CAPÍTULO 73 #2
Cuando esa mujer desaparece de su vista, aprovecha para mirar su teléfono móvil.
Ha recibido un nuevo mensaje de Gerardo Saavedra, el joven de la Científica.
Le dice que lo llame cuanto antes, que ha hecho una importante averiguación relacionada con el veneno que encontraron en el interior del cuerpo de las chicas que murieron en la discoteca Mya.
Antes de plantearse si llamar en ese preciso instante o esperar a salir de esa casa, aparece Jimena con una caja de madera un poco más grande que una caja de zapatos.
—Aquí guardo algunos recuerdos del Movimiento, hace tiempo que no la abro —dice Jimena con algo de tristeza. Nadie permanece ajeno al desvanecimiento de los sueños.
En su interior hay varios objetos. Unas piedras color ámbar.
Un colgante con un dragón enroscado. Un par de anillos color plata.
Algunas monedas de las antiguas pesetas.
También hay un viejo libro con las tapas muy desgastadas y las páginas amarilleadas.
Varias fotos que a Rai le recuerdan vagamente a las que encontró en casa de Raquel Campos.
Hay un objeto de pequeño tamaño que está envuelto en una basta y dura tela de cáñamo y que por alguna razón hace que a Rai se acelere el ritmo de su corazón.
Por último, también ve que hay una especie de póster que está plegado varias veces sobre sí mismo, ese es el objeto que Jimena coge tras unos cuantos segundos recreándose en el variado contenido que hay en el interior de la caja.
Lo despliega con cuidado y lo coloca en el suelo. En realidad, no es ningún póster, es un mapa topográfico de la comunidad valenciana representado en relieve. En él puede ver que hay varios puntos marcados en rojo.
—¿Qué señalan los puntos rojos? —pregunta Rai.
—Son lugares donde el Movimiento tenía propiedades o también donde anhelaba tenerlas.
El Profeta decía que era muy importante ubicarse en lugares altos y montañosos, lugares que estuvieran alejados de la civilización.
Esos lugares eran importantes para encontrar la paz, para prepararse para el día de la Gran Marcha, para estar cerca del Sol en el día de su renacimiento.
Eran lugares donde podían confluir mejor los cuatro elementos: el aire, el fuego, el agua y la tierra.
Rai trata de identificar los diferentes puntos que están en rojo. Hay bastantes. Entre quince o veinte.
—¿Se supone que podrían estar en alguno de estos lugares? Son muchísimos, no puedo empezar a buscarlos uno a uno.
Jimena, que adopta una expresión de concentración, coge aire antes de responder.
—Son muchos, pero no todos son igual de importantes. El Profeta tenía especial predilección por este, este, este y este, en ninguno de los cuatro tenía propiedades el Movimiento cuando yo estaba con ellos, pero es posible que ahora sí las tenga.
Rai mira los cuatro puntos que ha señalado Jimena. Son algunos de los picos más altos de la comunidad valencia. El Alto de las Barracas, Penyagolosa, el pico Caroche y Aitana. Para llegar a cualquiera de los cuatro picos le costaría no menos de dos horas. No puede errar el tiro.
—Si tuvieras que elegir uno de los cuatro, ¿cuál sería? —pregunta Rai mirando a Jimena a los ojos, quien vuelve a devolverle una mirada tierna, casi maternal.
—Me parece que esa decisión la va a tener que tomar usted, lo que me diga mi instinto no tiene por qué ser lo correcto, siento no poder ayudarlo más, a partir de aquí, creo que debe ser usted solo quien termine la última parte del camino.
Las palabras de Jimena resuenan de un modo especial en el interior de la cabeza de Rai, que asiente mientras se levanta.
—Muchas gracias, ha sido de gran ayuda. ¿Puedo saber por qué dejó el Movimiento?
Jimena adopta un rictus taciturno, sombrío.
—Cuando desapareció Diego, el Maestro, hará cosa de un año, cambiaron muchas cosas.
El Profeta se hizo dueño de todo y el Movimiento se tornó más rígido, se obsesionó con algunos ritos, incluyó el castigo físico, que hasta entonces jamás había existido…
no sé, ya no era lo mismo, y, además, lo cierto es que yo nunca estuve del todo segura de que él fuera realmente el elegido, que fuera quien nosotros decíamos que era.
—¿No? ¿Quieres decir que el Profeta es un farsante? —pregunta Rai con inquietud.
Jimena mira a Rai a los ojos, sosteniéndole la mirada.
—Quiero decir que el Profeta no es Teo Calatayud. Nada más. Vaya en busca de su hija, el día se acaba.
La ansiedad vuelve a apoderarse de Rai, esa mujer sabe mucho más de lo que dice. Antes de marcharse, ya con la puerta abierta, Jimena dice:
—Espere un momento, quiero darle algo.
La mujer de largos cabellos negros se pierde por el fondo del pasillo. No tarda ni veinte segundos en volver con algo en la mano.
—Tenga, creo que esto le pertenece —dice Jimena, nuevamente con esa sonrisa maternal.
Rai coge el pequeño objeto que, envuelto en la tela de cáñamo, le ha tendido Jimena. Es el mismo objeto que estaba en el interior de la caja de madera.
—¿Qué es?
Jimena se encoge de hombros.
—Supongo que un viejo recuerdo.
Rai le da las gracias y se marcha de allí sin desenvolver el pequeño objeto que le ha dado Jimena.
En cuanto entra ve que Gerardo Saavedra, el joven e inquieto policía de la Científica le ha vuelto a escribir.
«Inspector Jefe, ¿ha leído mi mensaje anterior?
Creo que lo que he descubierto es importante.
Llámeme cuanto antes, por favor». Rai llama a Gerardo de inmediato, que responde tras el primer tono.