CAPÍTULO 76
MARTINA INTENTA ESCAPAR
Presente
Está atada a una silla. Las manos por detrás de la espalda.
Las piernas sujetas a las patas, a la altura de los tobillos.
Mira a un lado y a otro buscando la presencia de Evaristo, pero no lo encuentra por ningún lado.
Trata de soltarse las manos o los pies, pero le resulta imposible, aun así, forcejea como puede.
Un ruido la alerta de que la presencia del librero está cerca.
—Vaya, veo que ya te has despertado, dormilona.
Ya era hora. Mira, ¿ves este libro de aquí?
—dice Evaristo mostrándole a Martina un ejemplar del Libro de las Instrucciones —.
En este libro de aquí se encuentra la esencia de la Enseñanza Original, esa de la que parten todas las religiones del mundo.
Lo escribió nuestro Profeta, y podría resumirse como una mezcla entre algunos de los libros más antiguos y escondidos que pudimos reunir que ya hablaban de la Enseñanza Original, y lo que el Profeta vio y aprendió durante el tiempo que estuvo muerto.
Lo que supone este libro, lo que vivió Teo, es una prueba irrefutable de que podemos existir en más lugares, en más realidades, de que la muerte no tiene por qué ser el final.
También se indica el camino que se ha de seguir para llegar a la otra vida, a la vida eterna, y cuando la gente lo encuentre, lograremos trascender como especie, ese es el verdadero propósito de nuestro Profeta, cariño, su cometido. Empezar una nueva era.
Evaristo hace una pausa, que aprovecha para sacar un pequeño frasco del bolsillo de su chaqueta. Dentro hay un líquido blanco.
—No sé qué pretendéis hacer, pero estáis enfermos, y sea lo que sea lo que tenéis en mente os adelanto que no lo vais a lograr, que lo vamos a impedir —dice Martina tratando de poner nervioso a Evaristo.
—No serás tú quien lo impida, bonita, eso seguro.
En el Libro de las Instrucciones está escrito que también hace falta esto para poder llegar, es lo que durante muchos años se dijo que era algo así como el elixir de la vida eterna, la piedra filosofal —dice Evaristo acercando el frasquito con el líquido blanco a los ojos de Martina.
—Estáis completamente enfermos, y te juro que vais a pagar por todo esto.
Evaristo suelta un suspiro cansado, después mira el antiguo reloj de pulsera.
—No tengo tiempo para seguir hablando contigo, cariño, no esperaba que lo entendieses en tan poco tiempo, lo fácil es decir que estamos enfermos, lo complicado, como siempre ocurre en esta vida, es tener el valor para ver las cosas como son.
Me tengo que marchar ya, tengo una cita en el monte Caroche, pero antes te haré un regalo, te voy a dar la oportunidad de cruzar, porque creo que vales realmente la pena y es posible que de forma natural seas una persona virtuosa y estés preparada para hacerlo. Pero antes tienes que beberte esto.
Evaristo abre la botella con el líquido blanco y se acerca poco a poco a Martina, que empieza a cabecear a un lado y a otro y a gritar que se aleje de ella. Evaristo, que ya esperaba ese comportamiento, saca un pequeño cuchillo, parecido a un bisturí médico, y se lo pone en el cuello.
—Mira, o te bebes esto o te corto el cuello ahora mismo.
Tú decides. Te estoy dando la oportunidad de cruzar, de llegar a la otra vida.
Pero como te he dicho antes, tú decides.
Esta es la versión definitiva del elixir, la que todo el mundo va a tomar esta noche, hasta ahora todas las demás habían sido pruebas, y mira por dónde tú vas a ser la primera.
Martina, que ha empezado a hiperventilar, mira al anciano a los ojos.
Si se bebe lo que Evaristo le está ofreciendo, probablemente morirá, pero si no lo hace, morirá con total seguridad.
Con lágrimas en los ojos, abre los labios lo suficiente para que Evaristo pueda verter el contenido en el interior de su boca.
Cuando lo ha hecho, permanece junto a ella, todavía con el cuchillo en su garganta, a la espera de que trague. Pasados uno segundos, le dice:
—Buena chica —dice Evaristo mirando de nuevo el reloj de pulsera que lleva puesto—.
Ahora me tengo que marchar, te voy a dejar un ejemplar del Libro de las Instrucciones para que puedas leer algo antes de que empieces a verlo todo borroso.
Solo tienes unos minutos, aprovéchalos en lo que realmente importa, y no los pierdas intentando escapar, algo que te aseguro que no vas a lograr.
Evaristo corta las cuerdas con las que había atado a Martina, que rápidamente se pone en pie, pero inmediatamente cae al suelo de bruces.
No sabe bien lo que le pasa, solo que ya no tiene el control de su cuerpo.
Traga de gritar, pero la voz tampoco sale de su garganta.
En el suelo, junto a ella, puede ver el Libro de las Instrucciones .
En ese momento se pregunta, extrañamente, como quien se aferra a un clavo ardiente, si será capaz de abrirlo y empezar a leer con rapidez algunas de sus páginas.
Evaristo no es consciente de que, apenas unos minutos después de que cierre la librería dejando allí dentro a Martina, llegan allí dos policías.