertiría la vida de ella en el blanco de una guerra que no necesitaba afrontar.
Fue entonces cuando presentó la idea que Lara menos esperaba.
—Podemos casarnos primero.
Ella frunció el ceño.
—¿Primero?
—En secreto.
Lara permaneció inmóvil.
—¿Hablas en serio?
Enzo se acercó.
—Temporalmente.
—Un matrimonio no debería necesitar esa palabra.
Él tomó sus manos.
—Unas semanas. Quizá unos pocos meses. Hasta que consiga organizarlo todo.
Lara se apartó lentamente.
—¿Y después?
—Después se lo contaremos a todos.
La propuesta abrió entre ellos la primera conversación verdaderamente difícil desde que Lara había regresado a Italia.
No hubo gritos. Solo preguntas para las que Enzo no siempre tenía respuestas satisfactorias.
Lara quería saber por qué necesitaban casarse inmediatamente si no podían asumir públicamente la decisión.
Enzo explicó que no quería esperar la aprobación de su familia para construir su propia vida.
Ella respondió que esconderse parecía precisamente una manera de seguir obedeciendo.
La frase lo golpeó. Enzo reconoció la contradicción, pero insistió en que necesitaba tiempo para separar la decisión personal de las consecuencias empresariales.
Lara caminó por el apartamento, mirando varias veces el anillo de su dedo.
—No quiero ser tu esposa y fingir que no lo soy.
—No tendrás que fingir para siempre.
—¿Cuánto tiempo?
Enzo vaciló.
—Poco.
Lara levantó la mirada.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Fue aquella palabra la que lo cambió todo.
Marco se enteró del matrimonio algunos días después. Enzo lo llamó para hablar en la bodega, lejos de Vittoria y de las oficinas de la familia. Su hermano permaneció en silencio durante varios segundos cuando escuchó la noticia y después soltó una risa incrédula.
—Finalmente has perdido la cabeza.
A Enzo no le hizo gracia.
—Necesito tu ayuda.
—Eso ya me lo imaginaba.
Marco escuchó todo el plan, incluido el período de secreto, y su expresión se volvió más seria.
—¿Lara ha aceptado esto?
—Sí.
—¿Porque quiere o porque confía en ti?
Enzo frunció el ceño.
—¿Hay alguna diferencia?
Marco apoyó las manos sobre la mesa.
—Espero que no la descubras demasiado tarde.
Aun así, prometió guardar el secreto y estar presente.
La ceremonia se celebró tres semanas después, en la misma pequeña capilla donde Enzo le había pedido matrimonio.
La mañana era fresca y Lara despertó antes de que sonara el despertador.
Se vistió sola en la habitación del pequeño hotel donde había pasado la noche.
No había peluqueros, fotógrafos ni un equipo preparando cada detalle.
Había elegido un vestido blanco sencillo, de mangas delicadas y largo hasta los tobillos, confeccionado con una tela ligera que acompañaba los movimientos de su cuerpo.
Recogió parte de su cabello hacia atrás y dejó el resto caer sobre los hombros.
Llevaba unos pequeños pendientes que pertenecían a su madre y sostenía un discreto ramo de flores.
Cuando se miró en el espejo, sintió una felicidad inmensa mezclada con una punzada de miedo.
Estaba a punto de casarse con el hombre que amaba. Y casi nadie lo sabía.
Enzo esperaba frente al altar. Vestía un traje oscuro sin corbata y parecía más nervioso de lo que Lara lo había visto jamás.
Marco estaba unos pasos detrás, junto a las pocas personas necesarias para que la ceremonia tuviera validez legal.
Cuando Lara apareció en la entrada de la capilla, Enzo dejó de percibir cualquier otra cosa.
Ella caminó lentamente por el pequeño pasillo y el sonido de sus propios pasos pareció llenar aquel espacio silencioso.
No había música grandiosa. Solo el discreto murmullo de las hojas en el exterior, el aroma de las flores y las velas y la respiración emocionada de quienes estaban presentes.
Cuando Lara llegó hasta él, Enzo extendió la mano.
—Estás preciosa —murmuró.
—Pareces asustado.
—Lo estoy.
Ella sonrió.
—Todavía estás a tiempo de escapar.
Enzo apretó sus dedos.
—Nunca de ti.
Las palabras de los votos fueron sencillas.
Lara prometió caminar a su lado sin olvidar quién era.
Enzo prometió respetarla, protegerla sin aprisionarla y no permitir nunca que el peso de su apellido fuera mayor que aquello que construirían juntos.
Cuando recibió la alianza de manos de Marco, Enzo tardó unos segundos antes de colocarla en el dedo de Lara.
Sus ojos permanecieron fijos en los de ella.
—Algún día —dijo en voz baja, solo para ella— volveré a poner una alianza en este mismo dedo delante de todo el mundo.
Los ojos de Lara volvieron a llenarse de lágrimas.
—No necesito otra.
—Lo sé.
—Necesito que cumplas tu promesa.
Enzo llevó la mano de ella hasta sus labios.
—La cumpliré.
Cuando salieron de la capilla, Marco los esperaba fuera. Se acercó primero a Lara y la abrazó con cariño.
—Bienvenida a la familia Ferraro.
Ella rio.
—¿Oficialmente?
Marco miró hacia Enzo.
—Para mí, sí.
Enzo rodeó la cintura de Lara con un brazo.
En aquel momento, el secreto todavía parecía pequeño.
Unas semanas de silencio. Quizá algunos meses.
Un intervalo necesario antes de que pudiera comenzar la vida verdadera.
Lara miró la alianza que brillaba discretamente en su dedo y creyó que aquello era suficiente.
Era la esposa de Enzo Ferraro. Ninguna fotografía, anuncio o aprobación podía hacer que aquel matrimonio fuera más verdadero.
Los dos bajaron juntos los escalones de la pequeña capilla.
Lara no sabía que, mucho tiempo después, todavía seguiría esperando el día en que pudiera hacer lo mismo delante de todos.