La Norma Número Diez CAPÍTULO 55 #2
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CAPÍTULO 55 #2

—Lo complicado va a ser que, atendiendo a su discurso, a la forma que tienen de ver la vida, lo que proponen y ofrecen, y, al parecer, lo que prometen, el número de personas que potencialmente podrían haberse visto seducidas por esta secta, creo que podría ser increíblemente grande.

Vivimos en un mundo de mentira basado en la apariencia, el consumo, el egocentrismo.

Algo que, como seres sociales y con conciencia, está abocado al fracaso.

Y eso es lo que, aparte de vivir eternamente, parece prometer, vivir en una sociedad donde se puede y se permite ser la persona que realmente se lleva dentro.

¿A quién no le seduciría vivir en un mundo así?

Rai, que permanece en un atípico silencio, le da vueltas a lo último que ha dicho Martina, lo de que vivimos en un mundo de apariencia, mentira y egocentrismo.

No podría haber definido mejor lo que ha sido su vida durante los últimos treinta y cinco años.

Y no podría haber sido más aguda al decir que ese modelo, en un ser social y con conciencia, está abocado al fracaso.

Santiago se levanta de la silla con decisión. Para él ya se ha terminado el tiempo reservado para llorar la pérdida de una compañera. Ahora es tiempo de terminar de una vez por todas con ese macabro juego antes de que se demasiado tarde.

—Hay que encontrar como sea qué relación hay entre esa persona y tú, Rai, eso para empezar, y luego hay que poner todos los recursos que nos puedan dar para rastrear las redes, las calles, los grupos de autoayuda, de psicología grupal, incluso los de senderismo o inversión en bolsa.

Esa gente tiene una simbología y unas señas de identidad, ¿no?

El dragón enroscado, la creencia en las cuatro virtudes, en los cuatro elementos, en las ruedas infinitas alrededor de las cuales gira la vida, en la teosofía, en la vida eterna, en la alquimia y la búsqueda de la perfección, luego se ha referido también al final a un presunto Movimiento, ¿no?

Insisto en que tenemos suficientes elementos para dar con ellos —La intuición de Santiago le dice que están cerca, que solo hace falta doblar esfuerzos, reenfocar un poco el objetivo.

Martina y Leonardo se miran mutuamente buscando, sin darse cuenta, el uno en los ojos del otro, una respuesta.

—¿Y decís que en Villagordo del Cabriel no encontrasteis absolutamente nada?

—añade Santiago de nuevo, cuyo pensamiento intuitivo le dice que, si todo apunta hacia esa dirección, tanto el origen esa persona como el lugar donde acaba de morir su compañera Berta, es porque allí debe haber algo que hasta el momento no han sabido ver bien.

Rai abre la boca para decir algo, concretamente «ese algo».

Quizá la cuarto virtud, la prudencia, que habla de saber qué está bien y qué está mal, consista precisamente en eso, en que él sepa que lo correcto es que cuente de una vez la verdad, pero antes de que lo haga, y para seguir prorrogando su condena, Martina se le adelanta.

—Habría que seguir indagando un poco más, pero de momento sabemos lo que os hemos contado.

Efectivamente yo también pienso que la persona que buscamos es más que probable que tenga algo que ver con ese pueblo, pero hasta el momento no hemos sabido ver ni el qué ni el por qué, tampoco hay indicios de que ahora mismo pueda encontrarse cerca de allí.

Si forma parte de una secta cuyas creencias y simbología son muy particulares, todo dependerá de qué, a quién y dónde preguntemos, y es en esa parte donde creo que deberíamos centrarnos.

Por otra parte, coincido contigo en que  dicha secta puede que contenga en su nombre la palabra Movimiento.

La explicación de Martina convence parcialmente a Santiago, quien, no obstante, sigue teniendo ciertas reservas.

Precisamente porque ese instinto suyo le dice que, las miradas, gestos y expresiones que ha presenciado entre Rai y Martina durante el último par de días, le dicen que no todo es tan sencillo como la psicóloga acaba de explicar. Que en el fondo hay algo más.

