CAPÍTULO 82
¿ME DEVUELVES YA LA CARTERA?
Presente
Para Teo, lo que está a punto de acontecer es como una retorcida y siniestra pesadilla que, de pronto, y desafiando las leyes de la naturaleza, ha escapado del mundo de los sueños para hacerse real.
Lo han hecho pasar a una habitación desde la cual puede verse el gran patio central, lugar de donde provienen los cánticos y el murmullo que hacen que los latidos del inspector jefe se aceleren, se pregunta si ahí, entre el gentío, estará su hija Esther.
Se acerca hasta una de las ventanas para ver bien lo que está ocurriendo, pero antes de que tenga tiempo de asomarse, una voz a su espalda hace que se detenga de golpe.
—Cuánto tiempo, mierda seca, al fin nos vemos. ¿Me devuelves ya la cartera que me robaste, por favor?
Cuando Teo se gira ve que, efectivamente, esa oscura y terrorífica pesadilla que se ha hecho real, está ahí, a tan solo unos pocos metros de él, y es mucho peor de lo que se había imaginado.
—¿No vas a decir nada después de tanto tiempo, gordito?
Lo que su madre le hizo a ese niño cuando lo golpeó una y otra vez contra aquella roca fue algo horrible, claro que, ella nunca pensó que sobreviviría, pero lo hizo, y el resultado es el deformado rostro que ahora tiene delante.
No puede ni imaginarse lo duro que debió ser para él despertar y verse así, y no solo eso, descubrir que sus padres ya no estaban, que según la versión oficial se habían marchado del pueblo (junto a él) para empezar una nueva vida en Francia.
Y que él se había «convertido» en el niño al que acosaba diariamente. Debió ser enloquecedor.
—Vaya, después de tantos años me esperaba otro reencuentro.
Parece que se te ha comido la lengua el perro.
Por cierto, como ves, ahora ya no tengo a Lobo para que te haga correr, en cambio tengo a otros perros que también pueden hacer daño, aunque de otra forma, ¿no crees?
Las personas, aunque no lleven bozal, ni tengan grandes dientes, también pueden morder.
Rai se acerca un poco más a Teo.
—¿Por qué no me dices lo que quieres y acabamos con esto de una vez? —pregunta Teo tratando de que no se le noten los nervios.
—¿Y a qué viene ahora tanta prisa, si puede saberse?
—Lo sabes perfectamente, ¿dónde está mi hija?
El auténtico Rai, se acerca todavía más hasta el rostro del inspector jefe de la UICAV.
—Todo a su debido tiempo, mierda seca. Primero quiero que tengas el valor de mirarme a los ojos y decirme por qué lo hiciste.
—¿Por qué hice el qué?
—Creo que es bastante evidente, ¿no? —dice Rai señalando su cara con ambas manos.
—Lo creas o no, no fui yo.
Rai se queda mirando a Teo muy serio durante un par de segundos. Después rompe a reír de forma grotesca.
—Así que no fuiste tú, eh, ¿y quién fue, si se puede saber?
—No sé si lo recuerdas, pero, para empezar, tú eras el que me querías matar a mí.
—Después de que tú me golpearas con un palo, te defendiste con un arma como la rata cobarde que eres.
—Me defendí como pude. Y no lo habría hecho si tú no me hubieses atacado primero.
—Ya, bueno, volvamos a lo que nos importa, todavía no me has dicho quién me hizo esto, porque no me creo que de un solo golpe se le pueda destrozar así la cara a nadie.
Teo coge aire y se dice que ha llegado el momento de afrontar la verdad.
—No te voy a mentir, yo nunca quise que te pasase nada semejante, a pesar de que me hicieses la vida imposible, pero cuando te golpee con aquel palo vi que, aparte de que tenías rota la nariz, tu cuerpo convulsionaba, en ese momento tuve la certeza de que si no pedía ayuda inmediatamente, morirías.
—¿Y qué hiciste, mierda seca? Salir corriendo como hacías siempre, ¿verdad?
—No, nada de eso. Fui a buscar a mi madre, no sé si lo recuerdas, pero era pediatra. La llevé hasta el bosque para que te atendiera.
—¿Y qué pasó luego? Porque a la vista está que no me atendió.
—Cuando mi madre te vio, estuvo evaluándote durante unos minutos, dijo que estabas muriéndote, que estabas sufriendo muchísimo, y que cuanto antes dejases de hacerlo, mejor para ti.
Teo traga saliva y mira de nuevo los torcidos y deformados ojos de la persona que tiene delante.
Es la primera vez que habla con alguien de lo que pasó, que lo narra en voz alta, ni tan siquiera con su madre pudo hacerlo mientras estuvo con vida, las veces que lo intentó, ella rechazó hablar de ello radicalmente.
