La Norma Número Diez CAPÍTULO 66 #2
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CAPÍTULO 66 #2

—Es muy probable que, si se cree una especie de ser destinado a encontrar y difundir la vida eterna, si se cree que está llamado a ser el Rebis, podría haber intentado primero convertirse a través de la cirugía en una especie de hermafrodita, y ante un posible fracaso, la operación podría haberse quedado en un cambio de sexo, así que él sería la mujer, y en este caso vuestro jefe, el hombre, y juntos formarían el Rebis.

Como digo, es solo una intuición que habría que reforzar con más pruebas o fundamentos, empezando el porqué de haber escogido a vuestro jefe.

Al principio habéis dicho que habíais estado investigando en Villagordo del Cabriel, el lugar de donde parece proceder esta persona, ¿fuisteis vosotros personalmente quienes lo hicisteis?

La pregunta de Catalina hace que tanto Santiago como Leonardo se miren mutuamente.

—No, fue nuestro jefe quien lo hizo, junto con una compañera que es psicóloga —dice Santiago frunciendo el ceño.

—Bueno, no quiero acusar a nadie de nada, y menos sin conocerlo, pero deberíais plantearos que a lo mejor vuestro jefe podría haber ocultado alguna que otra cosa acerca de su pasado que por alguna razón no quiere que se sepa, esa cosa, precisamente, podría ser el motivo por el cual lo han escogido para todo esto.

—¿Quieres decir que nuestro jefe sí sabe quién es la persona que está detrás de todo y por qué lo ha escogido y no ha dicho nada para protegerse a sí mismo acerca de algo de su pasado? —pregunta Santiago con cierto recelo.

—Yo no he dicho tal cosa, pero bueno, sí, algo así podría ser posible, así que, tras investigar las posibles cirugías demandando una especie de hermafroditismo que durante los últimos años podrían haber tenido lugar, yo añadiría indagar más profundamente en ese pueblo por alguien distinto a vuestro jefe, tal vez de esa forma haya algo más de suerte.

Santiago mira el reloj. El tiempo vuela. Es cerca de la una del mediodía. No tienen tiempo de investigar tantas cosas.

—¿Queda algún punto más en tu lista? —pregunta Leonardo mirando a Catalina.

—Alguno queda, sí. Pero iré al grano, que me parece que tenéis bastantes cosas que hacer para el poco tiempo que os queda.

Punto número cinco. Hay un momento en la vida de la mayoría de líderes espirituales que resulta clave para sus propósitos, que hace que experimenten una especie de catarsis o transformación interior que los empuja a convertirse en aquello que terminan siendo.

A veces es una especie de visión o experiencia sensorial que ellos identifican como que les ha hablado algún Dios.

Otras veces es fruto de una especie de trauma la que modifica radicalmente sus principios y su moral.

Así que, la persona que estáis buscando, estoy bastante convencida de que le pasó algo que podría englobarse en los ejemplos que os he contado.

Tanto Santiago como Leonardo asienten, pero ambos se preguntan cómo van a hacer semejante investigación con tan poco tiempo.

—Punto número seis. La historia del profesor de historia que me habéis contado, la de Diego Valbuena. Había oído hablar de ella.

—¿Cómo? ¿Y lo dices ahora? —pregunta Leonardo con reproche.

—Sí, lo digo ahora. ¿Qué pasa? Mi memoria ya no es la que era y me cuesta despertar.

Y calla de una vez, que me quiero ir a dormir otra vez.

Bien, como decía antes de que me interrumpieran, sí había oído hablar de la historia de Diego Valbuena y su centro de interpretación, el cual terminó incendiado en extrañas circunstancias.

Cuando me dedicaba a la investigación conocí dicha historia y traté de seguirle la pista.

Con Diego jamás pude hablar, de hecho, hasta donde yo pude saber, jamás se volvió a saber de él y a día de hoy nadie sabe si está vivo o está muerto.

Pero sí conseguí hablar con alguien que parecía conocer a esa sociedad de teósofos que se hacían llamar el Movimiento para la liberación del alma humana , aunque se les conocía solo por su nombre abreviado, el Movimiento , palabra a la que se hacer referencia en la última de las cartas que me habéis traído.

—¿Y ese alguien tiene nombre? —pregunta Leonardo, que es incapaz de permanecer callado.

