CAPÍTULO 68
EL COCHE
Presente
De camino a Villagordo del Cabriel, Rai recibe una llamada de Miguel Ángel Ochoa, tiene dos cosas que contarle.
Una es que, buscando entre aquellos posibles eventos y noticias que han tenido lugar durante el último año y que podrían haber servido como desencadenante para lo que está haciendo esa persona, como hallazgo relevante han encontrado que, unos seis meses atrás, hubo un accidente en las inmediaciones del pantano de Contreras que acabó con un coche cayendo al interior del gran embalse que hay las inmediaciones de Villagordo del Cabriel.
La sorpresa fue que, cuando los equipos de rescate empezaron a escarbar un poco en el fondo del embalse para tratar de recuperar el coche que había caído, no solo encontraron ese coche, también encontraron otro coche más que, por lo que se vio, llevaba allí hundido más de treinta años.
Las alarmas se dispararon cuando vieron que, además, en su interior se encontraban los esqueletos de dos cuerpos que habían sido claramente asesinados.
No encontraron identificación alguna en ninguno de los dos cuerpos y la investigación que se llevó a cabo posteriormente fue muy discreta, no pudiéndose concretar la identidad de dichas personas.
A pesar de todo, los periódicos locales se hicieron eco de la noticia y fue publicada y difundida tímidamente.
Una de las preguntas que Rai le ha hecho a su jefe ha sido qué marca y modelo de coche era, a lo que Miguel Ángel ha respondido que un Talbot Horizon color amarillo, un viejo conocido de la época que, a Rai, aunque muy vagamente, le resulta peligrosamente familiar, y lo que es peor, es igual al coche de juguete amarillo que aparecía en el cuarto de los cubiletes que encontraron en la papelera de San Jorge.
Así que, ese viejo coche, en cuyo interior han encontrado dos cadáveres, es muy probable que tenga algo que ver con el desencadenante, con el por qué de todo.
La segunda de las cosas que tiene que le cuenta Miguel Ángel es que hay varios helicópteros sobrevolando las montañas de Valencia, pero de momento todavía no han encontrado nada, algo que era de esperar teniendo en cuenta la inmensidad del territorio que hay por explorar, aun así, tienen la orden de seguir buscando.
Cuando Rai aparca cerca del domicilio de Hugo Vilafranca, sin detenerse a pensarlo, coge el teléfono y pulsa el número de Ana, que responde casi al instante.
—¿Has podido leer algo del libro? —pregunta Rai sintiéndose de nuevo como el joven enamorado que un día fue.
—Sí, Rai, de eso iba a hablarte ahora.
Ana le hace un breve resumen a su marido de lo que ha leído.
Le cuenta que ese libro es como una especie de Biblia en la que, además de explicarse cómo se ha de vivir la vida y cuál es el fin de la misma, también se habla constantemente de la Gran Verdad que todo el mundo debe conocer, dicha Gran Verdad es que, efectivamente, hay una vida después de la muerte, y no solo eso, sino que el sentido de la existencia humana es llegar hasta esa otra vida siguiendo un camino basado en las cuatro virtudes cardinales y rechazando toda forma de vida fundada o cercana al consumismo y al capitalismo.
A continuación le cuenta que, además de seguir ese estilo de vida, para poder llegar hasta esa otra vida, también haría falta otra cosa más, lo que los alquimistas llamaban el elixir de la vida eterna.
Esa sustancia, unida al resto de creencias y la preparación necesaria a nivel espiritual, sería el cóctel necesario para poder trascender.
Tras unos segundos de dura reflexión, Rai pregunta:
—Ana, a tu juicio, ¿qué es lo que crees exactamente que va a pasar hoy?
—Que van a morir muchas personas, Rai. Que va a tener lugar un suicidio masivo, el suicidio masivo más grande que jamás se ha visto.
Rai traga saliva e intenta asimilar lo que acaba de escuchar, pero está muy lejos de ser capaz de algo semejante.
—Pero… lo que estás diciendo no tiene ningún sentido. Si esas personas solo quieren trascender y alcanzar la vida eterna, ¿para qué suicidarse?
—Porque para poder trascender, para poder llegar hasta esa otra vida, se ha abandonar la vida que conocemos.
No sé si lo habías oído alguna vez, pero uno de los principales lemas de la Alquimia dice exactamente eso, Solve et Coagula .
Disolver y coagular. Destruir para volver a construir algo mejor, algo eterno.
Dicho lema se repite como un mantra capital a lo largo de todo el libro, de igual forma que repiten constantemente algo a lo que se refieren como la Gran Marcha, de ahí, entre otras cosas, que considere que van a ser muchas las personas que pierdan la vida hoy si alguien no lo impide.
Rai siente cómo en su interior las emociones se golpean las unas con las otras.
—Rai, ¿sigues ahí? —pregunta Ana con una calma y una entereza de la que hacía bastante tiempo que no hacía gala.
—Sí, sigo aquí. Has hecho un gran análisis en tiempo récord, Ana, no sé por qué no te he dicho esto antes, pero eres la psicóloga más brillante que he tenido el placer de conocer.
Voy a tener que colgar, tengo que averiguar como sea quién es esa persona que está detrás de todo esto y dónde se esconde, no puedo permitir que ocurra lo que me acabas de contar.
—De acuerdo, Rai, ve con cuidado. Lidia y Valentina están intentando averiguar algo acerca de las personas con las que se relacionaba Esther a través de las redes sociales, te aviso con lo que sea.
—Vale, Ana, dales un fuerte abrazo de mi parte y diles que las quiero, luego hablamos.
