CAPÍTULO 74
EL ELIXIR DE LA VIDA
Presente
—Inspector jefe, menos mal, ya creí que no me haría con usted.
—Cuéntame, Gerardo, ¿qué es lo que has descubierto?
—Bien, lo que le voy a contar es un poco rebuscado, pero tras seguir investigando acerca del veneno que encontramos en el interior de las chicas, vi que en todas ellas había unas cantidades similares de pirita, ácido tartárico, azufre, mercurio y también sal, todo ello aparte de la cicuta, claro.
Las sustancias de las que le acabo de hablar no son raras por sí solas, pero me llamó la atención verlas juntas en las cuatro chicas con unas proporciones similares.
Cuando empecé a buscar información acerca de la combinación de esos elementos encontré algo que me llamó muchísimo la atención.
—¿El qué?
—Los elementos que les he nombrado son los mismos que durante muchos años se ha dicho que eran la base de la famosa piedra filosofal de la alquimia, de su gran obra, el elixir de la vida, aunque en esta ocasión más bien podríamos llamarlo el elixir de la muerte.
—¿Quieres decir que las personas del Movimiento habrían estado tratando de elaborar el elixir de la vida eterna?
—Estoy casi convencido, inspector jefe, y no solo eso.
Buscando entre los posibles laboratorios que podrían haber estado adquiriendo esas materias, he encontrado uno que ha estado haciendo compras masivas durante el último año.
Es más que probable que ese laboratorio, o colabore, o forme parte del Movimiento.
Rai contiene la respiración durante unos segundos mientras la información que acaba de darle Gerardo se asienta en su interior.
—Gerardo, ese laboratorio del que hablas, ¿cuántos litros de ese presunto elixir podría haber elaborado?
—Es difícil de calcular, durante los procesos químicos se pierden cantidades muy grandes de materias primas como consecuencia de los diferentes cambios de estado, pero a bote pronto yo diría que podrían tener perfectamente entre cien y quinientos litros, puede que más.
Rai se toma unos segundos para asimilar toda la información.
—¿Y qué cantidad de ese veneno habría que ingerir para matar a una persona?
—Bueno, eso también es difícil de determinar sin tener la fórmula que estarían empleando, pero teniendo en cuenta los restos que encontramos en el cuerpo de las cuatro chicas de la discoteca Mya, yo diría que entre diez y quince mililitros podrían ser letales para el noventa y cinco por cien de la población.
Todo depende del peso de cada persona y su metabolismo, también de la cantidad de cicuta que le añadan.
Rai vuelve a tomarse unos segundos de tiempo.
Trata de hacer cálculos rápidos para estimar cuántas dosis de ese veneno podrían haber preparado.
Poniéndose en lo peor, es decir, que hubiesen elaborado unos quinientos litros de ese veneno y que solo hiciesen falta diez mililitros para matar a una persona, podrían tener más de tres mil dosis preparadas.
Una gota de sudor cae por la frente de Rai.
La situación y la perspectiva empeora segundo a segundo.
Y lo peor de todo es que, en medio de todo ese caos, su hija mayor sigue desaparecida.
—Gran trabajo, Gerardo, ¿cómo se llama el laboratorio del que estamos hablando?
—Familia Hernández y Pavía.
—Gracias, ¿algo más?
—No, eso es todo.
—De acuerdo, Gerardo, buen trabajo. Avísame si averiguas cualquier otra cosa.
—Por supuesto, inspector jefe.
En cuanto cuelga el teléfono, Rai vuelve a cerrar los ojos para buscar un momento de paz, de templanza para decidir a qué lugar de entre los cuatro que Jimena le ha señalado en el mapa debe ir.
En qué lugar va a ocurrir la gran desgracia.
Ya no hay tiempo para investigar con más profundidad al laboratorio del que le ha hablado Gerardo.
Son más de las seis de la tarde, y debe reunir la sabiduría necesaria para elegir bien, es el último reto.
No hay tiempo para ir de un lugar a otro, tiene que elegir uno.
Como un faro de luz en la oscuridad, recuerda el último mensaje que le ha enviado Santiago apenas un rato antes, donde le decía que había dos familias de terratenientes que habrían estado financiando el Movimiento y comprando tierras para ellos, a continuación, llama a Claudio para preguntarle expresamente si puede averiguar si esas dos familias han comprado tierras en los cuatro montes que él tiene seleccionados.
Claudio apenas tarda un par de minutos en darle una respuesta, de los cuatro montes que le acaba de nombrar, efectivamente, esas dos familias han comprado tierras en dos de ellos, el Alto de las Barracas, que es el pico más alto de la comunidad valenciana, y el pico Caroche, una cima bastante más discreta en cuanto a su altitud.
Rai le da las gracias al veterano policía y agradece internamente el gran trabajo de todo su equipo, después cuelga dispuesto a tomar la decisión más importante de su vida, debe elegir uno de esos dos montes, y no puede fallar.
El pico más alto de la comunidad valenciana tendría su atractivo porque puestos a escoger una cima para estar lo más alejado de la tierra, tal y como ha dicho Jimena, ¿por qué no elegir la más alta?
Pero, por otra parte, la infraestructura para llevar allí a tanta gente dificultaría la parte final del plan que parece tener el Profeta, no todo el mundo puede subir a esa cima, no es fácil.
La altura del Caroche es bastante inferior, desde ese punto de vista es más accesible, pero también tiene sus dificultades debido a que está en medio de un macizo, el macizo Caroche.
La presunta cima estaría justo en medio de una cadena montañosa con bastante frondosidad, lo cual también dificultaría el acceso a la misma, pero también es cierto que esa zona le recuerda vagamente a las Hoces del Cabriel, donde todo empezó.
Rai vuelve a cerrar los ojos tratando de encontrar una respuesta en su interior, sobre el asiento de copiloto descansa el objeto envuelto en tela de cáñamo que le ha dado Jimena y que todavía no ha abierto.
Abre los ojos de nuevo y se pregunta qué significa la palabra Caroche.
Haciendo una búsqueda rápida ve que dicha palabra no tiene un significado concreto, pero proviene del verbo carochar, que, dicho de un insecto, significa poner huevos.
Algo en su interior lo ve claro, eso es lo que el hombre tras la máscara, alguien quien ha mostrado tener un gran apego por los simbolismos, se dispone a hacer, poner los huevos de lo que él cree que será una nueva era. El monte Caroche es el lugar.
Antes de poner rumbo hasta allí, trayecto que le llevará casi dos horas, llama a Santiago y a Leonardo, pero ninguno de los dos le coge el teléfono, les escribe un mensaje contándoles lo que ha averiguado y a dónde se dirige.
También les da la orden de que, por si acaso, ellos vayan al otro pico, al Alto de las Barracas, no puede permitirse jugárselo todo a una carta.
También le envía un mensaje a su jefe diciéndole que en esos momentos no puede hablar, pero que, si quiere resolver ese caso, si quiere evitar que alguien más muera, empiece por enviar a los helicópteros que llevan horas sin encontrar nada a los dos montes donde el Movimiento tendría propiedades.
Antes de arrancar, vuelve a mirar el objeto que le ha dado Jimena.
Sin pensarlo más, y observando el temblor de sus propias manos, desenvuelve despacio el pedazo de tela de cáñamo que le ha dado Jimena.
El objeto que se esconde en su interior hace que por un momento se le hiele la sangre por completo.
Es un inhalador para el asma en cuya carcasa exterior, todavía pueden verse las muescas de la dentadura de un perro de gran tamaño.
Ese inhalador, es el inhalador que tanto usó cuando era pequeño, cuando su nombre era Teo.