—Sí, por supuesto, se llamaba Ramón Estrada, y murió poco después de que yo hablase con él.

Lo que me contó es que un poco antes del incendio se encontraron con un niño moribundo a quien su líder, Diego Valbuena, no dudó en señalar como el elegido a quien estaban esperando para una misión muy especial, una que cambiaría el curso de la humanidad.

Pero al parecer las cosas no salieron tal y como Diego había dicho que saldrían.

A ese niño, si no recuerdo mal, de nombre Teo, y a quien tuvieron cautivo unos cuantos días, se lo llevaron sus padres y lo ingresaron de inmediato al hospital.

Tras semanas en coma, despertó de forma milagrosa, algo que no hizo más que reforzar lo que Diego había predicho.

Los ánimos de la sociedad se fueron totalmente abajo cuando en el pueblo de Villagordo del Cabriel empezó a correr la triste noticia de que Teo, tras haber logrado sobrevivir de forma totalmente inusual a ese coma, acabó suicidándose, lo cual hizo que la sociedad se deshiciera, al menos eso fue lo que me contó la persona con la que pude hablar.

Como podéis imaginar, ya no seguí investigando sobre ellos, pero tras todo lo que me habéis contado, es bastante posible que dicha sociedad sobreviviera o que alguno de sus integrantes la mantuviese con vida hasta nuestros días.

Por otra parte, sí hay algo que también me contó, y eso nos conectaría con el punto siete, el último.

—¿Y ese punto es? —pregunta Leonardo relacionando datos con rapidez.

—Las fuentes de financiación. Toda organización necesita alguna fuente de financiación para costear sus gastos mínimos.

También me habéis hablado de que han comprado multitud de cámaras de video, y por lo que me habéis dicho, las personas que las compraron no es que tuviesen mucha solvencia económica.

Por otra parte, también decís que es posible que hayan estado imprimiendo a gran escala, y eso requiere del uso de maquinaria que no es barata.

Concluyendo, hay que averiguar el dinero del que se habrían nutrido, y la persona que me habló del Movimiento en su día me nombró a dos familias de terratenientes de la zona, los Aranda y los Castalla.

Yo no llegué a investigarlos, ni tampoco qué habrá sido de ellos, pero no estaría de intentar seguirla la pista.

Es posible que si el Movimiento sigue en pie, ellos también sigan detrás.

Bueno, creo que ya os he dicho suficiente, investigad las diferentes posibilidades de las que os ha hablado, a ver si hay suerte: las cirugías, el pasado de vuestro jefe y las familias de los Aranda y los Castalla.

—Muchas gracias por todo, Catalina, nos ha sido de gran ayuda, si se le ocurre algo más, por favor, llámenos de inmediato —dice Santiago dándole una tarjeta con su número y ofreciéndole su mano a modo de despedida.

—De nada —dice Catalina cogiendo la tarjeta de Santiago.

Santiago y Leonardo salen del domicilio de Catalina con sensaciones encontradas.

Por un lado, han conseguido información que podría ser muy valiosa, Catalina los ha orientado de forma magistral, pero, por otro lado, tienen la sensación de que hagan lo que hagan, no lo van a lograr, demasiadas cosas que investigar en muy poco tiempo.

Santiago llama a Rai para contarle todo lo que han averiguado, empezando por el nombre que podría tener la secta que están buscando y siguiendo por el plan de la persona que está detrás de todo para que él lo complete para constituir el Rebis, el elegido para culminar la Gran Obra y alcanzar la vida eterna.

Rai les agradece el gran trabajo y les pide que hablen con Claudio para coordinar la búsqueda de las posibles cirugías extremas y a ese par de familias que podrían haber estado ejerciendo de financiadores.

Por su parte, él les informa que se está dirigiendo a Villagordo del Cabriel para volver a investigar el posible origen de esa secta, algo que no hace más que reforzar sus sospechas y las de Catalina de que tal vez podría estar ocultando algo importante que lo implicaría directamente a él.

Cuando terminan de hablar, Santiago no puede evitar tener un mal presentimiento.

Uno que no hace más reforzar las dudas que la propia Catalina ha manifestado.

Ese mal presentimiento le dice que su jefe sabe más de lo que dice, que su jefe podría estar ocultando algo importante y que, en ese preciso momento, podría estar poniendo rumbo a borrar todo rastro de su pasado.