Una nueva llamada del joven Gerardo Saavedra interrumpe las reflexiones de la UICAV. Rai no duda en descolgar.

—Dime, Gerardo.

—¿Recuerda lo que le conté de las micro cámaras que encontramos escondidas en el autobús?

—Sí.

—Pues me temo que también había algunas escondidas en la discoteca Mya, tanto en los baños como en las proximidades donde se inició el fuego.

—¿Y bien?

—Como le comenté, esas cámaras solo las venden en un par de tiendas de Valencia.

Podrían haberlas comprado fuera, por supuesto, pero había que revisar si alguien había adquirido en Valencia ese tipo de cámaras en los últimos meses.

Y he aquí donde me he encontrado con una sorpresa.

En el listado de personas que han comprado esas cámaras durante los últimos meses solo figuran dos personas, y Raquel Campos, la chica que rescató de los baños de la discoteca Mya, es una de ellas.

—Al grano, Gerardo, por favor.

Rai permanece en silencio durante un par de segundos, tratando de asimilar la información que acaba de escuchar.

—¿Quieres decir que la chica a la que rescaté compró las cámaras que encontramos en el autobús y en la propia discoteca Mya?

—Eso mismo.

—¿Y la otra persona que también las compró?

—Es un hombre que se llama Axel Ruiz. Tengo la dirección en la que está empadronado, si quiere ahora se la envío por mensaje.

—Por supuesto, Gerardo. Has hecho un gran trabajo. Muchas gracias.

—De nada, inspector jefe.

En cuanto Rai cuelga el teléfono ve cómo todo su equipo se ha levantado y permanece expectante ante la nueva información que les acaba de llegar.

—Creo que al fin tenemos algo de verdad.

Raquel Campos, la chica que rescaté del baño de la discoteca Mya y que me hizo entrega de la segunda carta, compró hace unos meses unas cuantas micro cámaras similares a las que se encontraron ocultas en el autobús escolar y en la propia discoteca.

Es bastante probable que esa chica no sea quien creíamos que era.

Las posibilidades de que nos acerque a la persona que está detrás de todo son muy altas.

También tenemos el nombre de otra persona que también compró esas cámaras, alguien llamado Axel Ruiz.

Hay que ir a hablar con los dos inmediatamente.

Si os parece empezaremos por ahí y entretanto seguiremos trabajando en averiguar todo lo que podamos de esa presunta secta y dónde se esconden.

Yo le pediré a Miguel Ángel que nos envíe a todos los refuerzos que pueda.

Rai decide que en esta ocasión él volverá con Martina, y Santiago volverá a ir con Leonardo, algo que no gusta ni al joven ni al ex policía de la seguridad presidencial.

Dado que ya es cerca de medianoche, dichas entrevistas se pospondrán para el día siguiente a primera hora de la mañana, mejor estar descansados y despejados que fatigados y con la energía y el estado de ánimo por los suelos.

Una vez fuera, ya en la calle, Rai sigue a Martina, que ha puesto rumbo a su coche, cuando no hay ningún compañero cerca, le dice:

—Martina, gracias por lo de antes.

—¿Por qué?

Rai coge aire y vuelve a sentir cómo su caja torácica se astilla sobre sus pulmones. Es como un barco que ha encallado y que se está hundiendo poco a poco.

—Creo que ha llegado el momento de que te cuente algo.

Martina se cruza de brazos y tuerce el cuello hacia un lado.

—Puedes contarme lo que quieras, ya lo sabes.

Rai no es consciente de que, para Martina, él es más que su jefe.

—Esto no es fácil para mí, pero creo que es importante que te cuente cómo murió ese niño, Teo.

—Si quieres podemos ir a mi casa, mejor eso que busques una triste habitación de hotel a estas horas.

Rai esboza una pequeña sonrisa ante la nueva insinuación de que lo han echado de casa, algo que es totalmente cierto.

—Me parece bien, nos vemos en tu casa.