En cuanto su mujer cuelga el teléfono, Rai cierra los ojos un par de segundos para centrar su mente. Todo se está complicando de una forma vertiginosa, de una forma catastrófica.
Sale del coche y se dirige al portal de la casa de Hugo, golpea el picaporte con fuerza.
Lo hace una, dos, tres veces, pero nadie responde.
El cielo se está cubriendo de nubes negras, muy pronto, la noche caerá sobre todos ellos sin piedad.
Nadie responde, pero sí se escucha un ruido que proviene del interior.
—¡Hugo! ¡Soy yo, Rai! ¡Abre! ¡Necesito hablar contigo ahora mismo!
Rai vuelve a golpear la puerta con fuerza y, sin pretenderlo, hace que el marco ceda y se entreabra. Sin tiempo a pedir permiso para entrar, la empuja un poco más y se adentra en el interior de esa vieja casa.
—¡Hugo! ¿Dónde estás?
Rai vuelve a escuchar un ruido que procede del interior de la casa.
Avanza con rapidez atravesando viejas estancias hasta llegar a lo que parece el extremo posterior de la casa.
Allí puede ver a Hugo tratando de abrir con urgencia una vieja puerta por la que se accede al exterior, la casa colinda con el inicio de una zona boscosa.
—Hugo, ¿se puede saber que estás haciendo? ¿Por qué huyes?
Al escuchar la voz tras de sí, Hugo deja de moverse y, antes de girarse, llena el tórax de aire.
—¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres de mí? —dice Hugo con pavor.
Rai extiende ambos brazos.
—¿A ti qué te parece? ¿Y se puede saber a qué viene ese miedo?
¿Por qué huyes de mí? Necesito que me cuentes todo cuanto sepas sobre el grupo de personas que vivió en los bosques que hay muy cerca de aquí, y no me vengas de nuevo con que no volviste a saber nada de ellos, eso no me lo creo.
Y empieza por decirme con exactitud dónde puedo encontrar a la tal Jimena que me nombraste la otra vez.
Hugo se queda mirando a Rai otra vez de un modo extraño, atemorizado, de un modo que a Rai no le gusta nada.
—La casa de Jimena puedes encontrarla siguiendo por el camino que lleva a la torre del Telégrafo, hay un desvío a unos tres o cuatro kilómetros de allí, cógelo, después tendrás que seguir un kilómetro más por una carretera bastante estrecha.
Llegará un momento en el que la carretera se corte y tendrás que seguir andando un rato.
Su casa es de color rojo, no tendrás problemas en encontrarla.
—Agradezco las indicaciones, amigo, pero creo que me será más fácil llegar si eres tú quien me acompañas.
Hugo niega con la cabeza.
—¿No?
—No.
—¿Por qué no?
—No pienso ir hasta allí contigo.
—¿Qué pasa? ¿De qué tienes miedo?
Hugo vuelve a negar con la cabeza.
—Mira, Hugo, sé que ha pasado mucho tiempo, los dos hemos seguido con nuestras vidas desde aquello, y yo ya no soy la persona que era.
No sé si te lo dije el otro día, pero tengo tres hijas, y la vida de una de ellas está en serio peligro ahora mismo.
Así que te aseguro que voy a hacer todo cuanto esté en mi mano por encontrarla.
Te lo volveré a preguntar. Lo primero, qué más sabes sobre esa gente, y lo segundo, llévame hasta la casa de la tal Jimena, por favor.
El pecho de Hugo sube y baja con nerviosismo. La persona que tiene delante, como acaba de decirle, no es la persona que era. No entiende nada, y eso es lo que le da miedo.
—El otro día no os conté toda la verdad, eso es cierto.
Tras lo que le había pasado a… Teo, yo seguí insistiendo en volver a ver a esas personas.
Necesitaba consuelo, entender cosas, y sí, efectivamente, esa gente, aunque en menor número, siguieron viviendo cerca de aquí, en lugares de difícil acceso.
Vivían al margen de la sociedad porque no querían que los encontrasen, según ellos estaban en posesión de un gran secreto, del secreto más grande de toda la humanidad, y no querían que nadie se lo arrebatara hasta que la sociedad estuviese preparada.
—¿Preparada para qué? —Rai da un paso adelante. Hugo se estremece.
—Preparada para conocer algo que ellos llamaban la Gran Verdad, preparada para la Enseñanza Original.
Rai avanza un poco más para acercarse a él, y Hugo, que parece que está viendo a un fantasma, trata de escapar, pero antes de que lo consiga, Rai lo alcanza y lo acerca hasta él por las solapas de la camisa.
—Joder, Hugo, ¿pero se puede saber qué coño estás haciendo y de qué tienes tanto miedo?
Hugo, que continúa mirando a Rai con pavor, dice:
—Tú… —dice Hugo a duras penas mirando a Rai a los ojos—. Tú no deberías estar aquí… tú deberías estar…muerto…
Al escuchar esa frase, sin ser consciente de ello, Rai afloja sus manos, y Hugo lo aprovecha para salir corriendo de allí despavorido.
En ese momento, y tras lo que acaba de escuchar, lo último que piensa el jefe de la UICAV es en seguir persiguiendo a ese chico, no tiene sentido seguir asustándolo más, porque en ese momento, lo cierto es que él es lo más parecido a un fantasma.
A un muerto viviente. Hugo lo ha descubierto.
Con un nudo en la garganta y la ansiedad volviendo a él con intensidad, sale de allí lleno de contrariedad, sale de allí dispuesto a encontrar la casa de Jimena, necesita que alguien le diga de una vez toda la verdad, necesita encontrarlos ya.