CAPÍTULO 51
LOS SILOS
Presente
La noche ha sido muy larga en las oficinas de la UICAV, pero la mañana se está haciendo eterna.
El cansancio acumulado sumado a que al reloj de arena apenas le queda poco más de una hora para que se vacíe por completo, hacen que la tensión y el estrés se perciba como una soga al cuello.
Leonardo Castro les ha estado hablando de los principios de la alquimia, de su fuerte relación e importancia para la Teosofía.
De todo lo que simboliza y podría significar la frase que hay grabada en el reloj de arena: S olve et coagula .
Disolver y coagular. Destruir y construir.
Cada minuto que pasa está más convencido de que les espera algo aterrador.
—Yo lo veo claro, el fin último de esa persona es la destrucción.
Y creo que va a morir mucha gente si no lo impedimos.
Nos está intentando decir que la sociedad actual no funciona, que está abocada a la extinción y al fracaso, que transita por un camino equivocado, y que esto ya ha pasado infinitas veces en la historia.
El ciclo eterno de la vida. El dragón que se come a sí mismo para volver a nacer limpio y puro.
Quiere destruir el mundo en el que vivimos para empezar otra vez de cero.
Las civilizaciones, como los seres vivos, nacen, crecen, y mueren.
Para él nuestra civilización habría entrado de lleno en el proceso de degradación previo a la muerte y posterior regeneración.
Martina cabecea en signo de negación.
—No estoy completamente de acuerdo con lo que dices. No creo que ese sea su fin último.
—Ah, ¿no? ¿En qué me equivoco?
—Tienes parte de razón en muchas cosas, pero no creo que su objetivo sea la destrucción.
Es cierto que ya ha demostrado en varias ocasiones que no le importa poner muchas vidas en peligro, pero para mí lo que realmente persigue es la vida eterna.
No quiere destruir, quiere vivir eternamente.
De ahí la insistencia en la adquisición de las cuatro virtudes, imprescindible para que el alma o el espíritu pueda transformarse.
Y de ahí la relación con los cuatro elementos de la naturaleza y la alquimia, vitales para que ese proceso de transformación pueda tener lugar.
Quiere una transformación, pero eso no significa que necesariamente deba haber antes una destrucción.
—El solve et coagula es bastante claro al respecto.
—El solve et coagula puede significar muchas cosas, y la mayoría de ellas atienden a algo espiritual, no físico.
—Vale, me parece muy bien todo lo que estáis contando, pero ese reloj de arena nos dice que algo está a punto de pasar, y la vida de Berta y quién sabe la de cuántas más personas podrían estar en grave peligro —dice Rai cortando el interminable debate entre Martina y Leonardo—.
Así que, centrémonos en buscarle un sentido a los cuatro cubiletes y a lo que había bajo ellos, al lugar donde podría estar Berta, cómo encajan todos esos símbolos en todo esto.
Creedme, si alguien desea que todo esto termine cuanto antes, ese soy yo, pero no voy a permitir que pierda la vida alguien de nuestro equipo.
Así que lo primordial ahora es dar con ella, y salvarle la vida.
Rai observa cómo Martina lo evita con la mirada.
Desde el viaje a Villagordo del Cabriel, y debido a todo lo que él no ha querido contarle al resto del equipo con relación a su pasado, ella se siente un poco incómoda con él.
Martina es una persona a la que le cuesta fingir y mentir, por eso tiene tan pocos amigos.
Guardarle el secreto a Rai hasta que todo acabe, tal y como él le pidió por el bien de la investigación, no le está resultando nada fácil, a pesar de que, aunque nunca se lo haya confesado a él ni a nadie, sus sentimientos hacia su jefe traspasan lo profesional, y eso hace que, a veces, se comporte de una forma un tanto interesada.
Es el subinspector Santiago Bermejo, tras las palabras de Rai, quien apunta directamente hacia el objetivo principal que, en ese momento, es salvarle la vida a su compañera Berta Díaz.
—Se está ahogando en agua. Berta se está ahogando en estos momentos en un gran vaso de agua. Eso es lo que yo creo que está pasando —La observación de Santiago atrae la atención del resto del equipo.
—Explícate —dice Rai con interés.
