CAPÍTULO 47 #2
—Por supuesto que existieron. Fueron ellos los que recogieron a Teo del río y los que lo retuvieron.
Yo ya lo dije en su día, ¿no lo recuerdas?
Según dicen se fueron al poco de… bueno, ya sabes de qué.
Yo mismo fui al bosque de nuevo pasado un tiempo para ver si los volvía a ver, creo que tú ya te habías marchado.
Me habían causado bastante impresión. Su forma de vestir, de comportarse, era como si viviesen eternamente de campamento, como en un juego de convivencia, no sé, en cierta manera tenían su encanto y su misterio.
—¿Y los encontraste? —pregunta Rai con interés y dándole vueltas a eso de que «fueron ellos los que lo recogieron y lo retuvieron».
En ese momento piensa en su madre, y a pesar de que una parte de él siempre la ha venerado, hay otra que siente rabia por su empecinamiento en no querer nunca hablar de todo lo que pasó antes de que se marcharan de Villagordo, en querer enterrar y olvidar el pasado.
—No, qué va, allí solo estaban las cabañas en las que vivían. Y no todas, muchas de ellas habían sido quemadas, otras derribadas. Supongo que algunos se fueron a otra parte, a seguir con ese juego de convivencia, y otros dejaron atrás esa aventura y volvieron a sus casas.
—Perdón, Hugo, ¿qué has querido decir con eso de que fueron ellos los que lo recogieron y lo retuvieron, a qué te refieres? —pregunta Martina para sorpresa de Rai, que entrecierra los ojos con lentitud.
—Me refiero a que esas personas recogieron a Teo cuando cayó al río, los cuales lo retuvieron con ellos tres días, medio muerto, y después fue cuando yo conté lo que había pasado y fuimos a buscarlo varios vecinos del pueblo y lo llevamos de inmediato al hospital.
Fue todo muy extraño y muy traumático, al menos para mí.
A partir de entonces todo el mundo me empezó a señalar con el dedo como uno de los responsables de lo sucedido, y en cierta manera tenían razón.
Bueno, no solo a mí. También a José Ricardo, a Enrique Lavara y…
a ti, Rai, para quien además yo era un chivato de mierda y un cobarde.
¿No lo recuerdas? Creo que fue por eso por lo que os fuisteis del pueblo, ¿no?
Porque tu madre, tu padre y tú ya no podíais más, sobre todo tu madre, al menos eso es lo que se contaba.
Martina escucha con mucha intriga esa truculenta historia del pasado de su jefe que, además, parece esconder muchas más cosas de las que está contando Hugo. Espera con expectación la respuesta de Rai, alguien a quien cada vez parece conocer menos.
—Nos fuimos del pueblo por razones familiares y laborales.
A mi madre le llegó una oferta laboral muy buena que no pudo rechazar.
Llegamos a Villagordo del Cabriel por trabajo, y por trabajo nos fuimos.
Y en cuanto a eso que dices que te llamé cobarde o chivato, en fin, no sé si vale de mucho ahora, pero te pido disculpas.
Éramos solo unos niños y supongo que todo aquello nos vino un poco grande.
—Demasiado.
—Pero hay que pasar página y mirar hacia delante, como te he dicho antes, estamos en medio de una investigación muy importante que necesitamos resolver cuanto antes.
Hugo sonríe con ironía, como si no se creyese nada de lo que Rai le está contando.
—Lo siento, pero no tengo mucho más que decir aparte de lo que ya he dicho.
—¿Entonces no crees que todavía puedan seguir por aquí? —pregunta de nuevo Martina, para quien esa entrevista y ese asunto está creciendo en interés e importancia con cada nuevo dato que sale a la luz.
—¿Seguir por aquí? Lo dudo. Desconozco si se fueron a otra parte o simplemente disolvieron para siempre aquello que tenían. De todas formas, a lo mejor pueden hablar con alguien del pueblo que quizá tenga más información que yo.
—¿Cómo quién?
—Bueno, aquí todavía queda alguna persona que estuvo viviendo en esas cabañas antes de que se marcharan, o al menos eso creo. Que yo sepa nunca hablan de ese tema, ni siquiera sé si alguna vez lo han hecho.
—¿Nos podrías nombrar a alguien en concreto?
—Ahora mismo solo se me ocurre Jimena Sánchez, vive en una casa en medio del bosque, se la ve poco por el pueblo.
También están Axel Ruiz, Carmina, Rubén, pero ahora que lo pienso, todos se fueron.
A Valencia, Utiel, Requena, incluso a Madrid.
Villagordo del Cabriel es un pueblo que la gente joven no encuentra demasiado atractivo. Cada vez se van antes.
Rai se levanta del sofá y cruza una mirada con su compañera. Se han de marchar ya.
—De acuerdo, Hugo, no queremos robarte más tiempo, me ha alegrado mucho verte. ¿Hablamos cuando todo esto pase ? —dice Rai tendiéndole su mano derecha.
Hugo se queda mirándolo fijamente a los ojos y vuelve a contraer los párpados. Se esfuerza por percibir algo que no llega a entender.
—Claro. Cuando quieras. Aquí estaré.
Cuando salen de la casa de Hugo, la situación entre Martina y Rai se enrarece todavía más. Rai va delante, y Martina va detrás. Ninguno dice nada hasta que llegan al coche y Martina le hace una proposición a su jefe.
—Rai, he pensado que tal vez sería buena idea que yo me quedase en el pueblo para seguir haciendo preguntas.
Es posible que la tal Jimena que nos ha nombrado pueda decirnos algo.
Y a ti te necesitan en Valencia, no sabemos cuántas horas podrían quedarle a Berta y si podría haber más personas en peligro junto a ella. ¿Te parece bien?
Rai pasa su mano derecha por el lagrimal de sus ojos. Todo está ocurriendo muy deprisa.
—No, no me parece bien. Tú no eres inspectora, te recuerdo que eres psicóloga. Dentro de tus competencias no se encuentra hacer intervenciones de campo en solitario.
—No creo que hacer un par de entrevistas pueda considerarse hacer una intervención de campo.
—Perdona, pero eso lo decidiré yo. Ya tenemos a un efectivo en paradero desconocido y no me apetece que sean dos.
—Vale, Rai, como quieras. Pero te agradecería que si hay algo más, me lo contaras. Quiero que sepas que puedes confiar en mí plenamente.
—¿Algo más? ¿Como qué?
—Como por ejemplo que haya cosas que no quieres que sepa. Sea lo que sea lo que pasó con ese tal Teo, puedes contármelo, te prometo que no te juzgaré.
Rai baja la mirada.
—No es un tema del que me apetezca hablar, como ya has podido comprobar.
En el pasado ocurrió una desgracia, algo triste, pero ya terminó.
Y agradecería que no sacases el tema ni lo comentes con el resto de la unidad hasta que todo esto termine, no sé si estoy preparado para volver a hablar de ello.
—Claro, Rai. Solo una última cosa.
—Qué.
—La persona que está detrás de todo esto parece estar en deuda contigo por alguna razón, solo quiero que pienses si podría tener algo que ver con eso que le pasó a Teo.
—No, ya te lo he dicho, aquello terminó, y terminó en desgracia, para ser exactos, y no puede tener nada que ver con esto, estoy seguro.
—De acuerdo, pues volvamos a Valencia cuanto antes, hay que encontrar a Berta.