CAPÍTULO 56
TERCERA SESIÓN DE LOS INTERROGATORIOS
Seis días después del Solsticio de Invierno
Los dos primeros interrogatorios no fueron como la inspectora Bru esperaba.
Intentó llegar al interior de las personas, acercarse a ellas, pero el resultado no fue el que deseaba, los dos terminaron fuera de su control.
Se dice que es posible que no sea momento de profundizar en las emociones y en los sentimientos, los cuales todavía se encuentran a flor de piel.
Se dice que, tal vez, se ha equivocado en el tono y en el planteamiento de las preguntas, pero también que aun está a tiempo de rectificar.
Cuando hacen pasar a Jimena Sánchez, la inspectora Bru no la recibe con su habitual rictus afable, sino con una expresión cortante.
Según la información de la que dispone, esa mujer, al igual que Axel Ruiz, a quien interrogó el día de antes, formó parte del Movimiento desde su origen, aunque ella se marchó aproximadamente un año antes del desenlace final.
Tiene una melena morena excepcionalmente larga.
Su piel es tersa como la de una persona veinte años menor.
Su mirada transmite seguridad y paz. Tiene cincuenta y dos años, los mismos que Axel Ruiz, y según le han contado, los dos entraron juntos en el Movimiento.
—Buenos días, señora Sánchez, en primer lugar, he de preguntarle si tiene conocimiento de dónde podríamos encontrar a la persona que ha estado detrás de todo lo que ha pasado.
Jimena se atusa la cabellera morena contemplando a Elísabet desde la calma. Niega con la cabeza.
—Yo salí del Movimiento hará un año aproximadamente, desde entonces hasta ahora, no tengo conocimiento de nada de lo que haya podido ocurrir.
—¿Puedo saber por qué motivos salió después de tantos años?
—Por motivos personales.
—Hábleme de esos motivos, por favor.
—Lo siento, pero ya le he dicho que son motivos personales. Me marché, punto final.
—¿Es consciente de que lo que diga aquí hoy determinará lo que será de usted durante los próximos años?
—Sí, lo soy. Pero también que tengo derecho a hablarle de lo que pueda y considere, después usted haga lo que tenga que hacer. No se lo tome a mal, jovencita, pero creo que le iría mejor si dejase atrás eso que la está condicionando y que maniata su comportamiento.
Elísabet se sobrecoge un poco al escuchar lo que acaba de decirle Jimena. ¿Tanto se le nota que no está siendo ella misma? ¿Se está equivocando nuevamente en el tono? Su interior se revuelve y duda otra vez sobre sí misma y su capacitación.
—No se lo tome a mal usted tampoco, pero le iría mejor si evitase hacer juicios de valor acerca de mi persona. Soy inspectora de policía, no lo olvide. Hábleme del Movimiento.
Jimena sonríe antes de responder.
—¿Qué quiere saber del Movimiento?
—Usted formó parte desde el principio, así que he de suponer que conocería su verdadero trasfondo.
—¿A qué trasfondo se refiere?
—Al verdadero objetivo de la persona que estaba detrás de todo. La razón por la qué montó todo aquello.
Jimena vuelve a sonreír.
—Lo siento, pero no me está permitido hablar del Movimiento.
—Ah, ¿no? ¿Y quién no se lo permite?
—El acuerdo.
—¿Qué acuerdo?
—Cuando entras en el Movimiento te comprometes a cumplir con un acuerdo que contiene diez normas y tres anexos.
—Bien, hábleme de dichas normas.
—Lo siento, pero ya le he dicho que no me está permitido hablar del Movimiento, y eso incluye las normas del acuerdo.
Elísabet se está poniendo un poco nerviosa, y eso no es bueno.
—Señora Sánchez, ¿es usted realmente consciente de qué ha estado formando parte exactamente? ¿Es consciente de que ha estado siendo engañada durante más de treinta años?
Jimena Sánchez la mira con seriedad. Aunque no dice nada.
—¿Qué puede decirme acerca de un silbato cilíndrico?
—Nada.
—¿No? ¿En serio? Pero sí sabrá lo que significaba.
—Claro.
—¿Y no cree que eso lo cambiaba todo?
—No, en absoluto.
Elísabet hace una pausa para redirigir nuevamente sus preguntas, no está consiguiendo nada.
—Bien, usted verá lo que hace. Cambiando de tema, según he oído decir, el día del solsticio de invierno fue a verla un inspector jefe de la policía nacional para pedirle colaboración. Y según tengo entendido, le dio ciertas indicaciones.
Jimena sonríe y afirma con la cabeza.
—¿Puedo saber por qué a él sí le ayudó y a mí no?
—Porque él formaba parte de todo esto, él era especial, y usted no.
Elísabet se vuelve a inquietar internamente.
—¿Se refiere a que formaba parte del Movimiento?
—No, yo no he dicho eso. Lo que sí puedo decirle es que sabrá lo que tenga que saber a su debido tiempo y por las personas adecuadas, inspectora, pero no por mí ni tampoco ahora. Lo siento mucho, pero creo que no voy a contarle nada más.
—¿Puedo saber por qué?
—No me gusta lo que trasmite, usted no está en equilibrio, no está siendo quien realmente es, y eso hace que no me sienta cómoda.
El inspector jefe del que me ha hablado vino a verme con el corazón en la mano y sinceridad en la mirada.
A él lo empujaba una fuerza capaz de muchas cosas, capaz de lo imposible.
Usted, en cambio, solo está aquí porque le han dicho que esté, ¿me equivoco?
Elísabet Bru mira Jimena desde el agotamiento y la decepción. Lo cierto es que tiene parte de razón, queriendo ser mejor, ser distinta, no ha sido ella misma. A continuación, ve cómo Jimena se levanta de la silla.
—Haga el favor de volver a sentarse, todavía no hemos terminado —dice Elísabet con seriedad.
—Lo siento, inspectora, pero otra vez será. Solicito salir ya de esta sala, por favor —dice mirando a la inspectora Bru a los ojos.
La inspectora Bru trata de cambiar el tono de nuevo, de redirigirse para tratar de ser ella.
—Espere, por favor, tiene razón, no he sido exactamente como debía ser. ¿Podemos volver a empezar?
Jimena niega con una expresión maternal.
—No, no podemos, jovencita, inténtelo con otras personas, no pierda el tiempo conmigo, porque no le voy a decir nada más. Por favor, ¿puedo salir ya?
Tras esas palabras y unos segundos en los que intenta ver algo más en ella, Elísabet da la orden para que se la lleven.
Una vez a solas, se pregunta qué debe hacer ahora, cómo debe enfocar el nuevo interrogatorio.
Se pregunta si no debería empezar a interrogar a personas más jóvenes, más vulnerables quizá, ha intentado acercarse al origen de todo, pero ha fracasado.
Lo que sí tiene claro es que, a medida que avanza, todo se está volviendo más y más complicado.
Y el problema es que, mientras no encuentren a la persona que están buscando, no tendrá la certeza de que todo ha terminado.