—No lo acabo de entender, mierda seca, creo que sería bueno para todos si empezases a ser más concreto y sincero, creo que te he preparado bien para que seas fuerte y justo para afrontar este momento, para que tengas la templanza suficiente y la prudencia necesaria para hacer lo correcto y no verte tentado de dar marcha atrás en el momento de la verdad, ¿me estás queriendo decir que tu madre dijo que era mejor que no sufriera? ¿Y entonces qué hizo?
—Ella fue la que te dejó así la cara. Te la aplastó contra una roca para dejar que sufrieras. Te aseguro que no era su intención que esto pasase —dice Teo sacándose de encima la horrible verdad de una vez.
—¿Que pasase el qué? ¿Que yo sobreviviera?
—Sí.
Ahora es Rai quien tiene que hacer una pequeña pausa para controlar la respiración y seguir manteniendo cierta calma, no esperaba tal sinceridad.
—Reconozco que los tienes bien plantados, mierda seca, decirme eso a la cara denota fortaleza, bravo por ti.
Claro que, no me trago lo de que lo hizo para que no sufriera, lo hizo porque queríais deshaceros de mí, punto final, ten huevos de admitirlo.
Me vestisteis de forma premeditada y estudiada con tu ropa y metisteis en ella tu cartera para que todos pensasen al encontrar mi cuerpo que yo era tú.
Luego os inventasteis la mentira esa de que tú te habías suicidado y que mis padres y yo nos habíamos marchado a Francia para que pudieses adoptar mi identidad en otro país, lejos de aquí.
Pero claro, no contabais con que yo sobreviviría.
Por cierto, lo de mis padres supongo que también fue un accidente, ¿verdad?
Se cayeron al embalse ellos dos solos sin la documentación encima pero sí con todo el resto de sus cosas habiéndose disparado primero a bocajarro.
Dime, gordito, ¿eso tampoco queríais que pasase?
—Lo creas o no, nunca supe lo que pasó con tus padres, piensa lo que quieras, pero la verdad es que yo no tuve nada que ver con eso, ni tampoco tuve nunca conocimiento, mi madre jamás me contó nada. Por aquel entonces yo solo era un niño con ganas de jugar, de ser feliz, de ser normal.
—No te creo, gordito, no me creo que alguien con esa capacidad para mentir a tanta gente y para llegar hasta donde has llegado jamás se preguntase qué fue de mis padres, más viendo que a partir de ese día tú adoptaste mi nombre y tu madre el de la mía, ¿cómo se explica eso, mierda seca?
Teo baja la mirada y llena su pecho de aire con dificultad.
—No sé qué quieres ahora, Rai, después de tantos años, ya te he dicho que nada de esto fue idea mía, ni mi madre ni yo planeamos nada semejante.
—¡Pero lo hicisteis, mierda seca, lo hicisteis!
¡Me robasteis la vida y me condenasteis a vivir en un infierno!
¿Qué tipo de personas hacen eso? ¿Tienes idea de lo mucho que sufrí?
¿Tienes idea de lo que fue despertar y descubrir que mi nombre era el tuyo, que mis padres no estaban y que tenía la cara de un monstruo?
—Toda la rabia, la incomprensión y la frustración que Rai lleva acumulando durante tantos años, explota como los primeros truenos de una tormenta.
—Solo puedo decirte que lo siento, y que estamos a tiempo de arreglar esto.
—No, gordito, esto no tiene arreglo. No sé si eres consciente de lo que va a pasar aquí hoy, pero es algo que va a cambiar el curso de la humanidad para siempre, la era de la inmortalidad está a punto de empezar.
Cuando desperté en medio de aquella gente, todos pensaban que yo era tú, claro, llevaba encima tu cartera y no tenía un rostro que pudiese decir lo contrario, ni apenas cuerdas vocales para poder hablar y desmentir todo aquello, pero no solo fue eso, pensaban que yo, es decir, que tú, eras una especie de profeta, de elegido para alcanzar algo tan viejo como la historia, la vida eterna.
Al principio pensé que eran unos chalados.
Tardé tiempo en asimilar todo aquello, creía que me había vuelto loco.
Me intenté quitar la vida en más de una ocasión.
Hasta que al final me pregunté… ¿y si yo era realmente la persona que decían que era?
¿Y si lo que tenía ante mí era la posibilidad de lograr una nueva oportunidad, una nueva vida en otro lugar?
Todos mis esfuerzos por quitarme la vida habían fracasado, vosotros mismos fracasasteis también cuando lo intentasteis, todo cuadraba, yo tenía una misión muy importante que cumplir, una misión que, además, me daría una segunda oportunidad, una nueva vida para suplir la que me habíais robado…
—Rai hace una pausa para respirar. Tiene los retorcidos músculos de su garganta extenuados.
—¿Es eso lo que realmente buscas, Rai? ¿Una nueva oportunidad? ¿Una nueva vida? Me parece que no es necesario que nadie muera para que logres eso.