La novia del Rey Cuervo CAPÍTULO 6 #3
27%

CAPÍTULO 6 #3

Atravesamos el castillo sin hablar. La actividad de la noche era distinta de la del día.

Los sirvientes se movían deprisa por las galerías, los guardias cambiaban puestos y desde las cocinas llegaba olor a pan y carne asada.

Aquella normalidad seguía sorprendiéndome.

Fuera de Nocthar se contaban historias de un palacio habitado por criaturas y un rey que dormía rodeado de cadáveres.

Dentro había gente discutiendo por una cesta de leña y un muchacho que cargaba manteles sobre el hombro mientras intentaba comerse a escondidas un trozo de queso.

Danah me condujo hasta una zona que todavía no conocía. Dos guardias custodiaban una puerta de madera oscura.

—El rey está reunido —dijo uno.

—Ya lo sé.

—Ha pedido que nadie…

Danah levantó el frasco con la pluma.

El guardia dejó la frase sin terminar y abrió.

La sala del consejo tenía una mesa demasiado grande para siete hombres.

Ravian ocupaba uno de los extremos. A su derecha estaba Vaelor, al que solo había visto de lejos el día de mi llegada.

Reconocí enseguida el parecido familiar.

Compartía con Ravian la línea de la nariz y cierta dureza en la mirada, aunque el cabello de Vaelor estaba recorrido por canas y llevaba ropas grises en lugar de negras.

Los demás se volvieron hacia mí. Ravian no preguntó por qué había entrado. Miró a Danah. Ella dejó el frasco delante de él.

Nadie se apresuró a hablar.

—¿Cuándo? —preguntó Ravian.

—Hace menos de una hora.

Él cogió el recipiente y acercó la pluma a la luz de las velas.

—¿Una sola?

—La única que ha encontrado.

—La única que he arrancado —corregí.

Vaelor apoyó los antebrazos sobre la mesa.

—¿Arrancado de dónde?

Ravian le dirigió una mirada que habría bastado para que cualquier otra persona cerrara la boca.

Vaelor sonrió con una calma que me gustó todavía menos.

—Supongo que ha llegado el momento de que conozca algunas cosas.

—Supone demasiado —respondió Ravian.

—Y tú sigues creyendo que el silencio ralentiza una maldición.

Ravian se puso de pie.

—La reunión ha terminado.

Dos consejeros protestaron. Él ni siquiera alzó la voz.

—Mañana continuaremos.

Las sillas empezaron a moverse. Vaelor fue el último en levantarse. Al pasar junto a mí se detuvo.

—Bienvenida de verdad a Nocthar, Mel.

—Llegas unos días tarde.

—Ahora ya estás empezando a conocer el lugar.

Danah lo siguió con la mirada hasta que la puerta se cerró.

Ravian continuaba de pie al otro lado de la mesa.

—Enséñame el brazo.

—Danah ya lo ha curado.

—He pedido ver el brazo, no un informe médico.

—Y yo llevo varios días pidiendo respuestas.

Sus ojos pasaron de mi cara al vendaje.

—¿Quieres negociar mientras eso crece dentro de ti?

—Quiero dejar de ser la última persona que se entera de lo que ocurre en su propio cuerpo.

Algo en su expresión se aflojó. Se acercó y señaló una silla.

Esta vez me senté por decisión propia.

Ravian retiró la venda con cuidado. Sus dedos apenas rozaron mi piel. El contacto duró poco, suficiente para que la marca de la muñeca ardiera con un calor rápido.

Él también lo notó. Apartó la mano.

—¿Te duele?

—Solo cuando me tocas.

Se me escapó peor de lo que pretendía. Danah carraspeó junto a la puerta. Ravian fingió no haberlo oído.

—La velocidad ha cambiado.

—Eso ya nos lo ha contado Danah.

—No debería haber una pluma todavía.

—Otra información que llega tarde.

Se apoyó en el borde de la mesa.

—Sereth oyó voces antes de que aparecieran las plumas. Tú ya has visto a una novia, has oído una voz que conoces y has encontrado una pluma en menos de una semana.

—¿Qué significa?

—Que algo te está reconociendo más deprisa.

—¿Crees que es Vaerra?

El nombre produjo una reacción inmediata. Danah dejó de mirar el suelo y Ravian perdió la quietud que había mantenido hasta entonces.

—¿Quién te ha hablado de ella?

—Nadie. Oí el nombre en el bosque.

—¿Sereth lo dijo?

—No con palabras. Lo escuché dentro de mi cabeza mientras estaba cerca de ella.

Ravian miró a Danah.

—Eso no ocurrió con Sereth —dijo ella.

—Ya imaginaba que no.

—¿Vais a seguir hablando de mí como si estuviera tumbada en una mesa?

Ravian volvió a mirarme.

—Mañana iremos a la cripta.

—¿Qué hay allí?

—Parte de la razón por la que esto está ocurriendo.

—Quiero ir ahora.

—La cripta solo se abre con luz de día.

—¿Por qué?

—Porque yo lo ordené hace siete años.

Aquella respuesta tenía detrás algo que no quiso explicar.

Me puse en pie.

—Entonces mañana iremos a la cripta. Y esta vez no quiero media historia.

—Recibirás lo que pueda darte.

—Acabas de hacerlo otra vez.

—¿El qué?

—Decidir qué puedo soportar.

Ravian apretó los labios.

—No tienes idea de lo que estoy intentando evitar.

—Pues cuéntamelo y quizá la tenga.

Ravian dejó la pregunta sin respuesta mientras Danah volvía a vendarme el brazo.

Al salir de la sala del consejo vi un cuervo en el alféizar del corredor. Tenía una hebra azul entre el pico.

El mismo azul del vestido de Sera en el retrato.

El pájaro me observó hasta que pasé a su lado.

La pluma bajo mi piel había aparecido mucho antes de lo esperado.

Quizá las respuestas también estaban intentando llegar antes de que Ravian decidiera dármelas.