—Desde un principio hemos tenido claro que el agua es un elemento que va a tener algo que ver en este reto, y luego están los cuatro cubiletes, creo que en realidad nos están indicando que es precisamente eso lo que tenemos que encontrar, cuatro grandes cubos que podrían contener a más personas, tal vez Berta se encuentre en el tercero, fue bajo el tercer cubilete donde encontramos su anillo —Santiago no está acostumbrado a realizar ese tipo de deducciones.
Así que siente algo de vergüenza por si ha dicho una estupidez.
—Demasiado fácil —dice Rai tras pensar unos segundos en los argumentos de Santiago.
—Los retos de la persona que buscamos son complicados, pero no imposibles, quiere que le sigamos el juego, por algo nos da pistas.
En realidad, tal y como ha repetido varias veces, quiere que superes los retos, no sin el debido esfuerzo y riesgo, por supuesto.
Pero quiere que llegues hasta el final. Mis impresiones son obvias, sí, pero son las únicas que tenemos en estos momentos —replica Santiago.
Los tres miembros de la unidad se quedan pensando en las palabras de Santiago y en que, en cierta manera, no le falta razón.
—Es posible que tengas razón, Rambo —dice Leonardo con su habitual soberbia—.
En multitud de pasajes alquímicos se simboliza el proceso de transmutación o transformación a través de cuatro urnas o matraces en cuyo interior hay agua mezclada con otro tipo de elementos.
Dichos matraces, bajo un fuego intenso, van mostrando a través de cada urna cómo la mezcla de los elementos da lugar al elemento final, al elemento perfecto o el elixir de la vida, como lo quieran llamar.
De ser así, puede que, además de estar ahogándose en agua, Berta también se esté empezando a cocer —La frialdad con la que habla Leonardo hace que el resto se estremezca un poco.
Martina, cuyo cerebro ha dejado momentáneamente a un lado todo lo relacionado con Rai y con su pasado en Villagordo del Cabriel, está empezando a conectar todos los nuevos datos que los miembros de la unidad están aportando.
Se dice que lo han tenido delante de sus ojos todo este tiempo y no han sabido verlo hasta que Santiago los ha puesto en el camino correcto. Pero ahora lo ve claro.
—Berta está encerrada en un silo destinado al almacenaje de trigo.
Y el silo se está llenando de agua. Debemos encontrar cuanto antes una formación de cuatro silos abandonados en las proximidades de la papelera de san Jorge, porque no solo Berta, mucha más gente se podría estar ahogando y cociendo a fuego lento, tal y como ha dicho Leonardo.
—¿Un silo para el almacenaje de trigo? ¿Y por qué en las proximidades de la papelera de san Jorge? ¿Por qué no a por ejemplo cuatro horas de aquí? —pregunta Rai.
—Santiago y Leonardo encontraron bajo uno de los cubiletes espigas de trigo, un cereal cuyo cultivo es muy común en la comunidad valencia, sobre todo es representativo de la comarca en la que se encuentra la papelera.
Ese cereal, además, tiene una simbología muy particular, para muchas culturas ha estado asociado a la muerte y a la resurrección, al ciclo sin fin de la vida y la muerte.
Luego está la carta número trece del tarot, ya sabéis, la muerte.
En ella aparece un esqueleto que sostiene una guadaña.
Dicha herramienta se utiliza para segar el cultivo como paso previo a recoger la cosecha, otro símbolo de la destrucción previa a la nueva construcción.
Por otra parte, dicha carta no simboliza en realidad la muerte física, sino el cambio, la transformación, justo lo que parece querer simbolizar con los cuatro cubos o procesos químicos de la alquimia.
Luego están el anillo de Berta y el cochecito de juguete amarillo.
El anillo entendemos que, como ha dicho Santiago, nos está diciendo que nuestra compañera está en el interior de uno de los silos, probablemente en el que ocupa la tercera posición en una presunta formación de cuatro.
El coche no tengo claro qué podría significar, se me ocurren muchas cosas, como por ejemplo que para llegar hasta los silos tenemos que hacer un trayecto en coche.
También es posible que, tal y como nos fue diciendo a través de la última carta que en la papelera de san Jorge encontraríamos una pista importante que seguir, el coche podría tener que ver con algo que vendrá después.
Todos se quedan pensando unos segundos en la teoría de Martina, que, uniéndose a los argumentos de Santiago y Leonardo, tienen mucha lógica.
Leonardo Castro inclina el cuello haciendo delante mirando a Martina en señal de admiración y apoyo a su teoría, algo que hace que ella se ruborice.
Santiago dirige su mirada hacia Rai a la espera de ver qué opina él.
El inspector jefe de la unidad coge aire con cierta dificultad, siente unas pequeñas punzadas en el pecho que hacía tiempo que no sentía, no debería pasar ni un día más sin tomar su medicación.
Después llama a Claudio, que se encuentra en su centro de operaciones.
—Claudio, ¿podrías hacer una búsqueda rápida de lo silos abandonados que puede haber en un radio de unos ochenta kilómetros a la redonda desde la papelera de san Jorge?
Claudio mira a Rai con las gafas de montura dorada descendiendo por el puente de su nariz.
—Por supuesto.
—Pues no hay tiempo que perder. Empieza ahora mismo, necesitamos salir ya.
Claudio asiente y, tras uno cuantos minutos de búsqueda, imprime un mapa en cuyo centro está la papelera de san Jorge y a su alrededor siete puntos marcados en rojo.
—Yo descartaría estos tres, creo que están demasiado cerca, podría haber sido muy arriesgado para él —dice Santiago indicando tres de los silos que Claudio ha señalado.
—Pue yo descartaría también estos dos. Demasiado lejos —dice Leonardo apuntando a los más alejados—. Si tuviese que elegir, me quedaría con los dos intermedios, están a poco menos de una hora de aquí.
Santiago afirma con la cabeza, Rai permanece en silencio sin decir nada, Martina, en cambio, frunce el ceño.
—Pue yo no estaría tan segura de descartar los dos más alejados.
—Ah ¿no? ¿Y eso por qué? —pregunta Leonardo con interés.
—Uno de lo más alejados está a una hora y cuarto de la papelera, tampoco es mucho, pero lo que le diferencia del resto es que está cerca de Villagordo del Cabriel —Martina evita mirar a Rai a los ojos para no tener que enfrentarse a su expresión.
—¿Y? ¿No habíais dicho que no habíais encontrado nada relevante allí? —pregunta de nuevo Leonardo.
Martina baja la mirada y tarda unos segundos en responder.
—Y no hemos encontrado nada, todavía. Yo sigo pensando que la persona que está detrás de todo tiene que estar relacionada de algún modo con las personas que formaron allí esa especie de secta hace treinta y tantos años.
—¿Te refiere a los seguidores de Diego Valbuena, del profesor de historia? —pregunta Santiago.
—Sí.
—Me parece bien —dice Rai para sorpresa de Martina, en cuyos ojos se refleja la esperanza de que su jefe no esté ocultando realmente nada malo ni relevante para la investigación—. De hecho, yo mismo iré hasta ese punto.
—Yo voy contigo —dice Martina.
—No, conmigo vendrá Santiago, tú harás pareja con Leonardo, creo hacéis un buen equipo —Ninguno de los cuatro entiende bien la decisión de Rai.
Por mucho que Martina y Leonardo hagan buena pareja en lo intelectual, para el trabajo de campo no son precisamente la mejor opción.
Ninguno de los dos son especialistas en intervenciones ni en misiones que requieran situaciones límite.
Lo lógico sería que Santiago y Rai se dividieran, pero todos están demasiado cansados para rebatirlo.
—De acuerdo, jefe, si te parece bien, Martina y yo iremos a este de aquí —dice Leonardo señalando uno de los dos puntos intermedios que él había propuesto.
—Me parece bien, llamaré a Miguel Ángel para que envíe patrullas de refuerzo al resto de destinos, no podemos descartar ninguno de ellos.
Todos salen de la oficina de inmediato. En menos de una hora el tiempo del reloj de arena se habrá terminado, la urna de abajo se habrá llenado y la de arriba vaciado.
Para cualquiera de los destinos a lo que van a ir, ya llegan tarde, pero para el que van a ir Rai y Santiago, para el de Villagordo del Cabriel, va a hacer falta correr mucho.